lunes, octubre 03, 2005

Asquerosamente Femenina


Despertarse una mañana con la inminente sensación de ser más insoportable que de costumbre. Seguir la rutina con la pesadez habitual de quien se levanta o se tiene que levantar a las 6:30 a.m. para "estar a tiempo". Luego, mientras el café va cayendo gota a gota sobre la jarra de la cafetera humeante y el agua se calienta más acá, cerca de mi cuerpo, cerca de mis manos que me indicarán el momento preciso para entrar en la regadera; caer en la cuenta de que estoy muy lejos por definirme dentro de una personalidad.

Y todo esto es por culpa de la maldita televisión. Según unas niñas muy bobas, pero aparentemente muy sabias, una debe, al enfrentarse con el espejo, verse de golpe, total, no en partes, ver el peinado, el maquillaje, la ropa, los zapatos, los accesorios, todo a golpe de vista, nada de ir por partes, porque así "habrá algo que te brinque" y es más fácil cambiarlo. Pero, mi pregunta es, ¿qué pasa si te brinca todo?.

Salgo de la ducha, me pongo mis ojos, lavo mis dientes, camino a mi recámara, abro mi closet, armario, o como se le quiera llamar; frente a mí los vestidos, las blusas, los pantalones y una que otra falda, acumulados a lo largo de muchos años, parecen retarme. ¿Qué me voy a poner hoy?, es el primer gran desafío de cada mañana, de cada día, de cada semana, de cada mes... aunque ya estamos en otoño, no pretendo cambiar el tono festivo del verano, no todavía. Así que se opta por un coordinado color "coral" y zapatos rojos.

La vocecita del monitor me saluda "mamá, ven, ven mamá!", hago como que no quiero escucharla, no porque no la escuche, sencillamente porque hoy "primero seré yo". Coordinado coral, zapatos rojos, cabello: ¿suelto o en coleta?, segunda disyuntiva, si lo llevo suelto seguramente que en mitad de la mañana lo traeré desordenado, frizzado y esto me enojará tanto que terminaré por sujetarlo. En coleta entonces, no, porque no se disimularán los cachetes y últimamente me veo más cachetona o veo mis ojos más pequeños o las orejas me crecieron...

"mamá, ven, ven mamá!", la vocecita del monitor insiste, insiste... pero hoy le agradezco su insistencia, ¿quién dijo que los hijos no son una salvación?; acudo al llamado de la hija, la levanto, la llevo a la cama para cambiarla --duerme en cuna y la visto en una cama--, voy a su ropero y elijo la ropa casi a ciegas, la visto, se ve hermosa (¿por qué entonces es tan difícil para la mamá de esa preciosura, verse igual?). Bajamos a gran velocidad por las escaleras con: el perro de peluche, la mochila-pañalera, el peine, las ligas, el gel, la hija, los zapatos rojos, el coordinado coral, el cabello agarrado a la altura de la nuca --ganó la practicidad--, las llaves del carro, las llaves de la casa, tomar el biberón de chocomilk del refrigerador,subir a la hija en el carro, sujetarla a su silla, darle el biberón, sacar el carro de la cochera, cerrar el cancel, salir disparada hacia la guardería, enfrentar el tráfico, tomar rutas alternas, llegar, peinar a la hija, bajarla del coche, tomar su mochila, saludar a la nana del filtro, entregarle a la hija, esperar hasta que estén lejos de mi vista, salir de la guardería, volver al carro, al tráfico, la ruta alterna, la maldita señora de la Windstar blanca, claxon, mentada de madre.

Por fin llegar de nuevo a casa, servirme una taza de café, subir de dos en dos las escaleras, otra vez el espejo, mi cara sin maquillaje, el cabello queriendo soltarse, Carlos Loret de Mola en la pantalla que me rescata a veces y otras tantas, como hoy, me hunde en crisis adolescente no superada...

Yo, con mi yoísmo en su máxima expresión frente al espejo, una vez más y ahora no habrá vocecita monitoreada que me rescate de mí misma. Estamos yo con yo en un duelo a muerte o a vida. Según la chica fresa de Pick-Nick tengo que decirme frente al espejo "me encantas, vales mil, no cambies" pero vamos a ver si me sale "Me encantas, vales m..., quítate eso", son chingaderas, de verdad. Como si el que sea lunes no es suficiente para bloquearme la personalidad. Finalmente el trajecito coordinado de color coral es suficientemente decente para no revelar lo revelable, los zapatos color rojo son sexys y además son altos y dejan la perfección de mis dedos de los pies, desnudos, felices, irreverentemente impúdicos. Mi piel tan blanca pide a gritos una sesión de sol o de cama de bronceado, el fin justificaría los medios, pero algo de color no me vendría mal.

Sé que lo estoy haciendo todo mal, no estoy siguiendo los consejos de las chicas nice de Pick-Nick, al final me salvarán mis ojos, la sonrisa, el gesto amable, la atención que le dé a cada una de las personas con las que conviva durante la mañana, el no tirar la colilla del cigarro sobre el piso y un sinfin de etcéteras que no se me ocurren pero que se me ocurren todos.

Antes de salir definitivamente de casa, anotaré en un post-it blanco --que seguro tendré que cambiar por algo más divertido, más nice-- que tengo que comprar foaming de colores, papel picado, y brillantina, para decorar mi espejo hoy por la tarde y comenzar la transformación que seguramente me harán verme linda, divertida y genial...

1 comentario:

Simiesca dijo...

Eres divertida, genial... mi Sani. Te extraño aunque estamos tan cerca, esto de las distancias en habitación continua es bizarro, absurdo, pero acá estamos, al pie del cañón. Aunque parezca absurdo me contagié de tu cotidianidad, incluso me identifiqué (aunque no tenga hija, esa preciosura que también es mi Lavi) con esa mujer inconforme que a punta de estereotipos hacen los que se dedican a vendernos cosas ¿cómo nos compramos la fachada?
Te quiero. Ili.