viernes, febrero 03, 2006

"Píntame un cordero"



Exposición plástica, velada literaria y música, en la galería Chucho Reyes de la Universidad de Guadalajara en Lerdo de Tejada 2117, el jueves 9 de febrero de 2006 a las 20:00hrs. Evento organizado por la celebración del segundo aniversario de la revista carpeta de arte Casiopea.

El evento consistirá en lo siguiente:

Exposición plástica de alrededor de 25 piezas de mediano formato dedicada y basada en la obra de "El Principito" de Antoine de Saint-Exupéri.

Los artistas confirmados hasta el día de hoy son: Lourdes Covarrubias, Michele Freyría, Nila Pérez, José Zepeda, Felipe Serrano, Alma Albineda, Di Paola Blum, Rocío González "La Chía", Patrícia García, Augusto Metztli, Roberto Aceves, María Inés, Montserrat Ramos, Osvaldo Suárez, Claudía García, Claudía Perenzales, Rocío Gallegos, Victor Joseph, Yolliztli Ruíz, Ismael Fino, Leticia Schmidt, Luis Rodriguez Alvidrez, Julio Sahagún Pentrexyl, Carlos Arriola, Paola Palacios Elisa Ramirez, Rocío Cantú, Daniel Neufeld, Yunuen Ledesma, Cecilia Fernández, Ipsaím Ruiz y Livier Fernández Topete.

Lectura de algunos fragmentos del "Principito" y de textos hechos inspirados en dicha historia. Por los siguientes escritores: Gabriel Torsan, Ramsés Figueroa, Arnau Muría y Georgina Torres.

Música a cargo de la cantante: Ro Jiménez.

miércoles, febrero 01, 2006

Date de Besos

No pido más que un beso:

un beso dador de vida
un beso que quite el sueño
un beso que me demude
un beso que me refresque
un beso que me atormente
un beso que me redima
un beso que me atarante
un beso que me ilumine

Un beso, nada más. Un beso

que me tirite el calor
que no me deje en paz
que fluya por mis labios
por mis rincones,
en mis secretos
Que viva dentro,
fuerte.
Que flote afuera,
suave.
un beso que no se apague
un beso sin prórrogas
que se entregue a domicilio
y tenga llave de la puerta
un beso que no sea a plazo fijo,
ni me llegue envuelto en cuentas
o en cuentos.

No pido más, tan solo, tan sólo, un beso.

Un beso que sea robado
Un beso que sea salado
Un beso que sepa a mí
Un beso que sea de ti
Un beso tabacoso
Un beso cabernet
Un beso de vodka y arándano
Un beso tequilero
Un beso cafetero
Un beso de madrugada
Un beso que no se aprenda
Un beso que no se fije
Un beso que me perdone
Un beso que no reclame
Un beso que llegue solo
Y se pierda en mi boca
y me inunde los sueños

Un beso, no pido nada, tan solo un beso.

martes, enero 24, 2006

Crossroads


Entonces lo básico se concentraba en 10 puntos esenciales para estar tranquila:

  1. Prefiero un buen amigo que un mal novio.

  2. Cuida tu salud, tendrás larga vida y calidad para disfrutarla.

  3. La cama es para descansar, para dormir.

  4. La cocina es centro de reunión.

  5. Ten presente lo que deseas hacer de tu vida.

  6. Ten fé.

  7. Cree en ti misma para que los demás puedan confiar en ti.

  8. Sé buena

  9. Inténtalo otra vez.

  10. El dinero no es la felicidad.

Así, la vida era más sencilla: había deseos reprimidos, porque así debía ser; no fumaba, tampoco tomaba; mi cama era el mejor refugio, sabía perfectamente que siguiendo las instrucciones de la moral en turno, a los 20 estaría casada, a los 22 tendría un hijo y a los 30 estaría celebrando la primera comunión del primogénito. Mi educación religiosa estaba en las manos del Padre Luis y me sensibilizaban, casi hasta las lágrimas, las visitas frecuentes a México, del entonces Papa; mi educación impedía cualquier manifestación de disgusto o inconformidad ante casi cualquier situación; los conceptos “no puedo” o “ahorita” estaban fuera de mi vocabulario y  por lo único que debía preocuparme era por estudiar.

Si todo era tan perfecto, si todo era tan sencillo, ¿cuándo se complicaron las cosas?, ¿cuándo dejé la simplicidad para mejor ocasión?, ¿cuándo me dio por fumar?, ¿cuándo le tomé gusto al sabor del vino, al tequila, al vodka?, ¿cuándo comenzó a ser  más importante un buen faje que un buen cuate?, ¿cuándo cambié la cocina por la cama como punto de encuentro?, ¿cuándo perdí la brújula y me convertí en una estudiante de Letras?, ¿cuándo me descubrí de 30 y soltera?, ¿cuándo empecé a cuestionar?, ¿cuándo empecé a cuestionarme?, ¿cuándo dejé de ponerle buena cara al mal tiempo?, ¿cuándo colgué mis brazos?, ¿cuándo el dinero fue una preocupación?

Debió ser aquella mañana que me descubrió desnuda, esperando tus manos sin ataduras, invitándome un cigarro que no era mío y al que tomé con tanta fuerza entre mis dedos, que me dolió sentirme viva. O quizá fue en aquel beso cabernet que me robaste después de leerme un texto de Neruda que nunca comprendí y tampoco me explicaste. Tal vez fue cuando me confesaste, sin Cristo de por medio, que no podías dar el paso siguiente por si fracasáramos en el intento. Y entonces dejé de pensar en los hijos, en la vida en común, y me quedé disfrutándote por el tiempo que te me quedaras; sin cuestionarte, sin presionarnos, sabiéndonos juntos, queriéndonos juntos, sin tiempo, sin lugares para encontrarnos y creías en la dirección de mi mirada como si fuera la única luz, la única guía para tus pasos defectuosos.

Todo era tan sencillo, que no me di cuenta de que era el interludio para los desvelos, la fiebre, el llanto y las preguntas; rompiste moldes prehistóricos en mi comportamiento y la noche de pronto tuvo soles y el día se vistió de luna, sólo porque estábamos tú y yo juntos. Los preceptos que seguía con la firmeza de los pasos de mi padre, poco a poco fueron quedándose atrás de mí, como si fueran parte de una galería de buenas intenciones y mejores consejos que empezaron a diluirse, sutilmente, como lágrimas bajo un aguacero, como tinta saliéndose del repuesto, como gritos ahogados por el estruendo del tren.

