miércoles, junio 23, 2010

sabores infantiles

Ayer, cuando regresábamos de donde anduvimos y me contabas con tu sonrisa de ayer de los dulces, las frutas y las recetas de cocina que tu mamá te preparaba cuando niño; mis sentidos se abrieron y la memoria se estiró mucho... y tanto que de tu mano me fui caminando de regreso a otros tiempos cuando podía comer de todo y todo tenía otro sabor...

quizá uno de los primeros sabores infantiles fue el de la guayaba. No sé si era coincidencia o destino, pero muchas de las casas de providencia en sus patios o jardines tenían árboles frutales y en casi todas había un guayabo. Las vecinas llegaban a mi casa con sus bolsitas llenas de guayabas "Rosita, te traigo del árbol..." y mi mamá les recibía las bolsitas, las invitaba a pasar, se tomaba un café actualizándose de la vida íntima de las muchas amigas que tenía entonces y mal salía una cuando llegaba la otra con su bolsita y su "Rosita, cómo estás, mira, te traje..." y el olor de la guayaba impregnaba la cocina, el refri y entonces creo que me gustaba porque mi mamá todo lo preparaba de guayaba: el agua fresca, el ate, el guayabate, sandwiches de guayabate, lonches de guayabate, ate de guayaba con queso adobera, atole de guayaba, tamales de guayaba. Junto con las guayabas estaban las naranja-limas que se daban en el árbol al fondo del jardín (antes de que lo secara la bugambilia). Recuerdo muchas tardes bajo aquella lima, sentada sobre el pasto pelando y comiendo naranja-limas antes de que Rosita nos llamara adentro para hacer la tarea.

En la escuela había otros gustos: los bolis de "coca" de "don bolis", el paletero al que le permitían entrar a la escuela y hacer vendimia. Las gorditas rellenas de guiso de la esquina de Alfredo R. Placencia y Garibaldi, que les encargábamos a las madres abnegadas que iban a hacer guardia afuera de la primaria durante los recreos para ver si a sus niños no se les ofrecía algo; los lonches de la tiendita de la primaria, con muchísima crema, una rebanada de jamón "de china" (porque podíamos ver a través de la carne lo que había del otro lado), cebolla y chiles jalapeños; acompañados por un "barrilito" de mandarina... Incluso aquella promiscuidad de sandwiches y lonches que se daba en el salón antes de salir a recreo. Rosita siempre se preocupó de la alimentación de sus niñas y nos mandaba a Mónica y a mí, con fruta, sandwich de jamón o huevo frito, gelatina y agua fresca; mismos que intercambiábamos por lonches de chilaquiles o de frijoles. O si no había de otra los vendíamos en el recreo para comprarnos algo menos sano y más sabroso.

Más grandecita conocimos Soyatlán del Oro y nos enamoramos de todo lo que en ese pueblo había... sobre todo de la comida. Pronto aprendimos que si afuera de una casa colgaban una bandera roja por la mañana ésta indicaba que al medio día habría carnitas y chicharrones. Me acuerdo que poquito antes de las 12 nos íbamos con doña Concha para pedirle tortillas recién hechas, nos hacía un itacate con 4 o 6 tortillas y de ahí directitas a "la casa de la bandera" para comer tacos de moruzas de chicharrón con salsa de jitomate y sal de grano. Salíamos de ahí y, como si fuera la visita a los 7 templos, nos íbamos de casa en casa, escuchando la radionovela que todas las señoras escuchaban a la una de la tarde mientras preparaban la comida o sacaban los quesos y las panelas para ponerlas sobre la mesa y recibir a quien llegara. Cómo y cuánto comimos... porque aunque quedábamos satisfechas después de tanto comer, mal daban las 5 de la tarde cuando corríamos a la tienda de Lancho o de don Manuelito Jiménez y ahí comprábamos cualquier cantidad de dulces y pinole para lo que quedara de tarde...

Ayer, cuando veníamos de regreso de donde anduvimos, hiciste que recordara los sabores que llenaron mis días de niña, días que no puedo contar en primera persona porque éramos dos, mi hermana y yo, quienes descubrimos y disfrutamos de todo lo que ahora podríamos reúsarnos a probar nuevamente.

2 comentarios:

Herminia Guardagujas dijo...

No manches, se me ocurrió leer esta entrada justo a las 2pm, antes de comer... Muero de hambreeeeeeeeeeeee!!!
Qué cosa tan linda los recuerdos.
Abrazos.

libréluna dijo...

jajajajaja, extraño comer contigo a las 2 de la tarde, extraño cantar después de comer y reírnos y platicar... te extraño tanto, amiga.

un abrazo.