jueves, septiembre 29, 2005
Torreslandia ofrece disculpas por la ausencia de ideas plasmadas. Si bien no se ha dejado de pensar, de sentir, de vivir, la vida se está reacomodando. Diría mi amiga Vero: "el horno no está para bollos" y estoy intentando ayudar, todavía no sé a qué, a una persona entrañable en mi vida. Así que les pido paciencia lectores, un poquito de paciencia, nomás.
martes, septiembre 13, 2005
Sobrecama VIII

Para el Mostro, porque se lo debía.
Acabas de encender el cigarrito. Me gusta sumergir mi nariz en esa metamorfósis olorosa, cuando el sexo puro se convierte en sexo nicotinado, quemado, cansado. Observo tus labios alrededor de ese pequeño falo de papel, plástico y tabaco; tus ojos se pierden en algún punto del techo, como si en realidad disfrutaras del "oral" que estás ofreciéndole al marlboro y mi mano acaricia sin ganas tu pecho. "¿Por qué fumamos después de hacer el amor?", te pregunto mientras robo de tus dedos el cigarro y me lo llevo a mis labios, "por imitación"; sonrío, me gusta cuando dejas de lado la autenticidad y respondes sin pensar las respuestas. "¿pero, por imitación a quién?" "A las películas francesas, por supuesto", "mira tú, qué cosas... y cuántas películas francesas has visto en tu vida?" "ninguna, pero dicen que en las películas francesas los galanes siempre fuman después de coger", "tú siempre tan fino" te doy la espalda y me sigues en el movimiento hasta pegarte a mi cuerpo, tu piel sigue tibia, cálida, agradable... "¿qué, qué dije?" ¿por qué dices "coger" cuando estamos hablando de "hacer el amor"?", "porque siempre me ha molestado que confundan o mezclen los términos. Hacer el amor es un anglicismo, faire l'amour era más bien tirar la onda, cortejar, enamorar, no encamarse... pero luego a alguien se le ocurre que suena mejor, más elegante, menos burdo, decir "hacer el amor", antes que "coger", "fornicar", "follar"... es el afán del ser social de no decirle a las cosas por su nombre..." "o un afán del hombre mismo por renovar el lenguaje, ¿no?" me atrevo a preguntarte "no, no creo que vaya por ahí, más bien es el miedo a las palabras, es un problema institucional..."
Sigues fumando y hablando como dándome una cátedra de las diferencias entre coger y hacer el amor, términos en desuso, facultades del lenguaje oral y corporal, y del por qué el ser humano tiende a encubrir sus intenciones cambiando palabras para obtener en su beneficio lo que el otro o la otra pueda ofrecerle.
Realmente estoy cansada, sin embargo es un cansancio agradable, de esos que una siente en todo el cuerpo y no pesa, al contrario, los movimientos se vuelven más lentos, más nítidos, como si mis piernas, mis brazos, se fueran desdoblando en cada movimiento, como si pudieran ser infinitos.
Después de un "pero tú no me hagas caso" enciendes la televisión y cambias de canal varias veces. Me gusta estar contigo, fumar contigo, coger contigo. Me gusta sentir que no hace falta hablar de nosotros para sabernos. Saber que más que el sexo, la afición por el cine, la inteligencia o lo que podamos llegar a vivir juntos; será más fuerte en nosotros el silencio de un cigarro compartido; aunque afuera, en la calle, en donde nadie sabe de nosotros, cada quien por su lado le rinda homenaje a su tabaquera favorita.
lunes, septiembre 12, 2005
La culpa es del espanto

quise correr
escapar
de tu nombre
en el que siempre caigo
al que siempre me trepo
quise correr
dejar de pensar
d i l u i r m e de ti
en café sin cafeína
huír en humo
de cigarro sin nicotina
dejándote un cáncer pasivo
en algún órgano oculto
dentro de tu cuerpo
quise tomarme
de un solo trago
el poquito cariño
la poquita nostalgia
en las rocas
antes de endulzarte
el alma
Y aquí estoy otra vez
Nombrándote
llamándote en silencio
pensando que pensándote
podrías escuchar
las palabras
que no he dicho
que van ahogándose
entre duelos y respetos
entre tiempos y amores
que no te di
y no me diste
(el que da y quita con el diablo se desquita)
pero aquí
no hay con quien
desquitarme
de esos tus amores
que pude y puedo darte
y no has tomado
por tanto
pinche
espanto
entre
tú
y
yo
miércoles, septiembre 07, 2005
Sobrecamas VII

Abres los ojos y te das cuenta de que el sol es el mismo que te despertó el día anterior, te sigue doliendo la mirada, como ayer, cuando dejaste de tomar por sentir los ojos a punto de estallar. ¿Quién fue el alma caritativa que te acercó hasta tu cama?, ¿quién te quitó los zapatos?, ¿quién los pantalones?... sonríes como recordando aquellas manos que con dificultad fueron liberándote del cinturón, el botón, la cremallera... habías tomado tanto que probablemente no pudiste hacer nada en la cama... ya, ya sé que eres todo un semental entre los de tu tipo, que a tí la borrachera no te hace y que puedes hacer "maravillas" incluso habiéndote tomado un litro del tequila.
Pero hoy es distinto, ¿verdad?, no te quieres acordar de lo que pasó anoche, ¿por qué?, La punzada en la frente, taladrándote los ojos parece no ceder al sedalmerk; ¿de verdad creíste que sería tan fácil?, y yo que pensaba que eras un poquito más intuitivo... ¿de verdad no te diste cuenta?, ¿por qué no miras a quien está a tu lado en la cama?, ¿a qué le tienes miedo?, no, no te cubras la cara con las manos, me gusta ver cómo tu cara va transformándose de crudo a tonto, de tonto a pobre niño miedoso... vamos, abre los ojos, mira a quien tienes a tu lado que hoy no es totalmente distinto a ti.