Un día nos descubrimos adultos en el otro. Tu trabajo robaba las horas que me dabas y un espiral de números y citas por confirmar sustituyeron mis manos entre las tuyas. Nos fuimos quedando solos. Y las noches volvieron a tener 8 horas para dormir y los días comenzaron a tener 16 horas para trabajar y hacer un poco de vida familiar. Tus visitas empezaron a espaciarse, las llamadas fueron para disculparnos, las conversaciones parecían concursos de oratoria en los que ninguno prestaba atención al que traía las nuevas de las leyes fiscales o el descubrimiento de aquellos textos inéditos de Mark Twain. Nos fuimos alejando, nos dejamos.

Con nuevos paradigmas por seguir, con nuevas hipótesis por comprobar, una noche me descubrí pensándote casi sin querer, casi sin pensarte, como queriendo recuperar un poco de lo que fui contigo, de lo que fui antes de ti, de lo que soy sin ti.


viernes, enero 20, 2006

Ojalá que el deseo se vaya tras de ti





Y que no se le ocurra volver.
Que no vuelva el tormento,
el infinito desvelo,
insomnio enfebrecido
en manos como si peces
nadando en mi cuerpo.

Ojalá que el deseo se vaya tras de ti

Y que no vuelva sobre sus pasos,
que se olvide de mi,
que deje de jugar
al escondite:
un, dos, tres por mí
y por tu nombre tatuado en mi piel.

Ojalá que el deseo se vaya tras de ti

Porque no puedo seguir deseándote,
porque no quiero desearte más
con este deseo que vuelve a crecer
dentro de mi vientre
y me ataranta
..............y me desvela
...........................y me ataruga
..............y me destapa
y me aletarga
..............y me descubre
...........................hembra

Ojalá que el deseo se vaya tras de ti

Porque es muy feo estar así:
con la mitad de mí dentro de mí
y la otra yo, buscándote rabiosa,
perdida, loca.


Ilustración de Gustavo Aranguiz de la colección "Memorias del Cuerpo"

martes, enero 17, 2006

viernes, enero 13, 2006

No todos son Tom Hanks, o de lo que te puedes encontrar en una vuelta por los perfiles personales de interné.



Tarde de ocio. Fin de un inventario exhaustivo en los que estuve revisando una colección de literatura catalana que llegó a la biblioteca. Estoy en Off. Las intenciones están divididas entre leer el libro más atractivo que llegó con la colección, "Canciones de amor en Lolita's Club" de Juan Marsé; buscar la información que necesito para completar mi trámite de la visa norteamericana o ponerme a dar una vuelta para recrearme el morbo virtual que de vez en cuando me acecha.

Podría en este momento parafrasear al Chiva y decirle que si eligió cualquiera de las dos primeras opciones, mejor ni siga leyendo, pudiera ser que mi morbo se convirtiera en un atentado contra su buena conciencia y la poquita simpatía que ha desarrollado para este sitio se precipitara en un abismo tan negro como mi opinión ante los libros de autoayuda y superación personal que algunos adultos todavía leen como si en ellos pudieran encontrar la justificación ante algunos de sus más perversos devaneos e himeneos.

Pues bien, aclarado el punto, le diré que mi morbo es una fuerza motora muy especial y necesita ser saciada de vez en cuando mediante cualquier medio disponible, en este caso, fue el interné, me gusta pensarlo así, en masculino. El interné: en donde me pierdo y me encuentro, en donde me descubro y me odio, en donde me disfrazo y me hago cierta, en donde me recreo y me aburro. (Cualquier analogía de mi relación con el sexo masculino, es mera coincidencia).

Así pues, puse en marcha mis dedos, un click para ver mi perfil personal y de ahí hacerle click al link marcado como "búsqueda avanzada". Los parámetros que ofrece para ayudar a encontrar a las personas son tan comunes como los que generalmente se encontrarían en cualquier servicio de búsqueda. Los campos que utilicé fueron 5, para ser más precisa:

Sexo: Hombre (por supuesto)
Edad: 30-39 años
País: México
Estado civil: Indiferente.

Si uno está convencid@ de que es cuestión visual, curiosidad mórbida llevada al extremo de los dedos de la mano, el estado o la ciudad donde residan las posibles víctimas es lo de menos, lo importante era ver quiénes suben sus perfiles a internet, qué información manejan, qué ofrecen. Todo el que se anuncia es porque quiere hacerse presente o bien, porque tiene algo que vender. (Habrá que hacer un post relativo a los perfiles femeninos en los que más de alguna se anuncia como prostituta).

Otro click y empieza la búsqueda, cerca de 500 registros aparecen ordenados en 10 páginas siderales. La mayoría son del D.F., otros tantos de Guadalajara, muchos regiomontanos y los menos de estados tan remotos como Quintana Roo, Campeche, Tabahco, Chiapas. Los nicks son lo de menos, la mayoría carece de sentido, nombres tomados al azar, en su mayor parte concentrados en temas eróticos o deportivos, en mitos urbanos o leyendas rurales, como "el coco", "el chupacabras", etc. Las fotografías vienen a ser, lo que para los escritores podrían ser los epígrafes: dicen todo o no dicen nada del que las sube, pero por algo estarán ahí.

Entre los más folclóricos podría manejar a los casados en busca de "experiencias refrescantes", y no es un anuncio de algún refresco, no, se trata de sexo, el tema general entre los perfiles por los que me di la vuelta. Todos buscan sexo, las formas son lo de menos: en línea, por teléfono --incluso hay algunos que dan el número de su celular--, en persona. Por supuesto que muchos de ellos aclaran que sólo buscan "la experiencia", no planean ningún tipo de relación o comportamiento afectivo con quien podría leer su perfil, sencillamente "déjate llevar y mándame un mensaje". De acuerdo, podría dejarme llevar y enviarle el mensaje... regreso a ver su fotografía y me encuentro con un prófugo del show de la barandilla. Desisto. Aunque mi madre me ha dicho muchas veces que lo importante es lo que el hombre lleva por dentro, y puede que esté de acuerdo, hay parámetros, caray... No todo en esta vida se rige por sentimientos... menos cuando el que propone la experiencia me promete tragos de amargo licor, música de banda y motelito barato.

Además del sexo, tan promovido por estos medios, el común denominador entre los perfileros, es que son hombres que anuncian "saber lo que quieren en la vida", qué es eso?, si la vida cambia con el vértigo con el que cambia la delimitación geográfica y política de África, cómo puede un hombre saber qué es lo que quiere en la vida, podrá tener una vaga idea, podrá sostener que se ha preparado académicamente para enfrentar un mundo competitivo, podrá señalar incluso que es un empresario de éxito y que el dinero es lo que menos le preocupa en este momento, pero de ahí a saber lo que se quiere en la vida, me resulta muy confuso, incoherente e inconexo.

Debo aclarar que no critíco el que uno se "promocione" en internet, yo también tengo mi perfil, y defino dos de tres cosas de la personalidad que me sitiaba en el momento de abrir ese perfil, tal vez haya cambiado mucho a estos días, tal vez no; pero queda como recuerdo de lo que fue hasta hace unos meses, días, horas.

