jueves, mayo 24, 2007

Marcha de Zacatecas (la letra)

Con gran estupor descubro a los 34 años que la Marcha de Zacatecas (aquella que se escuchaba en la década de los 70's en las primarias estatales, después del recreo) tiene letra que fue escrita por Genaro Codina y Fernando Villalpando, y como no soy egoísta, ahí les va:

Prestos estad a combatir
oid llamar, suena el clarín
las armas pronto preparar
y la victoria disfrutad

Pestos estas suena el clarín
anuncia ya próxima lid
vibrando está su clamor
marchemos ya con valor

si a lidiar marchemos
que es hora ya de combatir
con fiero ardor, con gran valor
hasta vencer, hasta vencer
hasta morir (bis)

Como huracán que en su furur
las olas rompe de la mar
con rudo empuje y con vigor
sobre las huestes avanzad

No dentengais, no haya temor
pronto el ataque apresurad
guerra sin tregua al invasor
viva la patria y libertad
viva la libertad, viva
viva la libertad, viva
que viva si, viva.

Oh Patria mía
tu hermoso pabellón
siempre sabremos
llevarlos con honor (bis)

Prestos estad a combatir
Oid llamar suena el clarin
las armas pronto preparar
y la victoria disfrutad

Prestos estad suena el clarin
anuncia ya próxima lid.

Tan tan

jueves, mayo 17, 2007

Entrepiernas

Este texto fue publicado hace 2 años en este blog. Mayo me trae rinitis, efecto invernadero, calor insoportable, noches largas y sordas. Hace 3 años mayo me trajo un blog y es la mejor tabla de salvación, el mejor medio de comunicación, mi mejor expresión.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.
Octavio Paz.

Estás a mi lado. Siempre la cama es menos grande cuando vienes, siempre. Estás en mi cama y tu respiración a penas la perciben mis manos sobre tu pecho. Duermes tranquilo después de arrullarte en mis brazos. Si la noche decreciera lo mismo que tú cuando estás dentro de mi, cuánta luz funeraria ahorraría la luna, cuánto más viviríamos, cuánto. Juego con mis pies bajo la sábana, se está haciendo tarde y sé que en cualquier momento despertarás y te disculparás, como es tu costumbre, al ver la hora que es.

Estás a mi lado. Tus manos han abandonado mi cuerpo. Has encendido la luz y ahora garrapateas en tu cuaderno sensaciones que no leeré. Tu cama me recibe una vez más como tantas noches en que el trabajo y la inercia me trajeron a tocar a tu puerta, a meterme entre tus piernas, para probar la libertad negada del esclavo. Recorro tus colinas desérticas con la vista, como si realmente creyera que tantas letras sobre un cuaderno te impiden darte cuenta que te observo escribiendo lo antes escrito en mi piel.

Duermes y no te amo. Algo ha motivado que cambies de postura y ahora parece que me vieras. Me imagino observada y deseada por un hombre que a penas se conforma con despojos de mi tiempo y deseo. ¿Dónde estás?, tus sueños ¿dónde?, mi mente me obliga a callar, a no confesar el sentimiento que crece mientras tú te vuelves más pequeño e indefenso a mi lado. No puedes hacerme daño. Ya no. Los rencores y dolores que nos unieron y nos separaron han quedado olvidados en el último juego de sábanas que lavé. El agua ha purificado los sentidos y ha borrado cualquier rastro de sentimiento. Asì como el corazón ha aprendido a callarse, a no gritar; los motivos han aprendido a madurar pretextos para una cita que no concluye nunca, que invierte y degenera los primeros pasos en falsos testimonios de una rutina no adquirida.

Enciendes un cigarro y yo sigo tratando de aparentar el sueño del durmiente. Sé que escribes algo de este momento. Tu mano apresura al bolígrafo como si temieras que despertara e hiciera la pregunta inminente o que mi deseo, ese que me crece cuando crees que ya no hay más, despierte y vuelva la tormenta que nos une y separa en el momento en que surge el relámpago que nos deja ciegos y aturdidos para compartir un momento negado. Has abandonado la pluma por un segundo. Tu mano acaricia mi cabello dándome la ternura que me aterra cuando crees que estoy despierto.

No quiero despertarte. Sé que el tiempo apremia y que te irás nuevamente a buscar otra piel que no sea la que te trae de vez en cuando a esta cama que sabes que te extraña como cielo sin arco iris después de la última tormenta. Mientras, seguimos jugando al escondite: tú en tu sueño y yo en mi cuaderno; el único que sabe del amor negado y el sueño callado. El único que sabe que no hay mañana para un par de locos jugando al no-amor.

Podría moverme ahora. Fingir que me desperezo y observarte tirar cuaderno y pluma junto a la cama, pero no. Ahora me concentro en tu cara que expresa en ocasiones lo que escribes ¿por qué estás tan lejos?
Poco a poco, casi sin darnos cuenta vas creciendo en mí al compás de la soledad. Así, las cosas son menos duras, pues al sentirme sola voy de tu mano. Tú amante de ocasión, deseado y no-amado en todo momento. Tú.