SIN CENSURA
Pólipo Sedano, Teuchitlán, Jalisco, 09 de septiembre de 2005. Fueron descubiertos los cuerpos sin vida de dos hombres en una casa ubicada frente a la Plaza de Armas. Paramédicos de la Clínica de la localidad intentaron reanimar a los difuntos sin lograr hacerlos respirar. Uno de los ahora occisos respondía en vida al nombre de Refugio López, alias "El Cuco"; avecindado en el pueblo desde hace 2 años, famoso entre los vecinos por sus fiestas de exceso y perdición, pero muy exclusivas para señores. El cuerpo desnudo de su agresor, cuya identidad aún se desconoce, yacía sin vida a escasos metros de distancia junto a un gato que le estaba lamiendo los pies cuando los encontraron. Los cuerpos fueron trasladados al SEMEFO de Guadalajara, todavía nadie los reclama.
viernes, agosto 26, 2005
And so it is...

Pensar en el mar, no en cualquier mar, no... pensar en el mar que me trajo la vida y al que le entregué tantas horas, miedos, llanto, sueños, historias. Pensar en la gente que dejé allá, frente al mar, la misma que conocí o reconocí en esas playas. Mi hermana se hizo madre en esa arena, mi hija se hizo carne sobre sus olas. Deberle tanto y tanto haber dejado, me hace pensar que es justo hacerle su homenaje, chiquito, como no queriendo la cosa. Yo no pienso hablar de sus calles, de la corona de su iglesia, de las piedras que impiden el acceso tranquilo a las olas, no. De hecho no pienso hablar de nada en concreto. Es sólo que hoy es viernes y una amiga tuvo a bien enviarme una imagen sobre ese mar que tantas veces me tuvo entre sus olas, acariciándome o rechazándome, como buen amante, como buen amigo, como buen tunante. Creí que nunca llegaría pesarme el distanciarme demasiado de sus playas, el no sentir su humedad sobre mi piel, el no respirar pesado aquel olor a brea fresca, huele a mar, huelo a ti... tantas cosas llegué a pensar cuando tomé mi vida guardándola en una bolsa y salí de aquel departamento, de aquellos brazos, y hoy, después de algunos años, reconozco la nostalgia de aquel mar como agua anegada en alguna parte de lo que soy ahora.
jueves, agosto 25, 2005
Renovatio

Después de darse mucho a desear, volvió a salir el sol en Torreslandia. Tal vez convenga no usar bloqueador, permitir que Helios se recreé un rato con mi piel, me invada, me reinvente. Después de más de un mes deseando sentir que el regreso del recorrido de la sangre por mis venas, hoy se hizo el milagro y estoy feliz. No me torturo, no me hago pedazos pensando si volverá a nublarse o si será noche eterna. Llegó el sol y hay que celebrarlo. Llegó la luz, el calor, la vida y es un buen motivo para agradecer y celebrar.
lunes, agosto 15, 2005
Sobrecama VI

“¿y eso?”, preguntas con sonrisa apagada sin apartarme de tu lado. “¿qué?” te contesto pegándome más a tu piel, siempre me ha gustado pegarme a ti después de hacer el amor, sentir tu respiración retomar su ritmo habitual me devuelve a la realidad suavemente, sabiendo que no necesito salir corriendo para sentirme segura de mí misma, autosuficiente, fuerte. “ya, deja de mover los pies bajo la sábana...” “¿mande?”, “sí, nunca he entendido por qué mueves los pies así...” “así, ¿cómo?” “como si bailaras”... tomas el control de la televisión sin soltarme, sé que no te molesta el que mueva los pies, sólo te llama la atención, como si fuera algo nuevo a pesar de los años que llevamos juntos.
Siempre te he desquiciado a propósito y no, con mis manías. Nunca me creíste que yo no permitía que me tomaran de la mano. Creo que fue el primero de los retos que tomaste para acercarte a mí. Te lo dije el día que nos conocimos en aquel café-nevería con teléfonos en cada mesa; yo iba con mis amigas de la prepa, tú estabas solo. Recuerdo que llamaste nuestra atención por considerarte demasiado viejo para estar en un café de moda; a los 17 uno cree que cualquier edad después de los 25 significa la entrada a las ligas menores de la tercera edad. Poco a poco fueron llegando los novios de mis compañeras y se fue vaciando la mesa hasta que me dejaron sola. Entonces volteaste hacia mí y sonreíste; mi reacción fue la misma que he conservado 15 años después, pedí la cuenta y salí tropezándome entre la gente, sin voltear atrás.
Caminé una o dos calles hasta llegar a la avenida para tomar el autobús de regreso a casa, atormentándome con la idea de por qué me habías sonreído y peor aún, por qué tuve que huir de esa manera. Cuando llegué a la parada el cielo era una nube gris sobre mis hombros, para ese momento mi mente elaboraba la excusa que más tarde y por teléfono tendría que darle a Concha explicándole mi salida sin despedirme de nadie; aunada a la invención de la historia fantástica de mi tarde con las amigas en el nuevo café de moda para que mis padres, complacidos, me siguieran creyendo el centro de atención con mi grupo de compañeras y amigos.