Debemos agradecerle a Tom Hanks y a Meg Ryan el que nos hayan sugerido en aquella película "You've got mail", la cual he visto en 4 ocasiones de principio a fin y al final sigo tarareando por varias horas somewhere over the rainbow blue birds sing... la motivación de encontrar esa voz que responda detrás de un monitor a nuestra voz digital, la que pregunta y sueña, la que se enoja y se ríe.

Aunque en lo personal, salvo muy contadas excepciones, sigo creyendo fielmente que no hay nada mejor que ver a los ojos a tu interlocutor, saber de sus gestos, de sus expresiones, del contacto físico, aunque esté lejos de ser erótico, de su olor, de sus manías y sus fobias. Seres de carne, seres de huesos, con quien compartir el cine, el cigarro, la cena, las velas y uno que otro quebranto.

jueves, enero 05, 2006

Rescatando a Elizabet Barret Browning

Für Karsten Essen, der Rhine Knight, mit Liebe.

En el 98 visité Alemania. Fue un viaje realmente alucinante, conocí un poco de todo o quizá llegué a conocer más de Alemania que muchos alemanes. Varios amigos de allá llegaron a reconocer que había recorrido, en tres meses, más kilómetros dentro de su país, de lo que ellos pudieron haber viajado en Alemania durante los últimos 10 años. Pero lo que realmente me traje conmigo, fue a las personas que conocí, uno de ellos, con quien llegué a compartir un poco más que la mesa, el vino y la plática; me regaló un libro de poemas de Elizabeth Barret Browning, (Inglaterra, 1806), el libro estaba en inglés y se llamaba "Sonnets from the Portuguese", hoy lo rescaté de mi librero y tuvo casi el mismo efecto que si hubiera rescatado una fotografía de aquel viaje, de golpe me trajo la risa, las conversaciones en voz baja sobre Octavio Paz, Walt Whitman y John Keats, los silencios que nos hacían cómplices ante el azul mortuorio con que nos cobijaba la luna y el ruido del tren de las 5 de la mañana pasando a unos metros de aquel departamentito de la calle Schrimann, en donde pasamos largas horas escuchando "Das Reihn Gold" de Richard Wagner, o aquel disco triste triste de canciones de amor de Strauss, tan tristes como la mirada de aquellos ojos verdes que me despidieron en la Haupbahnhopf de Mainz y me entregaron el librito para que lo leyera en el avión de regreso a México.

Y esto fue lo que leí de regreso a la realidad pero que me mantuvo en el viaje durante más tiempo de lo que pude llegar a pensar:

V

I lift my heavy heart up solemnly,
As once Electra her sepulchral urn,
And, looking in thine eyes, I overturn
The ashes at thy feet. Behold and see
What a great heap of grief lay hid in me,
And how the red wild sparkles dimly burn
Through the ashen greyness. If thy foot in scorn
Could tread them out to darkness utterly,
It might be well perhaps. But if instead
Thou wait beside me for the wind to blow
The grey dust up,...those laurels on thine head,
O my Belovèd, will not shield thee so,
That none of all the fires shall scorch and shred
The hair beneath. Stand farther off then! go.


VI

Go from me. Yet I feel that I shall stand
Henceforth in thy shadow. Nevermore
Alone upon the threshold of my door
Of individual life, I shall command
The uses of my soul, nor lift my hand
Serenely in the sunshine as before,
Without the sense of that which I forbore--
Thy touch upon the palm. The widest land
Doom takes to part us, leaves thy heart in mine
With pulses that beat double. What I do
And what I dream include thee, as the wine
Must taste of its own grapes. And when I sue
God for myself, He hears that name of thine,
And sees within my eyes the tears of two.

La vida de esta mujer fue un tanto trágica, tal vez se pueda percibir algo de esa angustia en sus poemas, fue traductora y se pasó más de 10 años en una cama debido a problemas en su columna y pulmones. Robert Browning se enamoró de sus escritos --curiosamente conozco a varios que se han enamorado de cómo escriben sus actuales mujeres-- y comenzó a escribirle elogiando sus poemas, en 1846, la pareja huyó a Florencia y Elizabeth recobró la salud. En 1850, se publicaron los Sonetos para el Portugués, dedicados a su marido, escritos en secreto durante su noviazgo. Fue una luchadora por la libertad intelectual de las mujeres y apoyó la unificación de Italia. Murió en Florencia en 1860.

martes, enero 03, 2006

Para empezar el año...


No cantaré una canción que te haga daño, lo prometo. Tampoco comenzaré diciendo "el año pasado...", no, para empezar el año te voy a dedicar estas líneas, sabiendo de antemano que si acaso llegaras a leerlas de poco o nada servirán; al menos para ti, que tanto tiempo te has aferrado a vivir aquí adentro. Empezaré por decirte que te agradezco los años que has pasado dentro de mi, también tengo que agradecer las veces que he sentido que te me quieres salir --curiosamente en esas ocasiones te he sentido más nítidamente que cuando vives apaciguadito entre mis vísceras--, tu funcionar casi perfecto, el arrullo que me proporcionas cuando me concentro en tus movimientos en cada insomnio que has provocado... o que ha provocado el cerebro al desvelarme pensando qué hacer contigo. Hay tanto qué agradecerte... el que definas filias de fobias, esa punzadita que me saca de mi letargo habitual cada que algo me regresa al animal de sentimientos que muchas veces he presumido ser.

Empezando el año, dicen que es bueno hacer propósitos, tú y yo nos conocemos y sabemos que eso nomás no se me da, así que no propongo nada en concreto, lo que sí es que intentaré ser más benevolente contigo, no tratarte como lo he venido haciendo de un tiempo a la fecha, siempre molestándote, lastimándote, hiriéndote... sí, ya me convencí que si bien eres un músculo, no tienes porque acostumbrarte al dolor... intentaré llevármela leve, apapacharte, hacerte sentir bien, no atormentarte ni discutirte las decisiones que vayas tomando; le diré al cerebro que se ponga en paz de vez en cuando y te deje hacer lo tuyo cuando sea necesario.

