lunes, junio 27, 2005

Elegantemente aturdida

La escena es sencilla: 3 mujeres en la cocina preparando la cena, 1 botella de vino tinto abierta y varias más en lista de espera; buena plática, buena sazón, buena razón para festejar un cumpleaños espaxicano. La primera botella, la abierta, se terminó antes de que termináramos de preparar la cena, siguió una de blanco, la espera de los amigos, la plática, la risa, el cigarro.... Así la noche se nos fue, llegaron los que debían llegar, cenamos lo que debíamos cenar, tal vez en exceso, tal vez... y el vino siempre fluyendo entre las copas, entre las venas. A nadie le preocupó que fuera jueves, que habría que levantarse temprano y acudir a una conferencia el día de hoy. Cuando me levanté esta mañana el dinosaurio seguía aturdiendo mis precarios piensos matutinos, Lavinia despertó molesta y no paró de berrear hasta que nos subimos al carro para llevarla a la escuela... en un instinto de supervivencia bloquée el llanto que taladraba mis oídos, regresé a casa, tomé jugo de naranja, un sedalmerk, una taza de café caliente y cargadísimo y me vine al trabajo... ´son las 11:37 a.m. y mi demonio se está empezando a retirar. El meollo está en no perder el estilo, mantener la actitud, no pasa nada, no pasa absolutamente nada...

1 comentario:

Martha dijo...

De acuerdísimo cuando dices que "el meollo está en no perder el estilo"; pero cómo evitar esos malos ratos o hacer como que no existen. Como sabrás, vengo repitiéndome esa maldita frase: "no pasa nada", desde un fatídico 13 de febrero, y la neta no sirve. Las cosas pasan (¿cómo chingados no?), y de vivirlas es de lo que se compone la vida. Si las dejamos a un lado pretendiendo que no existen, ¿no es como negar la propia existencia? Por eso, he preferido morir de dolor viviendo a vivir como muerta. Ah, pero eso sí, siempre conservando el estilo, ja.