jueves, enero 05, 2006

Rescatando a Elizabet Barret Browning

Für Karsten Essen, der Rhine Knight, mit Liebe.

En el 98 visité Alemania. Fue un viaje realmente alucinante, conocí un poco de todo o quizá llegué a conocer más de Alemania que muchos alemanes. Varios amigos de allá llegaron a reconocer que había recorrido, en tres meses, más kilómetros dentro de su país, de lo que ellos pudieron haber viajado en Alemania durante los últimos 10 años. Pero lo que realmente me traje conmigo, fue a las personas que conocí, uno de ellos, con quien llegué a compartir un poco más que la mesa, el vino y la plática; me regaló un libro de poemas de Elizabeth Barret Browning, (Inglaterra, 1806), el libro estaba en inglés y se llamaba "Sonnets from the Portuguese", hoy lo rescaté de mi librero y tuvo casi el mismo efecto que si hubiera rescatado una fotografía de aquel viaje, de golpe me trajo la risa, las conversaciones en voz baja sobre Octavio Paz, Walt Whitman y John Keats, los silencios que nos hacían cómplices ante el azul mortuorio con que nos cobijaba la luna y el ruido del tren de las 5 de la mañana pasando a unos metros de aquel departamentito de la calle Schrimann, en donde pasamos largas horas escuchando "Das Reihn Gold" de Richard Wagner, o aquel disco triste triste de canciones de amor de Strauss, tan tristes como la mirada de aquellos ojos verdes que me despidieron en la Haupbahnhopf de Mainz y me entregaron el librito para que lo leyera en el avión de regreso a México.

Y esto fue lo que leí de regreso a la realidad pero que me mantuvo en el viaje durante más tiempo de lo que pude llegar a pensar:

V

I lift my heavy heart up solemnly,
As once Electra her sepulchral urn,
And, looking in thine eyes, I overturn
The ashes at thy feet. Behold and see
What a great heap of grief lay hid in me,
And how the red wild sparkles dimly burn
Through the ashen greyness. If thy foot in scorn
Could tread them out to darkness utterly,
It might be well perhaps. But if instead
Thou wait beside me for the wind to blow
The grey dust up,...those laurels on thine head,
O my Belovèd, will not shield thee so,
That none of all the fires shall scorch and shred
The hair beneath. Stand farther off then! go.


VI

Go from me. Yet I feel that I shall stand
Henceforth in thy shadow. Nevermore
Alone upon the threshold of my door
Of individual life, I shall command
The uses of my soul, nor lift my hand
Serenely in the sunshine as before,
Without the sense of that which I forbore--
Thy touch upon the palm. The widest land
Doom takes to part us, leaves thy heart in mine
With pulses that beat double. What I do
And what I dream include thee, as the wine
Must taste of its own grapes. And when I sue
God for myself, He hears that name of thine,
And sees within my eyes the tears of two.

La vida de esta mujer fue un tanto trágica, tal vez se pueda percibir algo de esa angustia en sus poemas, fue traductora y se pasó más de 10 años en una cama debido a problemas en su columna y pulmones. Robert Browning se enamoró de sus escritos --curiosamente conozco a varios que se han enamorado de cómo escriben sus actuales mujeres-- y comenzó a escribirle elogiando sus poemas, en 1846, la pareja huyó a Florencia y Elizabeth recobró la salud. En 1850, se publicaron los Sonetos para el Portugués, dedicados a su marido, escritos en secreto durante su noviazgo. Fue una luchadora por la libertad intelectual de las mujeres y apoyó la unificación de Italia. Murió en Florencia en 1860.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Yo voy a pasar un tiempo largo en la cama por que soy muy vago, aragan, etc.

Consejo: Nunca enamorarse de los escritos. Nada como una persona viva. Palabras son escritas mas la piel es lo mas profundo.ups!!