Para empezar el año, me reconcilio contigo y conmigo, sé que estarás uraño un tiempo, sé que no me crees del todo y tienes razón, pero a fuerza de años una se va dando cuenta de que la riega y de que a veces es bueno respirar profundo, detenerse un poco, dar un vistazo a lo andado y ver si todavía es tiempo de retomar el camino más sencillo, el que menos lastime, el que más nos conforte, el que mejor nos haga sentir, que a fin de cuentas, todo es un juego de sentir.

viernes, diciembre 16, 2005

Ególatra


Si ya hace mucho frío, pero hoy amaneció soleado.
Si tienes algo que estrenar.
Si ya depositaron el aguinaldo.
Si hay dinero en el cajero.
Si te lavas las manos y hay una toalla a la mano.
Si pasó el perro del vecino y no se orinó en tu arbolito.
Si te tocaron todos los semáforos en verde.
Si no se estancaron los carros en donde regularmente se estancan.
Si encontraste lugar donde estacionar tu automóvil en la puerta de tu trabajo.
Si todos te saludan con buen ánimo.
Si el café te sabe excepcionalmente bien.
Si recibiste la llamada que no esperabas.
Si vas a hacer el amor hoy por la noche.
Si comiste lo que se te antojó.
Si llegó el amor a tu vida.
Si se fue quien debía salir de tu vida.
Si entraste / saliste y no chocaste con nadie.
Si te pareció ver un ángel tomando un taxi,

No te extrañes.

Hoy es mi cumpleaños y por eso todo es correcto.

33


33 años de vida
33 motivos para celebrarlos
33 shots de vodka en las rocas con arándano y limón
33 besos que me dieron sin pedirlos
33 caricias que me tatuaron
33 olvidos que se me olvidaron
33 lágrimas que no salieron de mis ojos
33 deseos impostergables
33 sueños que me despertaron en la madrugada
33 libros que me definen
33 ideas que me vuelven loca
33 líneas que dijeron casi todo
33 tentaciones que me ruborizan
33 orgasmos que me hicieron infinita
33 estrellas que me hipnotizaron
33 latidos que me hicieron sentir viva
33 puntos que cerraron el lugar por donde surgió la vida
33 rizos furiosos que me recuerdan cada mañana por qué no sé peinarme.
33 películas que he visto más de una vez
33 canciones que me han hecho tripear
33 ciudades que no conozco
33 ciudades que han sentido el peso de mis pasos
33 chocolates que me han consolado
33 sentimientos por definir
33 sensaciones por sentir
33 verdades que me han sacudido
33 mitos que no he resuelto
33 años viviendo donde mismo
33 primaveras de mañanas limpias y flores amarillas.
33 veranos de tormentas y pies descalzos
33 otoños rojos, brillantes, con vientos moderados.
33 inviernos fríos, secos, y algunos de ellos solos.
33 lunas que han acompañado mis madrugadas
33 situaciones que me han hecho más fuerte
33 momentos que me han devuelto la infancia
33 bendiciones por cada uno de los años que hoy se cumplen.

martes, diciembre 13, 2005

Stand-by

Diciembre, si bien a uno le da gusto que llegue, a mí en lo particular me provoca cierto vértigo; es el único mes del año en el que tengo una fecha límite, a dead-line time para entregar todo lo entregable, todo lo escribible, todo lo que no se hizo durante 12 meses.

Este fin de año, si bien no llegó la lana que esperaba, llegó una impresionante lista de informes a presentar el próximo jueves, por lo que en vía de mientras, los invito a que me relean o lean algunos de los blogs amigos (lito, rencoria, yohualli, lord cheselin), o me esperen pacientemente sentados con un cafecito-chocolate-champurrado-atolito-tequilita-whiskito-sidra-cogñaquito, un buen suéter porque está haciendo mucho frío y la mente abierta.

No se preocupen lectores amigos, si en un arrebato de nostalgia por lo que no he escrito, quisieran alcanzar mi cuello con sus manos e intentan estrangularme, es comprensible, y si en algún momento los imagino en tales circunstancias, procuraré no poner demasiada resistencia, dejarles hacer, para que al menos les quede la sensación de que una vez muerta, no hay por qué esperar que escriba nada más, nunca más.

Tal vez la solución, para evitar tales desvaríos es que busquen compañía este diciembre, para que no estén tan al pendiente de lo que pueda decir o no en este espacio en el espacio creado por el gusto de intentar perpetrarme a través de la transgresión de sus ideas, fantasías, sueños, deseos, pensamientos y sentidos.

lunes, diciembre 05, 2005

Decembrino


Y llegó diciembre, y con él los rollos navideños. Si bien el año pasado argumenté con mis amistades más cercanas que me esperaba la mejor navidad de mi vida gracias a la llegada a mi vida de la princesa de los rizos furiosos, este año en parte creo que será más o menos igual, salvo algunas –27, para ser más exacta-- pequeñas excepciones:


1. El año pasado me dieron en el trabajo una suculenta gratificación económica que permitió que me fuera 2 semanas de vacaciones a Puerto Vallarta. Este año, si tengo suerte, me llegará el aguinaldo completo.


2. Ergo, este fin de año estoy totalmente en contra de los bonos navideños.


3. Mi tío C, el preferido por mucho, aunque a muchos les duela, decidió exiliarse a L.A., víctima de una depresión monumental.


4. Mi primo D, anda divorciándose y extraño el no ver a mi sobrino favorito y a la buena amiga que ha sabido ser su exesposa.


5. No he podido hacerle ver a ciertas personas que el Pavo Horneado Congelado y vendido en WM, G, CM, etc., está congelado desde antes del que se comieran el año pasado.


6. Temo que el pavo horneado, comprado en las cadenas antes mencionadas, volverá a ser la comida favorita en esta temporada.


7. No cumplí ni la tercera parte de mis propósitos de 2004 y 2005. Empiezo a creer en el concepto de “bolsa acumulable”.


8. Se fundió una de mis series favoritas de foquitos rojos.


9. Se descompuso mi horno de microondas.


10. Mi cafetera está fallando.


11. El invierno viene frío y los hombres nomás no llegan. Pienso empezar a poner algún tipo de señalamiento, de mensaje: “duermo sola y con la ventana abierta, casa absurdamente naranja, altura del balcón: 2.5 mts., soga “piñatera” atrás de la segunda maceta abriendo el cancel, no se preocupe por el perro, es amigable”.


12. Conozco a una señora que anda toda tensa tensa por su próximo viaje al extranjero, tan tensa que pelea o se enferma y eso me deprime.


13. No llegó el hombre de mis sueños a mi vida. Llegaron muchos otros, pero menos al que estaba esperando y que me auguró una gitana.


14. Tampoco llegó el hombre de mi vida a mis sueños, por si tenían curiosidad al respecto.


15. Señora Gitana: si es cibernauta y de casualidad o causalidad puede leer este textículo le informo, no sin pesar, que el hombre moreno que vio en las cartas que interpretó para mí, no está interesado en tener otro tipo de relación con quien suscribe, salvo que sea amistosa.


16. Señora Gitana (2): si ya leyó el punto anterior, tendrá que leer este: el hombre blanco, que vive cerca de Guadalajara, y que usté auguró como “regalo de la vida”, este año no llegó y la verdad no sé si valga la pena esperar otro regalo por parte de la vida.


17. Empiezo a no creer en las gitanas.


18. Mi mano no me dice nada.


19. El punto anterior no es una insinuación erótica, es una afirmación literal: mi mano no tiene nada escrito en su palma. También me lo dijo la gitana.


