jueves, noviembre 20, 2008

En el filo de la puerta...

Realmente son dos puertas. Una que se cierra y otra que se abre. La que se cierra deja tras de sí la formación, los sueños niños, las risas y los llantos de adolescente, los descubrimientos, los primeros amores, la sangre nueva. La que se abre me ofrece aire fresco, renovado, opciones múltiples. Hace muchos años guardé en un cajón todos mis sueños. De vez en cuando desempolvo ese cajón, lo abro y saco alguno de esos sueños, lo contemplo... cada vez se hace más difícil volverlo a cerrar, pero hasta hace muy poco tiempo no había más opciones. Tenía que hacer que aquellas ilusiones volvieran a su estado de coma para seguir resolviendo la vida un día a la vez.

Ese cajón me acompañó el sábado pasado cuando cerré mi casa "absurdamente naranja" de José María Vigil. En la exitación por la mudanza, la tensión de ver cómo maltrataban mis muebles y el cansancio de todo el día de ir y venir, nunca dejé de pensar en qué pasará ahora que la caja cambia de casa y más que miedo, hay expectativas, muchas, muy altas.

La semana pasada fue fotográfica. Procuré captar los momentos más especiales de mi última semana en la casa naranja. Lavinia me sorprendió. El lunes me invitó a cenar en la terraza que da a la calle. Ahí estuvimos las dos, cenando, platicando, disfrutándonos en un espacio que a las dos nos sirvió para olvidar los berrinches, las frustraciones, los agobios. Contamos aviones de ida y vuelta y platicamos de niños guapos y posibles novios. El martes, jugamos con Brandy en el jardín. Lavinia corrió, gritó, rió con verdaderas ganas, disfrutando cada momento en lo que fue su última tarde de jardín. El miércoles llegó de visita una ardilla a la palmera que está en el jardín en dirección a la recámara de Lavinia. Estuvo cerca de dos horas comiendo coquitos de la palmera sin importarle los ruidos de la casa, la risa de Lavinia, gente entrando y saliendo de la recámara de Lavinia. El jueves Lavinia se metió a bañar en la tina del baño de sus nonos, con todas sus barbies menos Ken porque es niño y los niños no se bañan con las niñas... El viernes recogimos y guardamos en cajas la ropa, los juguetes, todo...

El sábado después de que cayó el sol sobre el horizonte, volví a recorrer mi casa, escuché por primera vez el eco de mis pasos sobre el mármol negro. Cerré las llaves de paso del gas y del agua. Lloré sentada en "mi escalón", me despedí. En algún punto de la sala desierta me esforcé por escuchar las risas de Mónica y mías cuando intentábamos copiar las coreografías de Flans o Timbiriche; en el recibidor, volví a verme sentada en la salita negra, viendo a mi papá cambiar el acetato, escuchando a Les Luthier's... Respiré profundo e intenté percibir el olor a canela hirviendo, a vainilla, al pastel de manzana que mi mamá preparaba cada que había algo que festejar o que llorar. Intenté recordar a mis abuelas, a mi tía Carmelina, a Gorky corriendo detrás del armadillo amarillo que alguna vez soñé... Al final no hubo más que decir "Gracias, casa, por todo y por tanto, por tenernos a salvo incluso de nosotros mismos; por abrazarnos, por resistirte a que nos fuéramos, gracias..."

Estoy al borde del paso siguiente. No puedo ir para atrás, la puerta está cerrada y ya no tengo llaves que la abran. Estoy en transit, todavía no me acostumbro a bajar escaleras en lugar de subirlas, el nuevo espacio es pequeñito, casi todo el tiempo estamos chocando... será cuestión de adaptarnos, de dejar de ser patosos y controlar los movimientos para no interferir con el otro... o quizá dejar de tenerle rollo al contacto físico y no fijarnos si chocamos o no chocamos, tomarlo como una caricia, como una llamada de atención a los demás.

A todos quienes compartieron conmigo o con mi familia un pedacito de la "casa absurdamente naranja", sepan que son una parte importante de quienes somos. Esta memoria en letras de mi casa es compartir con ustedes un poquito de lo que soy ahora y lo que estoy por ser.

miércoles, noviembre 05, 2008


This is not an Exit


Adolorido. No puedo describir de otra manera mi estado anímico. Cuando creo que ya no puedo ver nada peor en mi país: pum!, sucede. Después del avionazo de anoche, traigo varias dudas brincándome de los ojos al cerebro y de regreso:


1. ¿Se cayó o lo tumbaron?

2. Si fue un accidente, ¿Cómo la segunda persona más importante del gobierno de México es suceptible a accidentes aéreos?

3. Al estar a escaso kilómetro y medio de distancia de la Residencia Oficial, ¿no será una "llamada a la puerta" de quien habita esa casa?

4. ¿Quién está dirigiendo El Estado en este momento?

5. A Mouriño un minuto de silencio y funerales de honor, y ¿para México, qué?, ¿una hora de silencio?

6. y si fue un atentado ¿se reconocerá que el país está viviendo la peor crisis política y social de los últimos 80 años?


Me duele mucho mi país. Me duele no saber si es bueno que me duela en vez de sentir temor. Me duele el miedo. Me duele el sentirme personaje de Bret Easton-Ellis encontrando en cada puerta un letrero que dice: "Esta no es una salida". Me duele la certeza de que las cosas no mejorarán, tal vez al contrario... Me duele ver a un presidente-ratoncito empequeñecido por la tragedia y no al tigre lastimado que sale a desquitarse por la herida que le provocaron.


Mi tabla de salvación, como en otros casos: el cinismo. Me receto Nervocalm, una visita el próximo viernes al psicólogo, la mudanza y muchas pero muchas ganas de sentirme mejor... aunque sé que no será fácil...