Sigues escribiendo y mi brazo bajo el estómago se entume. Afuera la noche crece como mi espanto hacia ti. Antes me asustaban tus reclamos, tu exigencia de amor, ahora me aterra la indiferencia no fingida. Mírate con piel de sueño cuando te alcanza mi cuerpo y llegamos juntos al cansancio del deseo satisfecho. Mírame cada vez más cerca de pedirte/suplicarte las mismas palabras que hace años te vengo negando. La alumna superó al maestro y le pone las mismas trabas que hace mil siglos aprendí de la primera mujer que me dio de beber a la orilla del río y me obligó a esperar 7 años con sus lunas su entrega.

La soledad siempre es más cómoda que la compañía. Veo nuestro reflejo en el espejo: tú en tu sueño que no compartes, yo en mi cuaderno con las letras que no comparto. Quizá no sueñas, llegaste tan cansado de la oficina... Las sábanas cubren sólo lo necesario tu cuerpo y no podría definir si eres hombre o mujer, es como si a propósito te quedara un rescoldo de pudor después de tanto quemar esta cama que nos uno dos o tres veces al mes.

Estás a mi lado. Sé que estás despierto y respeto tu farsa. Hace un momento apenas creì que tendrìa que despertar y sé que no pasará mucho tiempo para que la luz se haga en tus ojos y que tendría que fingir un bostezo, un “es muy tarde ya” y así volver a encontrarme con la noche para que me dejes en esta oscuridad que me acompaña el tiempo necesario para notar que es luna nueva que va conmigo como la mujer nueva y conocida a la vez y me transforma que esperaignora y me vuelve diosabruja el momento en que toque a su puerta cada vez que regresas a meterte entre mis piernas

miércoles, mayo 16, 2007

Ajustando las tuercas

No señora, no se engañe. No se trata de que todo esté en su lugar, de que la ropa esté limpia, de que la casa brille. Tampoco piense que porque su hija duerme en casa y llega temprano es una buena muchacha. Ella también se enoja y patalea y llora, casi como su nieta, nomás que más encerradita, más en privado, pues... Se trata de aceptar que a veces se tienen malos días. Se trata de aceptar de que no hemos comenzado a tocar su sinfonía porque seguimos ensayando y después de cada ensayo usted nos recuerda lo desafinados que somos. Se trata de la paciencia, aunque en su familia esa palabra no exista. Se trata de hablar por lo derecho, con ganas, olvidando que hay rodeos que nos sirven como anestesia, nos atarantan, pero sigue doliendo.

No señora, no se engañe. Decir que yo no la quiero, que estorba, que mejor se va a un asilo, no es la solución. Usté mejor que nadie sabe cuánto y cómo la admiro, la respeto, la amo. No me venga ahora con que nada le sale bien. Cuando ha sido durante años nuestra más ferviente evaluadora.

Nos falta una chispa, señora. Nos falta darnos cuenta de que estamos bien. Nos falta dejar de pensar en la opinión de los demás. Volver a ser auténticos. Apartarnos, si es necesario del ruido que la aturde, de las voces que la censuran (que me censuran), de las miradas que nos reprueban. Volver a encontrarnos, señora. Conocernos: cómo le va, Georgina Torres, tanto gusto. Y aceptar, aceptar que aunque seamos dos veredas, estamos tan cerca que podría ser una sola, tal vez ya sea un camino rural en el que las dos vamos caminando. Y le advierto, en mi camino hay piedras, unas grandes otras más pequeñas, pero no pienso volver a meter una sola a mi mochila. Las piedras, señora, son para dejarlas en el camino, incluso pudiera darme a la tarea de apartarlas para que la que viene detrás de mi no se tropiece tanto, no se lastime tanto... pero ese será su trayecto y no el mío. A usted y a mí nos toca ir juntas, y ¿qué le vamos a hacer?

Sonría, señora. Tiene muchos motivos para ser feliz y me preocupa, de verdad, el verla tan preocupada por unas cuentas de plástico, por un collarcito viejo, por una respuesta amarga.
Usted hizo las cosas bien con su hija, señora. Nomás que hay gente necia en este mundo que se empeña en equivocarse, así que se la pasa cayéndose, levantándose, cayéndose, tropezándose, levantándose... y al final, de eso se trata la vida, no?

No se me agobie más, señora. Usted disfrute su tiempo, que ahora lo tiene a mares. Disfrute de su casa, de su jardín, de su nieta, de su marido. Le propongo que el tiempo que le quede libre lo dedique a reírse a carcajada abierta, a leer las novelas que tanto le gustan, a escuchar la música que tanto la mueve y por qué no, a bailar... Ya no piense en lo que estemos haciendo bien o mal, en lo que estemos moviendo, en lo que puedan pensar de nosotros. Ríase y ríase mucho. Ríase de la vida, de usted misma, ríase de su hija, de su nieta, de su esposo. Ríase con ganas, con esa risa hermosa, como sólo usted sabe hacerlo. Pero ríase ya, señora.

martes, mayo 15, 2007

Suspendida

Dejar de esperar.
saber que no pasará
nada que no sea provocado.