20. No pienso tener propósitos para fin de año. Con la bolsa de los dos años anteriores es más que suficiente.


21. No hay muérdago en mi casa ¿pa qué?


22. La decoración navideña se la dejé a mis papás.


23. No podré comprarme mi botella de Chivas 12 años.


24. Mitigaré el frío con Tequila don Valente, manufacturado en Arenal, Jalisco.


25. Mi lectura para la vacación: “Mujeres que aman demasiado”, he descubierto a partir de las letras de mi nueva mentora: Robin Norwood, que soy adicta a las relaciones difíciles porque:


a) Como me aterra que me abandonen, hago cualquier cosa para evitar que una relación se disuelva.

b) Casi ninguna cosa es demasiado problemática, tarda demasiado tiempo o es demasiado costosa si “ayuda” al hombre con el cual estoy involucrada.

c) Acostumbrada a la falta de amor en las relaciones de pareja, estoy dispuesta a esperar, conservar esperanzas y esforzarme más por complacer.

d) Estoy dispuesta a aceptar mucho más del cincuenta por ciento de la responsabilidad, la culpa y los reproches en cualquier relación.

e) En una relación, estoy mucho más en contacto con mi sueño de cómo podría ser que con la realidad de mi situación.

f) Soy adicta –uuuy, qué palabra tan terrible—a los hombres y al dolor emocional.

g) Al verme atraída hacia personas que tienen problemas por resolver, o involucradas en situaciones que son caóticas, inciertas y emocionalmente dolorosas, evito concentrarme en mi responsabilidad conmigo misma.


26. Pienso ensayar e intentar distintas maneras para entrar en estado cosificado y que parezca que no me entero. Por lo tanto advierto: si me hablas y no te pelo, si me buscas y no me encuentras, puede que esté ejercitando mis facultades cosificativas, no es que no te quiera hacer caso.


27. El número de excepciones es como el melate, acumulable.


Nota aclaratoria: Todo aquel o aquella que se sienta identificado con alguno de los puntos o personajes expuestos, ha acertado, se habló precisamente de ustedes. No piensen que me voy a justificar con decirles que “no es personal”, todo lo que se haga, se diga o se piense dentro de este blog es personal, aunque sea personalmente figurativo, imaginativo, fantástico. Por favor, considérense afortunados por haber sido mencionados en un blog que trasciende fronteras de tiempo y espacio. Gracias.

viernes, diciembre 02, 2005

De risa o muerte...


Tan peligroso es
que se nos vaya la vida
en cada letra que escribimos,
en cada palabra que decimos,
en cada pienso que nos atormenta,
como el poner la vida
en el sexo con/sin amor,
en la Rayuela de Cortázar,
en la maldita canción
que nos hace tripear
una vez que nos encuentra
en la mitad de la radio.

...Mejor fuera que se nos fuera la vida así, muriéndonos de risa.

Para el Mostro, por lo que me hace decir, reír, sentir y pensar. (Pensado con anterioridad en Yohualli.blogspot.com, noviembre durante la FIL)

jueves, diciembre 01, 2005

FILings...



Sigue la FIL y yo sigo con ella, pero es necesario hacer una pequeña pausa, breve, sólo para recapitular un poco lo que me ha traído la FIL este año y que creo ha sido más de lo que me ha regalado en 12 años de asistencia ininterrumpida.

z) El domingo 27 de noviembre se presentó en el salón Agustín Yáñez del centro de negocios de la Expo, la revista CASIOPEA, en la cual tuve el privilegio de participar con un pequeño pero divertido cuentito. La invitación la hizo el buen Gabo, mi primo del alma, y durante más de un mes me olvidé casi por completo de que había sido requerida para esta publicación. Debo reconocer que salvo uno o dos comentarios que había escuchado de voz de Gabriel sobre la revista, nunca antes la había visto. El concepto es novedoso: se tiran 40 ejemplares, nada más, con obra original de artistas plásticos de Guadalajara; en esta ocasión y a consecuencia de la FIL se invitaron a escritores a participar y tuve el honor de estar entre las invitadas. Durante el evento se improvisó la lectura de algunos de los cuentos y poemas que fueron incluídos en la revista, me sorprendió gratamente que una peque de 6 años estuviera participando también en la revista. Lo mejor, pero realmente lo mejor fue:
  1. que mi gran y maravillosa amiga Lula me hubiera acompañado.
  2. que el buen Fletes también se hubiera dado una vuelta por allá y que me "animara" para leer el cuentito.
  3. haber conocido al maravilloso Víctor Joseph, quien ilustró con un fotograma el texto y quien es realmente maravilloso. Gracias Víctor, mil gracias otra vez.
  4. haber conocido a Ramsés Figueroa, otro gran personaje de la literatura tapatía, súper agradable, súper chambeador, muy chido. Seguiremos en contacto, mi estimado; fue un privilegio colaborar con el equipo de Casiopea.
  5. haber sabido y escuchado, después de conocerlo durante 10 años, de la risa de Arnau.

y) Luego, el 28 de noviembre comenzó, también adentro de la FIL, el Coloquio de Bibliotecarios, saludé a Sergio López Ruelas, Martha Enciso, Helen Ladrón de Guevara, etc., etc. amigos y compañeros de vocación durante el tiempo que he estado involucrada con los libros y los servicios bibliográficos. Fue un gustazo volver a verlos.

x) Por la tarde, el mismo lunes, tuvo lugar la primera reunión de bibliotecarios de la Red de Bibliotecas Especializadas en Ciencias Sociales, en El Colegio de Jalisco. Debo reconocer que siendo anfitriona no dejaba de sentir cierta tensión al invitar a LOS GRANDES, como lo son el Colegio de la Frontera Norte, El Colegio de México, El Instituto Mora, El Colegio de Michoacán; sin embargo, durante la reunión pude darme cuenta y agradecer infinitamente, que contrario a mis temores, nadie padece síndrome de "diva" entre los bibliotecarios; todos demostraron una actitud abierta y con muchas ganas de trabajar en equipo. De esta reunión se formó una mesa directiva y varias comisiones, así que nos espera un 2007 de mucho trabajo. Entre las personas con quienes conviví más y con quienes me identifiqué más, fueron Carlos Arellano, director de la biblioteca del Mora y Martha Hano, coordinadora de colecciones del CIDE, ojalá pronto nos volvamos a encontrar en Zamora para las jornadas o en la segunda reunión de la red.

w) Sigo caminando entre los pasillos de la FIL, y el martes me topo con el colectivo editorial Letra Negra, un grupo de chavos centroamericanos, libros de calidad, editados por manos y mentes jóvenes; fue un gustazo compartir el vino con Mauro, Víctor y Armando; espero logren encontrar un espacio en México y que nuestro sueño de colaboración en conjunto se concrete a corto plazo.