Entonces volviste a aparecer. Fue una viejita que estaba a mi lado la que me indicó con el dedo de que me estabas llamando desde tu carro. El viento para entonces hacía imposible escuchar lo que intentabas decirme desde el auto, así que me acerqué. “Súbete” no lo pensé dos veces, abrí la puerta y me senté a tu lado, el calor dentro del carro relajó mis músculos pero no me atreví a mirarte. En la radio Joselino Vazquez coqueteaba con una chica al teléfono mientras se escuchaba de fondo “Solos en América” de Miguel Mateos. “¿A dónde vas?”, “a mi casa” te contesté sin levantar la mirada de la falda a cuadros. Seguiste conduciendo sin prisa, gotas pesadas comenzaron a caer sobre el carro, sonreí para mis adentros alegrándome de no estar afuera. En la Minerva preguntaste de nuevo “¿por dónde le sigo?” “derecho”, “¿cómo te llamas?”, “Andrea”, “yo soy Carlos Villaseñor”, “mucho gusto” y entonces te miré, pero tú a mí no. “¿te dejó plantada tu novio?”, “no”, “¿por dónde vives?” “por el Fray Pedro”, “¿estudias allí?”, “no”, mentí y mordí mis labios, como siempre que digo una mentira, “y ese uniforme ¿de qué escuela es?”, “no es uniforme, es la moda”, “ah, mira...” Llegamos a Manuel Acuña, volviste a preguntar “y ahora, para dónde”, “derecho, por la lateral, vamos a dar vuelta en José María Vigil para entrar por Jesús García”, me arrepentí de darte las instrucciones tan claras cuando vi que empezaste a acelerar. Me atreví a preguntarte “¿te dejó plantado tu novia?”, dudaste un segundo antes de contestar “no” contestaste y consultaste tu reloj “debe estar llegando en este momento al café”, añadiste, “y entonces, ¿por qué estás aquí?”, “porque no quería quedarme sin conocer tu sonrisa”. “No tengo que llegar a mi casa... todavía”, “¿quieres que vayamos a un café?”, “no”, “¿qué quieres hacer?”, “lo que sea”. Seguiste mis indicaciones y al llegar a López Mateos y Luis Pérez Verdía, buscaste dónde estacionarte; “¿has probado las aguas frescas que venden aquí?”, “no”, “¿quieres una?”... no me diste tiempo para contestar, ya te habías bajado del carro y venías en dirección mía para abrirme la puerta y ayudarme a bajar, no entendí el gesto de caballerosidad cuando extendiste tu mano hacia mí y yo la rechacé pretendiendo acomodar mi cabello. Al estar sobre la acera me di cuenta de tu altura, fácilmente me sobrepasabas por dos cabezas, me cediste el lado izquierdo de la acera y como un reflejo intentaste de nuevo tomar mi mano. Instintivamente la aparté. “¿por qué no quieres que te tome de la mano?”, “porque no me gusta”, “no será porque no somos novios?”, “no, nomás porque no me gusta”, “¿cómo que no te gusta?”, “no, no me gusta comprometer mi paso”, “no se trata de eso”, “para mí sí”, “¿y si te beso, me dejas que te tome de la mano?”, “no”, entonces me besaste y yo me colgué de tu cuello y cuando nos separamos no dejé que me tomaras de la mano.
Regresé a tu lado cuando sentí el frío del abandono de mi cuerpo por el tuyo. “¿a dónde vas?” te pregunté al verte de pié junto a la cama. “voy a ver si apagaron la tele los niños”, me mandaste un beso y saliste de la habitación. Sola, volví a darme cuenta de que estaba moviendo los pies bajo la sábana, como un reflejo lejano de otros tiempos, cuando tenía que huir de cualquier situación que me involucrara un poco más de lo que podía enfrentar.
miércoles, agosto 10, 2005
Sobrecama V
Entonces decidimos dejarnos. Te fuiste porque era necesario, importante, vital, espacial, natural, causal y factual. Te fuiste de la casa y me quedé sola frente a la que fuera hasta ese momento nuestra cama; una cama vacía de ti.
Me acosté sobre el espacio que acababas de abandonar intentando rescatar un poco del calor de tu piel sobre las sàbanas, la sensación era extraña, como cuando era niña e intentaba retener en mi nariz el olor a vainilla de las manos de mi madre, o como cuando pensaba que al cerrar mis ojos nuestra silueta confundida en un beso o un abrazo pondría el final feliz a un día igualmente feliz.
Hoy no es así. La cama no me trae nada: ni tu calor, ni tu olor, ni siquiera me trae el recuerdo de una relación feliz, hoy la cama pasó de ser el centro del universo a convertirse en lo que me enseñaron los libros y las buenas conciencias: un no-lugar, un espacio de tránsito, un área de descanso, un pedacito de paz en dónde soñar.
Sólo espero que llegue el día en que no pueda explicarme cómo un día cupimos tú y yo sobre este colchón.
Me acosté sobre el espacio que acababas de abandonar intentando rescatar un poco del calor de tu piel sobre las sàbanas, la sensación era extraña, como cuando era niña e intentaba retener en mi nariz el olor a vainilla de las manos de mi madre, o como cuando pensaba que al cerrar mis ojos nuestra silueta confundida en un beso o un abrazo pondría el final feliz a un día igualmente feliz.
Hoy no es así. La cama no me trae nada: ni tu calor, ni tu olor, ni siquiera me trae el recuerdo de una relación feliz, hoy la cama pasó de ser el centro del universo a convertirse en lo que me enseñaron los libros y las buenas conciencias: un no-lugar, un espacio de tránsito, un área de descanso, un pedacito de paz en dónde soñar.
Sólo espero que llegue el día en que no pueda explicarme cómo un día cupimos tú y yo sobre este colchón.
lunes, agosto 08, 2005
Sobrecama III

Lo suyo se basó en la fantasía: la fantasía del otro en la una, de la una sobre el otro, dos con uno y uno para todas. Metáforas matemáticas. El ludo en ecuación sin rostro.
Una noche, la luna les pegó con su güante de alcohol y ternura, de confesión y trago amargo.
Desvelándose el amor en donde no debió existir, te fue dejando, se fue yendo, se fueron quedando solos, absurdos, tacaños, vacíos, reales.
viernes, agosto 05, 2005
Pan pa'l niño

Pa' mi niña Lavinia
Que le den pan al niño
pa que se arrulle
que le den panecito
de miel y risas
que mi niño llora
y mi niño sufre
y mi niño es el niño
de las gaviotas
que alimenta su alma
de mar
y
sueños.
Y si aún tiene hambre...
que le den pan con sueños
pa'l dolor de vientre
que le den pan con miel
y no llore ya.
Duérmete
mi niño
de mar
y selva
duérmete
y que el llanto
no dure más.
Despertares

La noche
despertó vacía,
callada,
sin prisa
te espero.
No me pidas
cuando llegues
si llegaras,
que te cuente
un cuento
que te cante
un poema
que te arrulle
el sueño.
No me dejes
si me dejas,
con mis ojos
sobre tu espalda,
con tu peso
en mi vientre,
con tu aliento
en mis besos.
Si vas a venir
si vinieras,
pídele a la noche
que no se duerma
que calle en su grito
el murmullo de grillos
y ranas
fuera de mi cuerpo.
