La película me encantó, pero también me transportó. En 1998 estuve en París, pero mi verdadero viaje, en todos los sentidos, fue en Alemania. Allá conocí a Karsten Essen, estudiante entonces de Filología Inglesa y ahora Doctor en Filología, nuestras veladas transcurrieron entre Wagner, Keats, Paz, Wilde the wild, besos y vino tinto. Creo que a pesar de los años y del poco tiempo que compartimos en Mainz; todavía cuando despierto en la madrugada y escucho algún tren lejano, me remite, invariablemente, a aquel departamentito de la calle Richard Schirrmann, en donde tantas madrugadas el ruido del tren acompañó nuestras pláticas, nuestros sueños tan distintos y al mismo tiempo tan iguales.
Aquí va la reminiscencia más fiel, échenle un ojo y ya me dirán si tengo o no tengo razón de andar flipando por algo que pasó hace tanto tiempo.


1 comentario:
No te claves. Es la copia fiel. Qué barbaro, jajjaja.
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