Hasta aquí voy en la FIL, conociendo, reconociéndome, inventando y reinventándome. Comprando libros que juré que jamás leería, revoloteando entre editores, sonriendo, viviendo, pero ante todo y sobre todo, caminando, caminando mucho aunque nunca sea realmente demasiado.

lunes, noviembre 28, 2005

De Reencuentros


"la fil es como la familia que tenemos fuera de la ciudad: la esperamos todo el año y cuando llega, ya queremos que se vaya..." Toño Venzor, durante alguna plática en la Sala de Prensa de una de las muchas FIL que hemos compartido.

Desde el sábado en la noche quedé de acuerdo con los Payes de endosarles a la hija el domingo. Lavinia se despertó a las 9:00 y entre que quiso escuchar su "múkika" y se puso a jugar un rato sobre mi cama, nos dieron las 10 de la mañana, por fin, el hambre le hizo ruido en el estómago y bajamos a desayunar, huevo, tortillita, pan dulce, cafecito... todo como buen domingo. Terminando de desayunar subimos a vestirla para que se fuera a la granja con los abuelos y dejara a su madre preparándose para el reencuentro.

Porque aunque muchos me digan que la FIL es la feria más importante de libros a nivel nacional, que es una exposición bibliográfica comparable con las mejores de Europa y todos los motivos lógicos, profesionales, comerciales e intelectuales que le quieran dar, la verdad, acá entre nos, entre compas que somos, la FIL es un reencuentro. Desde que uno pisa la explanada de la Expo se empieza a encontrar con gente que "ya había visto en otro lugar" y el juego mental de "dónde lo he visto, dónde lo he visto..." termina siempre en sonrisa o en un "qué guey estoy": pos aquí, en la FIL el año pasado... pos sí, mi chavo, ¿en dónde más? y aquí es importante hacer un paréntesis para hacer una breve relación de las personas que casi todos los que vamos a la FIL hemos conocido:

-La señora de las papas fritas que se pone justo abajo del espectacular gigante
-Los hippies postmodernos que venden velas aromáticas también sobre la explanada.
-El cuate alto del turbante naranja-blanco.
-Carlos Monsiváis -con su chamarrita de mezclilla y su consabida greña-
-Raúl Padilla rodeado de edecanes siempre buenísimas.
-Toño Venzor
-Los trajeados
-Los darketos
-Las chicas FIL: pantalón de mezclilla viejo, zapatos viejos, blusa de cuello de tortuga, bufanda rastafari, cabello sucio y enmarañado, vasito de café en la mano izquierda y cigarrito entre los dedos índice y medio de la derecha, caminado indiferente, mirada perdida, y gorila flaco e indiferente caminando a su lado.

Y entonces, cuando uno va caminando y se va reencontrando con todos estos personajes, si bien la excitación inicial va diluyéndose entre el ruido natural de la feria y las voces en acentos variadísimos con los que uno va chocando, mezclándose, en ese momento todo parece tomar el orden necesario, la dimensión propicia para sentirse como en casa. Aquel bodegón inmenso, con carriles y carriles de stands, viene a ser como el patio donde llegan a recrearse los niños: venimos a ver libros, a tocarlos, a manosearlos, a sobarlos, a olerlos, a ver si no nos cachan y nos podemos meter entre la ropa la edición bilingüe del Ulises de Joyce, o la antología de Borges, o el Varón Rampante de Italo Calvino... tantos que han estado en una lista durante al menos 12 años y nunca me he animado, debo confesarlo, a hacer como que se me pegó al forro del saco, de la chamarra, de la bolsa... triste egresada de Letras que nunca ha podido salir de la FIL con algo que no haya comprado, salvo la cantidad inigualable de folletos y periódicos que a uno le regalan a lo largo de las visitas de todos los días.

Este año la FIL me trae a Perú: César Vallejo, Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce-Echenique, entre un montón de escritores más. Me trajo mi publicación en CASIOPEA, revista-carpeta de arte; y como a penas va empezando, no puedo decir qué más me dará o me quitará, habrá que darle su tiempo y su espacio y al final ver cómo terminamos. En este inter, me pongo los zapatos cómodos, la ropa holgada, me cuelgo la mochila, y me dispongo a caminar, a perderme durante 7 días por los pasillos torcidos de FIL.

jueves, noviembre 24, 2005

Presentación de Casiopea

Presentación de CASIOPEA
Revista / carpeta de arte
>Conversación entre un plástico y un escritor<
27 de noviembre, 20:00 horas.
Salón Agustín Yáñez en la Feria Internacional del Libro, FIL.

Artistas invitados: Nino Magaña, Ramsés Figueroa, Antonio Cisneros, Ruiz Rojo, Alessandra Tenorio, Lourdes Covarrubias, Belinda Medina, Roberto Zamarripa, Carlos Varela, Irene Pérez, Dante Medina, Maldonado, Georgina Torres, Víctor Joseph, Hilda Figueroa, Patricia García, Antonio Marts, Sandra Carvajal, María Luisa Burillo, Diana Martín Segura, Melissa Cisneros, Sergio Araht, Gabriel Sánchez, Raúl Bañuelos, Augusto Metztli.

miércoles, noviembre 23, 2005

Llegando a los 33


Es una bendición el no tener líneas de expresión en el rostro.
Es una aberración que me siga gustando comerme el duvalin sin palita.
Es una fantasía el que llegue el amor a mi vida.
Es karmático que sigan invitándome a romper la piñata.
Es una frustración crónica el haber crecido sin abuelos.
Es una locura seguir trabajando en donde trabajo.
Es una cosa fantástica haber aprendido a manejar automóvil estándar.
Es una maravilla que mis padres se sigan preocupando por mí.
Es muy placentero despertarse en la mitad de la noche y no darle mayor importancia.
Es angustiante la necesidad de estar preocupada por alguien.
Es siempre indecente la línea escrita después del sexo.
Es fascinante mi parecido con la hija.
Es triste no dedicarle más tiempo a mis filias.
Es mórbido contestar una llamada después de las 12 de la noche.
Es una delicia despertar acompañada en cama propia o ajena.
Es mágico el irme descubriendo en lo que he escrito.
Es una tontería no darle crédito a mis ideas.
Es extrañísimo dejar guardada a la imaginación.
Es sugestivo delinear mis ojos y mis labios.
Es (sigue siendo) pecado el pan, los chocolates, la coca-cola, las pastas.
Es un cumplido que me digan que me veo más joven que mi hermana menor.
Es una perversión pensar en otros fines para el Hershey’s, las fresas y la crema batida.
Es hilarante que las amistades de mis padres me sigan viendo como “la niña”.
Es un acto de tenacidad, para los demás, mi manera de proceder ante ciertas situaciones.
Es inaudito el que me gusten los huevos revueltos aderezados con catsup.
Es de buen gusto el sonreír, mirar a los ojos y ser atenta con los demás.
Es un escándalo cada texto erótico que publico.
Es inconfesable mi soledad a crédito.
Es inconfundible mi risa entre la gente.
Es impensable el viajar más de 2 meses continuos.
Es insólito el uso que se le puede dar a un chocolate.
Es inconveniente dejar de soñar.
Es meritorio seguir preguntando.
Es común que me aburran los adultos.
Es oportuno reflexionar sobre lo que se ha dicho.