Si vas a irte
si te fueras,
llévate el silencio
de la lobamadre
que vive
entre
mis
piernas
milagros
de días
que no llegan
y si llegaran
pídele a la noche
que regrese
cantando
que sea
fiesta
que te cuente
los cuentos
que yo no,
que te cante
poemas
que yo no,
que te cante
un cuento
que te cuente
un poema
que te cante
que te cuente
que
yo
no
lunes, agosto 01, 2005
A medio terminar
Para C que se fue yendo mucho antes de terminar de encontrarlo.
In memoriam
Me gustaba estar contigo, aunque siempre terminaba desesperándome por tus procedimientos. Te alegaba por tu imputualidad, por terminar nuestras citas cuando a penas íbamos empezándolas, por sabotear lo poquito que llegamos a sentir el uno por el otro. Luego te fui conociendo mejor y descubrí que tu manía era no terminar nada, no cerrar círculos, ir dejando todo a medias:
las conversaciones,
el amor,
el desamor,
el odio,
los celos,
los libros,
el café,
el cigarro,
los pagos (siempre pagabas la mitad del mínimo a pagar)
las sonrisas,
el llanto,
la rabia,
los textos,
el alcohol (incluso entre amigos pensábamos que tenías serios problemas con tu manera de beber porque siempre dejabas la mitad:
de la cerveza,
de la cuba,
de tu vodka)
...
Nunca lograste concluír nada. Hoy me avisaron de tu muerte y me queda la vaga esperanza de que para variar éste asunto, también lo hayas dejado a medio terminar.
Algo para peques
Camilo fue hasta el fondo de su pecera para descansar. Los libros se habían quedado en silencio hacía algunas horas, pero parecía que sus voces permanecían en la pecera, flotando como sueños alrededor de nuestro amigo.
Cuando estaba a punto de quedarse dormido, escuchó un murmullo al fondo de la habitación, al principio era muy bajo, pero fue creciendo hasta que se dio cuenta de que en uno de los anaqueles, algunos libros estaban discutiendo entre ellos.
—¡No se puede dormir con ese olor tan desagradable!
—¡Yo no sé qué estarían pensando cuando te trajeron!
Camilo no entendía qué estaba pasando. Le preguntó a su amigo La Historia Interminable qué sucedía.
—Es El Fantasma de Canterville,— respondió sereno el libro— Cada noche es lo mismo, los libros que están cerca de él se quejan por el olor que despide.
—¿Los libros tienen olfato? — Preguntó Camilo intrigado.
—Claro, igual que tú. Cuando somos nuevos tenemos un olor que a todos les gusta, de hecho cuando yo llegué a esta casa, la niña lo primero que hizo fue abrirme y pegar su nariz contra mis hojas para olerme nuevo, eso lo hizo todo el tiempo que tardó en leer mis historias... hasta que llegó un nuevo libro y se olvidó de mí.
—Entonces... pero ahora tú no tienes ningún olor...
—No porque todavía soy joven. En cambio el pobre de El fantasma de Canterville, ya tiene otro olor, un olor que, al parecer, es muy desagradable. Yo nunca he estado junto a un libro viejo. Desde que llegué a este lugar, me dejaron en esta tabla y sólo llegan libros nuevos... pero al parecer, allá donde están discutiendo, huele muy mal... y creo que es porque El fantasma de Canterville es un libro que tiene muchos años, está muy maltratado y tiene olor a viejo.
—Pues yo nunca he olido un pez viejo... no sabría decirte a qué huele un pez viejo. Pero no creo que yo huela mal, ¿o si?
—No, bicho rojo, tú no hueles mal, hueles diferente, eso sí, pero no hueles mal.
—Huelo diferente... como El fantasma de Canterville, diferente. ¿la niña ya conoce ése libro?
—Sí, la niña lo conoce y es su favorito. Cada determinado tiempo, le pide a su padre que lo lea para irse a dormir.
—Y a ellos, ¿no les molesta el olor?
—No, al contrario, ese libro lo tienen como un tesoro. Mira mis páginas...
—No puedo verlas, lo único que veo es un rectángulo, todo es plano para mí.
—Pues dentro de lo plano que ves, bicho rojo, hay un montón de páginas. Nosotros, los libros, sabemos cuándo un libro se prefiere, por lo gastado que tenemos las páginas... mis páginas no están gastadas en cambio las de el fantasma tienen incluso gotas de agua o café, hasta una quemadura. El fantasma de Canterville ha estado aquí por mucho tiempo y no tiene descanso. Y ahora, si me disculpas, voy a dormir.
Camilo se quedó flotando en el centro de la pecera. Las voces se fueron apagando poco a poco, y sólo se escuchó el lamento oscuro de el Fantasma.
—Disculpe, señor, ¿se siente mal?
—¿Y tú qué crees, bicho rojo?
—Perdón, señor... ¿le puedo ayudar en algo?
—No hay nadie que pueda ayudarme... nadie.
—¿Tiene mucho tiempo viviendo aquí?
—Creo que desde siempre... no recuerdo otro lugar que no sea este... siempre he estado aquí, siempre he sido insultado y estoy muy cansado.
—¿Y qué lo haría sentirse mejor?
—¡Quiero descansar! Hace muchos años que lo único que deseo es que me dejen en paz... pero eso va a ser imposible mientras haya niños en esta casa.
—¿No le gustan los niños?— Preguntó Camilo intrigado.
—Sí me gustan, por ellos estoy aquí. Pero yo quiero descansar... tú no sabes lo que ha sido para mí primero estar en la mente del escritor, luego en el papel, y ahora pasar de mano en mano, de mirada en mirada, de mente en mente... y así para toda la eternidad... ya estoy cansado. Soy un libro viejo, con una historia vieja... ya quiero descansar.
—Si tan solo pudiera ayudarle en algo...