Dejar de esperar por ti
para hacer
para ser en mi.

Dejar el sillón / la silla
dejar el confort / la güeva

Y
s a l t a r

“quiero que bailes y no pares
No pares de saltar”

Me decido
respiro
sufro el minuto
intuyo el segundo
el instante previo

mis pies se despegan del suelo
cierro los ojos
alzo mis manos por encima
de mi cabeza

y asi
quedo
Sus
pen
di
da
entre la nostalgia de la espera
y el primer paso
a lo otro

¿quién se robó mi miedo?

nota: alguien tuvo a bien tomarme de la mano antes de caer. Sigo inmóvil, pero arriba. La eternidad pudiera ser acaso un montón de segundos apilados.

lunes, mayo 14, 2007

Los pasos del tetrapodo...

Soy un tetrapodo canival. La primavera me viene mal porque se me inflaman los cornetes de la nariz y ando sin poder respirar y aunque me acueste con sueño, no duermpo por culpa de mi nariz.

Soy un tetrapodo canival exiliado. Hace mucho dejé la hierba verde, los cielos azules, la humedad de la tierra; había que "evolucionar" y caminando, a veces arrastrándome, llegué hasta el asfalto.

Soy un tetrapodo canival, exiliado, hembra. Al menos eso dicen porque parí hace unos años a la cría. Los tetrapodos somos unigénitos. No existe el sentimiento de fraternidad. No hay hermandad posible. Todos somos uno y somos mezquinos... en ratos.

Soy un tetrapodo canival, exiliado, hembra, enojado. Enojos que se contienen entre las costillas y los pulmones (aunque el oncólogo diga que eso puede derivar en cáncer). Los tetrapodos hemos aprendido a callar; a tragarnos todo, por eso caminamos lento, por eso caemos mal, por eso somos incómodos a los demás.

Soy un tetrapodo canival, exiliado, hembra, enojado, terrible. No he aprendido a quedarme quietecito. Mi cerebro que no es mayor a la uña del dedo gordo del último hombre que me almorcé, siempre está buscando qué nuevo terror inventarse, qué nueva idea dará vueltas en mi cabeza, qué nuevo demonio soltará (los tetrapodos canívales tenemos la facultad de expirar demonios), para acechar a los inocentes, a los culpables...

Soy un tetrapodo canival, exiliado, hembra, enojado, terrible, que espera... Eso me lo dijo mi psicólogo. Había creído que siempre estaba en movimiento, que mi mente no tenía descanso, que mi alma siempre estaba buscando alimento en otras almas... qué equivocada estaba, soy un tetrapodo canival que espera que pase algo, que no provoca, que no tiene iniciativa, que no salta a ninguna parte.

Soy un tetrapodo canival, exiliado, hembra, enojado, terrible que espera y ríe. A veces con ganas, otras más forzadas, pero me sigo riendo, me río del que me puso el nombre, del que me hizo unigénito, del que me demostró que soy tan canival como el mismo hombre, del que hizo que saliera de mi lodito, del que me hizo conocerme hembra... me río del enojo, del llanto, de la terrible espera en la que estoy, según me dijo el psicólogo del que también me río.

Soy un tetrapodo canival, exiliado, hembra, enojado, terrible, que espera, ríe y está loco. Porque no puedo regresar el tiempo, porque me río y me enojo y lloro y pienso y siento y me río y me enojo y lloro y pienso y siento y me río y siento y me enojo y pienso...

viernes, mayo 04, 2007

Obituario

Descanse en Paz, Dra. Carmen Castañeda.

Hace un cuarto de siglo, Carmen Castañeda formó parte de la comisión que dio origen a El Colegio de Jalisco, institución de la que fue investigadora fundadora e impulsó aquí la difusión académica con la revista "Encuentro", título que surgió de un cónclave que organizó en 1981, logrando reunir a ochenta investigadores nacionales y extranjeros interesados en el Occidente de México.

Nacida en Guadalajara, se formó inicialmente en la Escuela Normal de Jalisco, para optar más adelante por la carrera de historia, primero cursando la maestría en la Universidad de Guadalajara y después el doctorado en el Centro de Estudios Históricos en El Colegio de México.

Ferviente impulsora de la nueva historiografía que se empezó a desarrollar a principios de los ochenta, Carmen Castañeda escribió en aquella época obras como "La educación en Guadalajara durante la Colonia" (1984) y "Violación, estupro y sexualidad en la Nueva Galicia" (1989).

Otras de sus publicaciones son "Historia social de la Universidad de Guadalajara" (1995), "Joyas bibliográficas de la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco" (1997, reeditado en 2005) y "Libros en la historia de México" (2005).

Su último cargo fue como investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) Occidente.