La Gripa(e)

Una terrible Invasión de bichos minúsculos pero no menos letales, ha tenido lugar en Torreslandia, motivo por el cual las ideas están sitiadas y los piensos por más que lo han intentado, parecen más bien aletargados ante la presión craneal provocada por la congestión nasal.

Será cuestión de uno o dos días para volver a tener la mente libre de obstáculos fisiológicos que me dejen escribir más o menos legible, más o menos coherentemente.

Me retiro a tomarme mi tecito, mi pastillita, mis 2 litros de agua, andar bien cobijada, darle tregua al tabaco y permanecer lo más tranquila que se pueda a 4 días de la presentación de Casiopea y 5 del maratón FILístico, que este año me trae a Alfredo Bryce-Echenique, César Vallejo, Mario Vargas Llosa... promete más que la del año pasado y lo agradezco a pesar de la gripa, del estornudo y la congestión.

lunes, noviembre 21, 2005

El que quiera
azul celeste
que se acueste.

Carlos Pellicer

viernes, noviembre 18, 2005

De regazón y cosas piores...

Entonces resulta que una va metiendo la pata, regándola, jodiéndose de a poquito… pero también es un hecho de que una no se da cuenta de la situación, hasta que tiene el agua o la mierda hasta el cuello. Una empieza como jugando, como no queriendo la cosa, a regarla, no se da cuenta hasta dónde le está permitido llegar, en dónde están los límites… de hecho no se da cuenta si hay límites, cree que todo está permitido, que todo es parte del juego y un buen día, cuando el sol está totalmente desperezado en lo alto del cielo, cuando los pájaros cantan encerrados en su felicidad matutina, cuando los árboles se van pintando de amarillo y el viento empieza a ser más frío, más de invierno, ese día cuando todo parece que la vida seguirá su rumbo, su tiempo, su risa, todo se detiene y empieza a retroceder. La tahona empieza a dar la vuelta en dirección contraria y el jiote, el que ya fue machacado una vez, ve con temor que viene de regreso esa mole de madera, esa trituradora viene una vez más a pisarlo, a lastimarlo… pobre jiote, él que pensó que ya la había librado, que pronto sería feliz desecho en el campo, resulta que la tahona se está regresando y lo volverá a pisar, le dará una segunda o una tercera vuelta y volverá a sufrir de la opresión, del sentimiento de no ir a ninguna parte, de no tener salida ni remedio.

Y entonces, una se da cuenta de que se ha perdido terreno, y quiere creer que sería bueno tener “de lo perdido lo recuperado”, pero sigue doliendo, sigue la espinita de querer gritar que son chingaderas, que las cosas pueden ser más maduras, que si no se entendió el juego es porque no se quiso entender como lo que era, un juego tonto…

Me queda recoger mis juguetes, irme al jardín y divertirme yo solita; es invierno, el frío ya me está llegando a los huesos, pero no pienso entumirme, voy a seguir jugando, voy a seguir queriendo, yo sólo quise jugar pero creo que mi compañerito de recreo era demasiado serio, demasiado formal para los juegos que quise inventar con él.

Me duele el retroceso, la pérdida de alguien con quien había logrado identificarme en la risa, en el llanto, alguien con quien había logrado una comunicación de fondo, esencial… pero cuando una la riega de esta manera… ¿qué sigue?, cuando una se da cuenta de que fue una gran ofensa lo que se consideró travesura, risa compartida… ¿qué se hace?, ¿cómo se sigue adelante?...

No me quiero amargar, ni amargaré tampoco al lector, al fiel lector que me lee de cuando en cuando, usted lector, que no ha dejado de llegar hasta esta tierra en donde se ha enterado de deseos, sueños, discusiones y tormentos, no le amargaré el día, le contaré el chiste del pollito que se llamaba Resistol, que se cayó y se pegó, o el chiste al revés: primero ríase… ya ve qué fácil?, verdad que no lo he amargado?, verdad que no le destrocé su día?, usted ríase, lector amigo, lector cómplice, lector de minutos en los que le comparto, el día de hoy, dos chistes malos por una buena idea de lo que significa quedarse, otra vez, sola.

jueves, noviembre 17, 2005

Último Tango en París


Para intentar el amor pasajero
es necesario borrar el pasado,
no decir nombres,
inventar lugares y personas:
"señora sin tiempo y sin espacio",
"caballero del pene sin historia",
"vagina estelar", "culo del cielo",
"señora de la luz adormecida",
"príncipe de las penetraciones",
"senos que todo lo dicen",
"ojos que callan",
"corazón que no siente",
"pantera", "gata", "cerdo",
"burro incansable", "olor",
"cisterna abierta", "áureos cojones",
"coño de las consolaciones",
"soledad para la soledad",
"felicidad sin nombre",
"compañerita de los recreos",
"sombra mía", "sombra tuya",
"todo y nada...",
y refugiarse en la casa del sexo,
llevando entre los dientes
un caudal de adjetivos delirantes.

Lo único que debe ser real
son los cuerpos libres
para el encuentro y el desencuentro,
el tibio escondrijo,
los lugares ocupados
por el olor carnal,
el lecho del tamaño del deseo
para intentar todas las caricias
y confundir las pieles
en el largo sudor
que resplandece
en la media luz
de las cortinas de la tarde.

Intentarlo, intentarlo,
aunque al final de todo
venga la muerte
a descascarar su risita irónica
y las calles se borren
y el cuarto de los secretos
flote vacío en la noche de la ciudad.
Nada pasó: los que se conocieron
eran desconocidos
y ese amor de instantes
fue un tango absurdo
en el salón tenebroso;
un bello salto en el vacío.

Hugo Gutiérrez Vega.

miércoles, noviembre 16, 2005

Dimmi, che fai, Silenziosa Luna?