—No, bicho, tú no puedes hacer nada por mí. Mientras siga siendo importante para alguien, no podré descansar. Primero fue el abuelo de Lavi, luego su padre, hoy es ella, y después vendrán sus hermanitos... no voy a descansar en muchos años más... ¡Ay, cómo me gustaría estar en la biblioteca, con otros libros igual de cansados y viejos, con los libros que han sido olvidados, que sólo de vez en cuando se comentan algo entre ellos para recordar que siguen vivos, ay, como quisiera descansar con ellos!
—Pero usted es muy importante, señor Fantasma, usted debería ser feliz por ser tan querido en esta casa.
El Fantasma de Canterville gritó de dolor. Camilo retrocedió y se escondió en la oscuridad de su pecera. La habitación quedó en silencio nuevamente. Camilo todavía temblando de miedo se acercó tímidamente al cristal.
—No has entendido nada, bicho rojo. Yo ya no quiero ser querido, ya no quiero que me lean, lo único que yo quiero es ser olvidado. Mis hojas están llenas de mugre, de lágrimas, dibujos, notas en mis márgenes, hasta me quemaron con un cigarrillo... fue por un descuido, yo lo sé, pero he sido humillado tantas veces que ya no puedo más. Soy un libro viejo, sólo por eso, deberían dejarme en paz, en algún rincón, olvidado... estoy cansado, Camilo, muy cansado... ¿Podrías ahora dejarme dormir?, ¿al menos tú, podrías dejarme descansar un poco?
Camilo no contestó. Se dirigió hasta el fondo de la pecera y se dispuso él también a dormir. Su respiración era muy difícil, sentía como si toda su piel, todos sus cartílagos se le apretaran alrededor de su corazón. Se asustó mucho y le habló nuevamente a La Historia Interminable.
—Algo me pasa, no puedo respirar, ayúdame...
—No es nada serio— Intentó tranquilizarlo La Historia —es sólo que estás triste.
—Pero no puedo respirar, me duele algo.
—Te duele El Fantasma de Canterville, eso es lo único que te duele, Camilo.
—Pero, él no soy yo...
—De algún modo, no sé cómo ni por qué, El Fantasma de Canterville somos todos los que estamos aquí. Todos los libros somos un poco de él.
—¡Pero, yo soy un pez, yo no soy libro, yo no soy él!
—Tú ya conoces su historia, como la mía y la de otros que hoy has conocido, de algún modo, ya eres un poco nosotros. Ahora cierra tus ojos y trata de controlar tu respiración... poco a poco notarás que el dolor pasa y a lo mejor hasta puedes dormir. Descansa pececito, yo te voy a cuidar.
Camilo durmió aquella noche y La Historia Interminable cumplió con su promesa. Los libros siempre cumplen sus promesas, siempre. La Historia velóel sueño de Camilo hasta el amanecer y pensó que era una suerte tenerlo entre ellos. Buscó entre sus páginas alguna frase que pudiera llegar muy clara hasta la pecera de Camilo, para tranquilizarlo y arrullarlo, poco a poco, fue lanzando palabras que alcanzaron el agua y cobijaron a Camilo.
Cuando estaba a punto de quedarse dormido, escuchó un murmullo al fondo de la habitación, al principio era muy bajo, pero fue creciendo hasta que se dio cuenta de que en uno de los anaqueles, algunos libros estaban discutiendo entre ellos.
—¡No se puede dormir con ese olor tan desagradable!
—¡Yo no sé qué estarían pensando cuando te trajeron!
Camilo no entendía qué estaba pasando. Le preguntó a su amigo La Historia Interminable qué sucedía.
—Es El Fantasma de Canterville,— respondió sereno el libro— Cada noche es lo mismo, los libros que están cerca de él se quejan por el olor que despide.
—¿Los libros tienen olfato? — Preguntó Camilo intrigado.
—Claro, igual que tú. Cuando somos nuevos tenemos un olor que a todos les gusta, de hecho cuando yo llegué a esta casa, la niña lo primero que hizo fue abrirme y pegar su nariz contra mis hojas para olerme nuevo, eso lo hizo todo el tiempo que tardó en leer mis historias... hasta que llegó un nuevo libro y se olvidó de mí.
—Entonces... pero ahora tú no tienes ningún olor...
—No porque todavía soy joven. En cambio el pobre de El fantasma de Canterville, ya tiene otro olor, un olor que, al parecer, es muy desagradable. Yo nunca he estado junto a un libro viejo. Desde que llegué a este lugar, me dejaron en esta tabla y sólo llegan libros nuevos... pero al parecer, allá donde están discutiendo, huele muy mal... y creo que es porque El fantasma de Canterville es un libro que tiene muchos años, está muy maltratado y tiene olor a viejo.
—Pues yo nunca he olido un pez viejo... no sabría decirte a qué huele un pez viejo. Pero no creo que yo huela mal, ¿o si?
—No, bicho rojo, tú no hueles mal, hueles diferente, eso sí, pero no hueles mal.
—Huelo diferente... como El fantasma de Canterville, diferente. ¿la niña ya conoce ése libro?
—Sí, la niña lo conoce y es su favorito. Cada determinado tiempo, le pide a su padre que lo lea para irse a dormir.
—Y a ellos, ¿no les molesta el olor?
—No, al contrario, ese libro lo tienen como un tesoro. Mira mis páginas...
—No puedo verlas, lo único que veo es un rectángulo, todo es plano para mí.
—Pues dentro de lo plano que ves, bicho rojo, hay un montón de páginas. Nosotros, los libros, sabemos cuándo un libro se prefiere, por lo gastado que tenemos las páginas... mis páginas no están gastadas en cambio las de el fantasma tienen incluso gotas de agua o café, hasta una quemadura. El fantasma de Canterville ha estado aquí por mucho tiempo y no tiene descanso. Y ahora, si me disculpas, voy a dormir.
Camilo se quedó flotando en el centro de la pecera. Las voces se fueron apagando poco a poco, y sólo se escuchó el lamento oscuro de el Fantasma.
—Disculpe, señor, ¿se siente mal?
—¿Y tú qué crees, bicho rojo?
—Perdón, señor... ¿le puedo ayudar en algo?
—No hay nadie que pueda ayudarme... nadie.
—¿Tiene mucho tiempo viviendo aquí?
