jueves, junio 07, 2007

La cantina

No voy a hablar de tu historia,
de esa que te trajo hasta mi casa,
desde allá, tan lejos, tan sin mi.
Tampoco voy a hablar de tu madera,
del tu olor, de tus defectos,
de lo dorado o lo negro, tus tonos.

Tal vez comience por decir
que cuando era niña
fuiste mi mejor refugio
para esconderme de todos,
era tan obvio el espacio que había
entre tu cuerpo y la pared
que nadie pensaba
que yo podría esconderme ahí,
y sin embargo...

Fuiste punto de encuentro en mi casa,
a veces era la fiesta
a veces era el dolor
muchas fue el chismecito
pero siempre o casi siempre
hubo alguien a tu alrededor.

Fue cuando empezamos el largo proceso
de intentar rescatar momentos
que de cantina te convertiste en galería:
una tras otra, las fotografías te fueron llegando,
como parroquianas fieles
sin pedirte nada
quizá tan sólo un espacio.
La década de los noventa
privó tu barra y entonces,
la parada frente a ti fue distinta,
ya no llegábamos por el ron o el tequila,
nos deteníamos ante nosotros mismos,
sonreíamos, pensábamos,
tal vez sólo agregábamos un recuerdo más.

No me duele que te hayas ido.
Vas a cumplir con tu función a otra parte,
a llenarte de historias que no conoces
a escuchar risas que no has oído,
historias que no te han contado,
lágrimas que no te han bañado...

Sigues siendo un mueble vivo,
tu corazón de madera
seguirá latiendo
mucho
tiempo
más...

Y para mi hija, siempre serás
la "cantarina descompusida"
y para mi padre, serás siempre:
la cantina de 40 años que mandó hacer en Tampico.
Y mi madre te recordará siempre, aquella tarde en que
su comadre Diana, entre lágrimas y tequila,
le habló de la palabra divorcio y sus consecuencias...

Y para mí...

Yo te seguiré buscando, de vez en cuando
y no es una promesa de amor,
tampoco una promesa de odio.
Algunas noches me escucharás reír entre otras risas,
tal vez llegue una tarde para decirte de dolores nuevos...

No te has ido del todo, no de mi vida.
Es solo la nostalgia de no verte esta tarde.
Es solo el pensar cómo llenar el espacio en que ya no estás.

1 comentario:

Simiesca dijo...

Cuando necesites pensar, ya sabes dónde está. Si te consuela saber, ahora tiene un jardìn zen. Alcohol todavìa no, después del 25 viene la pachanga de inauguraciòn; en estos momentos tambièn relaja; te sienas, mueves la arena de la vida y esperas a que el cuarzo ablande un poco la dureza de las rocas.