miércoles, marzo 21, 2007

Huelo, luego existo...


Tengo memoria olfativa. Mi nariz me delata, me deleita o me mata, según se de el caso. Mi primer recuerdo olfativo lo registro un poco tarde, tal vez a los 15 o 16 años, que mi papá se fue a vivir un tiempo a Puerto Vallarta. Lo extrañaba tanto que cerraba los ojos durante largo rato para ver si traía algo de él hasta mi. Finalmente lo conseguí y más que traer el sonido de su voz o su rostro, traje el olor de sus manos. Las manos de mi papá siempre han olido a tabaco con loción. Descubrí entonces que podía remitirme al olfato más que a la vista o el oído. Aunque también fui buena con la escuchadera, a los 5 años comencé a tocar los teclados y no paré hasta que tuvimos que vender el Hammond por falta de recursos económicos, esto fue como a los 18 años, más o menos. Pero estamos en los olores y no quiero divagar demasiado. Después de la experiencia olfativa del caso "padre ausente", empecé a clasificar los olores: mi mamá huele a vainilla con flores. Mi hermana siempre ha comprado perfumes frescos y la neta no me he clavado mucho en olerla a ella.


Mi hija huele a bebé... tal vez no huela ya a eso, de hecho a veces huele a perrito remojado, sobre todo si va a la granja y se la pasa corriendo y jugando todo el día... pero en general si hay olor a talquito, a suavecito, siempre es la princesa de los rizos furiosos la que aparece en mi mente.


Mi experiencia olfativa me ha llevado a fijarme en las reacciones de los demás en cuanto a mi olor. Durante mucho tiempo usé un perfumito chafa, de la marca avón, que me divertía usar porque Mario (mi eterno ex, de exes) decía que olía a chicle motitas. Cuando terminamos Mario y yo, decidí no volver a usarlo y crecer. Entonces llegó el CK1, me gustaba porque no era cien por ciento femenino, ni masculino. Me gustaba por fresco, por unisex (whatever that means) y me identificaba con esa fragancia, todavía sin saber que en algún momento mi vida tomaría cierto parecido a ese perfume: femenino en casi todo, pero con sus dósis de realidad masculina. Luego llegó Emporio de Armani, un poco más femenino, pero matices dulzones... un día descubrí que no me gustaban los olores dulces en los perfumes... pero la neta no fue eso, sino que siempre he sido más bien rebeldilla en relación a la figura materna; así que todo lo que me remitiera olfativamente a mi madre, estaba prácticamente vedado para mi.


Hasta un día en que descubrí que no tenía perfume y la única opción que tenía era usar el de mi madre. Opium. Me lo puse temerosa de que alguien me dijera "hueles a mamá", sobre todo porque era viernes en la noche y me iba de antro por ahí con las amigas. La revelación fue casi increíble. La Geo, la que en el deporte del ligue siempre se quedaba en el último lugar, aquella noche se ligó a dos tipejos que le dijeron (en diferentes momentos de la noche, o sea, cada uno en su turno) "qué rico hueles". No mames, yo iba "oliendo a mamá", sabía que olía a mamá y resultó que fue el perfume que mejor me funcionó para andar levantando muchachitos...


¿es posible que en los hombres haya un referente olfativo para llegarles a las mujeres? Cambié de perfume. Llegué al Dune, una fragancia dulce pero no tanto, fuerte, soy pésima para la descripción de los perfumes, pero el caso es que Christian Dios hizo de las suyas y se plantó como mi nuevo gurú en perfumes. Y no ha habido amigo, detalle o ligue que cada que me lo pongo haga referencia a ese perfume. Y el Dune, también huele a mamá. ¿El mito de Edipo aplica en este sentido?, ¿la referencia olfativa a la madre, es una referencia para el ligue?, ¿si huele a mamá es atractiva?


También los lugares tienen sus olores y los tengo bien clasificados. Vallarta huele a podrido, a brea, a alcohol procesado. Arenal huele a tierra. La granja huele a moho, a aguacate podrido, a guayaba pisada. Mi casa huele a canela, a vainilla, a mamá. El centro de Guadalajara huele a humo y a estiercol de paloma. Cinépolis centro magno y los cines de acueducto huelen a patas. Plaza Patria huele a donitas y a palomitas. La gran plaza huele a aire acondicionado. Guanajuato huele a tierra. Mi cama huele a mi.


Huelo, olfateo, olisqueo, mastico los olores, los vomito o me los trago, me deleitan o me asquean, me asustan, me confortan, mi nariz es mi brújula, mi puerto de mando, mi aliada y mi peor enemiga. Mi sentido del olfato me sabotea o me salva. Y he dejado de entrar a algún lugar, de abrazar a alguien, de sentir a alguien porque no me gusta su olor. Y he amado algunos sitios, me he enamorado profundamente y he experimentado las mejores sensaciones, también a partir de mi olfato; ergo: Huelo, luego existo...

3 comentarios:

Simiesca dijo...

Ay sani soy un poco como tú. Cuando mi rinitis me permite oler (acabo de poner un post que coincidencia) también tengo memoria olfativa, pero hay algo que evito que me da un tanto de pena. No soporto oler a alguien que pasa caminando junto a mi, sin siqiuera saber si huele bien o mal. Simple: veo venir un desconocido hacia mi, justo cuando pasa junto a mi retengo la respiración y la suelto hasta que se va tras de él ese ligero aire que lleva por cauda. No puedo evitarlo. No sé a qué huelen los desconocidos.

El Macaco dijo...

¿¿cómo que vendio un Hammooooond??
primero se vende un riñon que un Hammond.

Geo dijo...

aaaah qué chido, sani!!!! nunca se me hubiera ocurrido hacer nada como eso, salvo cuando me topo con cierto personaje en mitad del colegio, jeje.

Jaco, si, yo sé que es un sacrilegio vender un Hammond, de hecho lo sigo llorando y lo lloraré por el resto de mi vida. Mi luto ha sido no volver a tocar un teclado, cómo podría hacerlo si no es en mi hammond maravilloso?... pero el hambre apretaba y los cobradores eran insaciables...

Gracias a los dos por estar aquí.