—Creo que desde siempre... no recuerdo otro lugar que no sea este... siempre he estado aquí, siempre he sido insultado y estoy muy cansado.
—¿Y qué lo haría sentirse mejor?
—¡Quiero descansar! Hace muchos años que lo único que deseo es que me dejen en paz... pero eso va a ser imposible mientras haya niños en esta casa.
—¿No le gustan los niños?— Preguntó Camilo intrigado.
—Sí me gustan, por ellos estoy aquí. Pero yo quiero descansar... tú no sabes lo que ha sido para mí primero estar en la mente del escritor, luego en el papel, y ahora pasar de mano en mano, de mirada en mirada, de mente en mente... y así para toda la eternidad... ya estoy cansado. Soy un libro viejo, con una historia vieja... ya quiero descansar.
—Si tan solo pudiera ayudarle en algo...
—No, bicho, tú no puedes hacer nada por mí. Mientras siga siendo importante para alguien, no podré descansar. Primero fue el abuelo de Lavi, luego su padre, hoy es ella, y después vendrán sus hermanitos... no voy a descansar en muchos años más... ¡Ay, cómo me gustaría estar en la biblioteca, con otros libros igual de cansados y viejos, con los libros que han sido olvidados, que sólo de vez en cuando se comentan algo entre ellos para recordar que siguen vivos, ay, como quisiera descansar con ellos!
—Pero usted es muy importante, señor Fantasma, usted debería ser feliz por ser tan querido en esta casa.
El Fantasma de Canterville gritó de dolor. Camilo retrocedió y se escondió en la oscuridad de su pecera. La habitación quedó en silencio nuevamente. Camilo todavía temblando de miedo se acercó tímidamente al cristal.
—No has entendido nada, bicho rojo. Yo ya no quiero ser querido, ya no quiero que me lean, lo único que yo quiero es ser olvidado. Mis hojas están llenas de mugre, de lágrimas, dibujos, notas en mis márgenes, hasta me quemaron con un cigarrillo... fue por un descuido, yo lo sé, pero he sido humillado tantas veces que ya no puedo más. Soy un libro viejo, sólo por eso, deberían dejarme en paz, en algún rincón, olvidado... estoy cansado, Camilo, muy cansado... ¿Podrías ahora dejarme dormir?, ¿al menos tú, podrías dejarme descansar un poco?
Camilo no contestó. Se dirigió hasta el fondo de la pecera y se dispuso él también a dormir. Su respiración era muy difícil, sentía como si toda su piel, todos sus cartílagos se le apretaran alrededor de su corazón. Se asustó mucho y le habló nuevamente a La Historia Interminable.
—Algo me pasa, no puedo respirar, ayúdame...
—No es nada serio— Intentó tranquilizarlo La Historia —es sólo que estás triste.
—Pero no puedo respirar, me duele algo.
—Te duele El Fantasma de Canterville, eso es lo único que te duele, Camilo.
—Pero, él no soy yo...
—De algún modo, no sé cómo ni por qué, El Fantasma de Canterville somos todos los que estamos aquí. Todos los libros somos un poco de él.
—¡Pero, yo soy un pez, yo no soy libro, yo no soy él!
—Tú ya conoces su historia, como la mía y la de otros que hoy has conocido, de algún modo, ya eres un poco nosotros. Ahora cierra tus ojos y trata de controlar tu respiración... poco a poco notarás que el dolor pasa y a lo mejor hasta puedes dormir. Descansa pececito, yo te voy a cuidar.
Camilo durmió aquella noche y La Historia Interminable cumplió con su promesa. Los libros siempre cumplen sus promesas, siempre. La Historia velóel sueño de Camilo hasta el amanecer y pensó que era una suerte tenerlo entre ellos. Buscó entre sus páginas alguna frase que pudiera llegar muy clara hasta la pecera de Camilo, para tranquilizarlo y arrullarlo, poco a poco, fue lanzando palabras que alcanzaron el agua y cobijaron a Camilo.
miércoles, julio 20, 2005
Sobrecama II
tus besos se llegaron a recrear, aquí en mi boca... Te escucho desentonando el viejo bolero en el baño, no puedo evitar reírme una vez más.llenando de ilusión y de pasión, mi vida loca...
Siempre te ha dado por cantar después de hacer el amor. Lo descubrí en nuestra primera noche juntos, después de estar conmigo sobre la cama el tiempo reglamentario para no provocarme sentimientos de abandono, te levantaste y fuiste al baño. Nada más cerraste la puerta y te inspiraste con una canción de moda, romántica, decía algo así como: wouldn't you agree baby you and me we'v got a groovy kind of love. Debo reconocer que entonces pensé que me estabas enviando algún mensaje oculto, por supuesto que en aquella ocasión la risa se quedó muy dentro de mí, de hecho la tensión me fue subiendo por los piés, enredándose entre mis piernas hasta llegar al estómago; esperaba que al salir del baño me dijeras algo sobre el momento que habíamos compartido, el por qué habías cantado aquella canción, cualquier cosa que tranquilizara el hormigueo bajo mi piel, cosas de adolescente enamorada.
Con el tiempo me fui dando cuenta de que tu repertorio era todo un "random", muy variadito y casi nunca coincidía con lo que sentíamos o pretendíamos sentir, cantabas por cantar, nomás, como una terapia de relajación, como si así liberaras el último rescoldo de energía.
En una ocasión en que las cosas del día no fueron como debían y repercutieron en nuestros asuntos nocturnos, te escuché cantar lo último que hubiera creído que podría escucharte después de haber hecho el amor. Te levantaste molesto y una vez dentro del baño te oí cantar con la voz apagada: allá en la fuente, había un chorrito, se hacía grandote, se hacía chiquito...
Tu voz era ausente, desmotivada, huidiza como el agua que borraba a su paso mis caricias sobre tu cuerpo. En vez de reírme como siempre lo hacía, dejé la cama y fui a encontrarte. Te ví recargado contra las baldozas, con los ojos cerrados, dejando correr el agua sobre tu cuerpo. Te ayudé: estaba de mal humor, pobre chorrito, tenía calor. Abriste los ojos, con ese brillo que siempre he reconocido en ti para mí, me dijiste "ven para acá, hormiguita" y me jalaste dentro de la ducha para atrapar con tu boca la risa que salía de mis labios mientras mis manos se colgaban de tus hombros para concluír lo que habíamos comenzado en la cama.
Me regresó tu voz en la puerta del baño: ... y no me cansaré de bendecirtanta dulzura... Sonreí mientras caminabas de nuevo hacia mí envuelto en un vaporoso resplandor; "¿todo bien?" te pregunté con mis brazos bien abiertos, tan sólo para tí. Sin decirme nada tus besos respondieron con detalle a mi pregunta, tu cuerpo volvió a pegarse con el mío y nuestras humedades se fueron recorriendo sobre las sábanas cansadas. Todo está bien.
Siempre te ha dado por cantar después de hacer el amor. Lo descubrí en nuestra primera noche juntos, después de estar conmigo sobre la cama el tiempo reglamentario para no provocarme sentimientos de abandono, te levantaste y fuiste al baño. Nada más cerraste la puerta y te inspiraste con una canción de moda, romántica, decía algo así como: wouldn't you agree baby you and me we'v got a groovy kind of love. Debo reconocer que entonces pensé que me estabas enviando algún mensaje oculto, por supuesto que en aquella ocasión la risa se quedó muy dentro de mí, de hecho la tensión me fue subiendo por los piés, enredándose entre mis piernas hasta llegar al estómago; esperaba que al salir del baño me dijeras algo sobre el momento que habíamos compartido, el por qué habías cantado aquella canción, cualquier cosa que tranquilizara el hormigueo bajo mi piel, cosas de adolescente enamorada.
Con el tiempo me fui dando cuenta de que tu repertorio era todo un "random", muy variadito y casi nunca coincidía con lo que sentíamos o pretendíamos sentir, cantabas por cantar, nomás, como una terapia de relajación, como si así liberaras el último rescoldo de energía.
En una ocasión en que las cosas del día no fueron como debían y repercutieron en nuestros asuntos nocturnos, te escuché cantar lo último que hubiera creído que podría escucharte después de haber hecho el amor. Te levantaste molesto y una vez dentro del baño te oí cantar con la voz apagada: allá en la fuente, había un chorrito, se hacía grandote, se hacía chiquito...
Tu voz era ausente, desmotivada, huidiza como el agua que borraba a su paso mis caricias sobre tu cuerpo. En vez de reírme como siempre lo hacía, dejé la cama y fui a encontrarte. Te ví recargado contra las baldozas, con los ojos cerrados, dejando correr el agua sobre tu cuerpo. Te ayudé: estaba de mal humor, pobre chorrito, tenía calor. Abriste los ojos, con ese brillo que siempre he reconocido en ti para mí, me dijiste "ven para acá, hormiguita" y me jalaste dentro de la ducha para atrapar con tu boca la risa que salía de mis labios mientras mis manos se colgaban de tus hombros para concluír lo que habíamos comenzado en la cama.
Me regresó tu voz en la puerta del baño: ... y no me cansaré de bendecirtanta dulzura... Sonreí mientras caminabas de nuevo hacia mí envuelto en un vaporoso resplandor; "¿todo bien?" te pregunté con mis brazos bien abiertos, tan sólo para tí. Sin decirme nada tus besos respondieron con detalle a mi pregunta, tu cuerpo volvió a pegarse con el mío y nuestras humedades se fueron recorriendo sobre las sábanas cansadas. Todo está bien.
sábado, julio 16, 2005
Sobrecamas
"El amor después del amor, tal vez se parezca a este rayo de sol..."
Fito Paez
Siempre he pensado que hay dos momentos trascendentales en la vida del ser humano como ente social y sexual, hablo de la sobremesa y la sobrecama.
Los mejores vinos, dulces, tabacos, el mejor café, así como las mejores discusiones, proposiciones, interacciones y la mejor de las siestas, vendrán siempre después de una buena comida, en un ambiente agradable, con personas que tal vez no sean las mejores, pero que pueden ser rescatables.
Lo mismo sucede con la sobrecama, cuando nos sobrevivimos en el otro, en el silencio de los cuerpos desnudos después de la comunicación exhaustiva, en el diálogo entre fluídos, en el rescate del aliento por medio del otro. Saber que muchas veces no se tiene que abrir la boca para decirlo todo. Leer en el cuerpo del otro lo que se escribió a fuerza de besos, caricias y risas entrecortadas. Uno puede hablar de tantas cosas y no decir nada o por el contrario quedarse calladita, pegada al cuerpo ajeno pero propio y sentir que lo sabe todo, que no hay nada más grande o más pequeño que ese momento, minuto de eternidad, espacio macerado, sacralizado, por la intrusión siempre bienvenida del otro.
Hoy está la convulsión por plasmar los diálogos, las risas, lo rescatable o lo que se quisiera dejar de lado. Esta convulsión puede ser propia o ajena, incluso la fantasía de lo que se quiso sentir o lo que se quiso decir. Por eso comienzo con "Sobrecama I", que hasta hace unos momentos se llamó "Adivinando", hacer una secuencia de sobrecamas en donde cualquiera se puede descubrir, atormentar, regocijar, burlar o enojar; se vale todo en esta tierra en donde todo puede pasar.
jueves, julio 14, 2005
Sobrecama I
Te gustaba mirarme. Lo descubrí una noche después de haber estado quemando juntos las sábanas. Lejos de percibir cualquier efecto en tu voz, escuché que me decías con la voz ronca de tanto besarnos "me gusta tu espalda". En un tono que tú ya conocías te respondí sin mirarte "tú nomás dime y te la doy cuando quieras". Seguí sentada en la orilla de la cama, fumando, viendo sin interés las imágenes que corrían frente a mis ojos en la pantalla. "¿qué no habrá porno para mujeres?", "¿y de cuándo acá te interesa el porno?", "¿y por qué no?", "claro que hay porno para mujeres --dijiste como si fueras a dar una cátedra-- son las novelas", "no mames, las novelas no son porno", "por supuesto que sí, un porno del dolor, las buenas que siempre están muy buenas, sufren y sufren pero siempre se ganan al mamado de la novela"."Puros pendejos", "pero son los que les gustan". Apagué mi cigarro y te enfrenté "¿y cómo sabes tú que nos gustan los pendejos?", sonreíste "¿no estoy yo aquí?", "tú eres un aprendiz de canalla, no un pendejo... te salva el querer ser el malo".
A un guiño me tuviste de nuevo junto a ti, compartiendo la almohada, el pedazo de sábana, el nuevo cigarrillo en tus manos. Tu piel ya no era cálida como media hora atrás, ahora estaba fría, incómoda, lacia y sin ganas. Tomaste el control y empezamos a darle la vuelta a los canales: noticias, series, documentales --un bebuino puede tener un montón de hembras hasta que llega uno más joven y le quita su harem--, más noticias, más series, compras por tv... te detuviste en ese canal. Una mujer de pechos grandes lavaba un automovil deportivo rojo. Te adiviné siguiendo sus movimientos sobre el carro, viendo como se mojaba su camisetita blanca mientras aplastaba las tetas sobre el cofre, esperando que se levantara para adivinarle el frío bajo la tela. Te enfrenté. Tu cigarro colgaba peligrosamente de la comisura de tu labio inferior, tenías la boca abierta. "Cuando tenga dinero te voy a regalar un deportivo rojo, como ése" te dije, pero no contestaste.
Me separé de ti y de un solo golpe sentí como mi piel se enfriaba.Caminé hasta la ventana, abrí las cortinas: al fondo el mar era una adivinanza. En el departamento de a lado una mujer semidesnuda estaba junto a su ventana creyendo ver el mar. La imaginé en la misma situación que yo, con su hombre en la cama viendo a una tetona lavando un deportivo rojo, mientras ella aparentaba no ser vista por la mujer semidesnuda que estaba en la ventana del departamento de a lado,creyendo ver el mar, con su hombre en la cama viendo a una tetona lavando un deportivo rojo; mientras aparentaba no ser vista por la mujer semidesnuda que estaba en la ventana del departamento de a lado creyendo ver el mar, con su hombre en la cama viendo a una tetona lavando un deportivo rojo; mientras aparentaba no ser vista por la mujer en la ventana...
A un guiño me tuviste de nuevo junto a ti, compartiendo la almohada, el pedazo de sábana, el nuevo cigarrillo en tus manos. Tu piel ya no era cálida como media hora atrás, ahora estaba fría, incómoda, lacia y sin ganas. Tomaste el control y empezamos a darle la vuelta a los canales: noticias, series, documentales --un bebuino puede tener un montón de hembras hasta que llega uno más joven y le quita su harem--, más noticias, más series, compras por tv... te detuviste en ese canal. Una mujer de pechos grandes lavaba un automovil deportivo rojo. Te adiviné siguiendo sus movimientos sobre el carro, viendo como se mojaba su camisetita blanca mientras aplastaba las tetas sobre el cofre, esperando que se levantara para adivinarle el frío bajo la tela. Te enfrenté. Tu cigarro colgaba peligrosamente de la comisura de tu labio inferior, tenías la boca abierta. "Cuando tenga dinero te voy a regalar un deportivo rojo, como ése" te dije, pero no contestaste.
Me separé de ti y de un solo golpe sentí como mi piel se enfriaba.Caminé hasta la ventana, abrí las cortinas: al fondo el mar era una adivinanza. En el departamento de a lado una mujer semidesnuda estaba junto a su ventana creyendo ver el mar. La imaginé en la misma situación que yo, con su hombre en la cama viendo a una tetona lavando un deportivo rojo, mientras ella aparentaba no ser vista por la mujer semidesnuda que estaba en la ventana del departamento de a lado,creyendo ver el mar, con su hombre en la cama viendo a una tetona lavando un deportivo rojo; mientras aparentaba no ser vista por la mujer semidesnuda que estaba en la ventana del departamento de a lado creyendo ver el mar, con su hombre en la cama viendo a una tetona lavando un deportivo rojo; mientras aparentaba no ser vista por la mujer en la ventana...
lunes, julio 11, 2005
Estos post se autodestruirán...
Por ser un peligro para la salud mental de propios y ajenos, la administración de este blog ha determinado en destruír o "deletear" los siguientes posts:
domingo, julio 03, 2005 : París en invierno
y
martes, julio 05, 2005 : Ce Monde, 1964-2005.
Ambos post serán borrados en los próximos días, a reserva de que hubiera demandas a favor de su permanencia.
domingo, julio 03, 2005 : París en invierno
y
martes, julio 05, 2005 : Ce Monde, 1964-2005.
Ambos post serán borrados en los próximos días, a reserva de que hubiera demandas a favor de su permanencia.
viernes, julio 08, 2005
jueves, julio 07, 2005
Ante el terror...
37 muertos y 700 heridos. Hasta hace una hora en londres, tenía dos afectos míos perdidos: Uta y Diego. Uta ya se reportó, está tranquila en su departamentito a unas calles de donde fue la explosión. En el mail que me envió señala: "hay muy poca gente en las calles, de hecho casi nadie. Todavía se escuchan ambulancias y patrullas, pero cada vez son menos. No hay trenes ni camiones, nadie va a ninguna parte. Esperábamos que fuera peor, pero realmente parece que ahora está todo en órden; todo el día he visto el web de la bbc, estoy cansada". No tengo que señalar que su mail me tranquilizó bastante y más aún su actitud ante el terror, no dejarse caer, no entrar en la histeria colectiva, en el caos, en el grito y la desesperación.
Falta tener noticias sobre Diego, mi primo; aunque como él no chambea allá, se la está pasando "bomba" entre las fiestas y el conocer a los artistas londinenses, por lo tanto, no creo que salga de su casa antes de las 11 de la mañana; al menos eso espero.
Falta tener noticias sobre Diego, mi primo; aunque como él no chambea allá, se la está pasando "bomba" entre las fiestas y el conocer a los artistas londinenses, por lo tanto, no creo que salga de su casa antes de las 11 de la mañana; al menos eso espero.
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