Che fai tu, Luna, in ciel?
Dimmi, che fai, Silenziosa Luna?
Sorgi la sera, e vai,
contemplando i deserti; indi ti posi.
Ancor non sei tu paga di riandare i sempiterni calli?
Ancor non prendi a schivo,ancor sei vaga di mirar queste valli?
(de "Canto notturno di un pastore errante per l'Asia" 1829-1830 G.Leopardi)


A veces se me viene una necesidad inmensa de compartirme con la Luna o de compartirla con alguien. Durante la madrugada de hoy desperté varias veces y en cada ocasión tuve que checar el despertador pensando que sería hora de levantarme. No fue así, el resplandor que podía observar desde mi cama, la iluminación azul mortuoria, me la daba la Luna; adiviné que estaría justo encima de mi balcón y me aventuré a asomarme por la ventana --quien suscribe reconoce que le da pavor acercarse a la ventana por la noche, cuando todo es oscuridad y teme encontrarse con ella misma ante el reflejo de la nada--, con un insomnio casi programado y sin tener nada mejor qué hacer, fui hasta la ventana y observé que Marte se está alejando, que Venus se lo agradece y que la Luna, mi Luna llena de noviembre me estaba esperando y estaba casi tan sola como yo.

No estoy pidiendo compañía.

El comentario va más lejos o más cerca, hoy mi mostro me preguntó si en alguna ocasión le había regalado la Luna a alguien, porque él lo había hecho varias veces... me quedé pensando sobre el regalote y creo que no la he otorgado todavía, al final ¿qué sería de mí sin ella?; tal vez la haya compartido, haya enviado algún mensaje haciendo hincapié en la sonrisa de la luna o en su desaparición temporal del cielo... pero creo que todavía no la he regalado. Creo que sería un regalo sumamente importante. Tal vez se la podría regalar a mi hija, pero los hijos se van y corro el riesgo de que se la lleve con ella, tal vez se la podría regalar al próximo amante que acompañe algunas de mis noches, pero el amor no es para siempre y correría el riesgo, de nueva cuenta, de quedarme sin ella.

Al final la única opción que me queda es quedarme sola con la Luna, compartir mi soledad con ella, que siga sabiendo de mis secretos y deseos no confesados todavía, que me siga viniendo a visitar cada noviembre, cada diciembre o cuando se le pegue la gana, que la Luna sólo se me aparece cuando tiene algo importante que comunicarme o cuando sabe que tengo reflexiones que compartirle...

Magnolia

Recuerdo que Magnolia quería ser monja. Ella me lo dijo una tarde debajo del árbol que está en medio del sembradío. “No seas necia”, le dije, “las monjas son vírgenes y después de las revolcadas que nos hemos dado, ni la conciencia tienes intacta”. Ella se quedó callada, mirando lejos. Se levantó de mí en silencio y sin verme se acomodó la blusa, la enagua y se calzó los guaraches. Finalmente me miró con sus ojos negros y la cara roja, perlada por el sudor. “No seas bruto. ¿Te acuerdas de Esperanza? Ella se metió de monja y llevaba una criatura en su panza. Entonces, ¿por qué no me puedo meter yo?” Y sonreía con esa sonrisa que traigo todavía metida hasta bien hondo en la cabeza. La misma que le quité cuando la besé sin permiso la primera vez que la vi, debajo del árbol entre las vacas que yo traía.
Pesado me levanté y me paré atrás de ella. Su respiración se volvió violenta y pude ver sobre sus hombros el sube y baja de sus senos bajo los holanes de su blusa. La rodeé con mis brazos por la cintura. No se movió, luego le besé la nuca y ella dobló su cabeza hacia atrás y casi sin oír escuché que me decía. “Táte sosiego, voy a ser monja”.
Fue la última vez que nos vimos bajo el árbol. En una ocasión creí verla en misa de doce, pero al salir del templo no la volví a mirar. En el pueblo nadie me dijo nada, o casi nada. Sólo me enteré que sus padres tienen en la casa un sobrinito que les llegó de fuera y que tiene los mismos ojos de su tía Magnolia. Pero, yo me acuerdo que Magnolia me dijo que quería ser monja.

lunes, noviembre 14, 2005

De regreso La Inspiración



Fueron varios días de no saber de ti, me concentré lo más que pude en mi trabajo, en mis lecturas, en cualquier cosa que no me llevara al impulso macabro de hacer una llamada para acercarte un poco más, para traerte de regreso a mi voz, a mis ojos, a mis oídos.

Fueron varios días en que anduve como alma en pena, buscándote, pensándote, deseándote...

Y la noche no me dijo nada
y la madrugada me vistió de frío
y el sol de la mañana me descubrió desnuda
yo no dejé de pensar en ti.

Fueron varios días en que te pensé fumando, pensando en lo que vas a hacer conmigo, o pensando que no quieres pensar en lo que vas a hacer conmigo, o simplemente te pensé fumando sin pensar en nada en concreto, sin pensar en mí.

Fueron varios días los que te me perdiste, como jugando, como haciéndome la travesura para ver cómo reacciono, cuánto te extraño, cómo me las arreglo en este breve ensayo de una ausencia más larga...

Estás de regreso y tengo que confesarte que anduve días y noches: noctámbula, funámbula, sonámbula...

Qué bueno que regresaste, como diría la canción: "a mí se me afiguraba, que no te volvería a ver..." qué bueno que sigas guiando las letras y los piensos, los pasos y los sientos.

viernes, noviembre 11, 2005

Nostalgia de Agua


¡Qué bueno que se murieron!, qué bueno que ya no están aquí para ver en lo que queda su recuerdo. Mi abuelo hablaba de olas y mi abuela de horas. ¡Qué bueno que ya no están aquí, de veras! Esto se fue poniendo feo hace mucho tiempo, cuando tú, abuelita, decidiste morirte para no ver lo que le está pasando al lugar donde comenzaste 35 años de amor no apresurado.

Recuerdo que siempre veníamos el primer fin de semana de agosto para celebrar su aniversario de bodas, este paseo lo seguimos haciendo incluso muchos años después de que se murió mi abuelo. En vez de misa o fiesta con los hijos y los nietos, cargabas con toda la familia a Chapala. Nos íbamos primero a comer a “La Chata”, y después pasábamos el día a la orilla del lago, escuchando la misma historia tuya de cada año, la misma canción Azul cantada por un trío del mismo color, mientras tus hijos comían charales con chile y limón, y tus nietos nos enlodábamos en la playa, dando poca atención a tus suspiros, y, si estaba nublado, a tus lágrimas.

Muchas veces me contaste la historia de cuando tú y mi abuelo se casaron, fue un día de sol de agosto por la mañana, porque no había dinero para casarse en la tarde, y al mediodía tomaron el tren a Chapala. Llegaron al hotel Nido y ahí estuvieron tres días con sus noches, y cuando el dinero no dio para más regresaron a Guadalajara. Pero con eso bastó, según contabas, Lupe, para hacer al primero de mis tíos que murió casi al nacer. Ahí empezaron tus dolores, entonces comenzaste a contar las horas, cuando nació el primero de los Carlos y se te murió casi luego luego. No hay nadie que nos diga cómo era el niño, ni siquiera tú Lupe nos pudiste decir a quién se parecía. Pero me imagino que si lo hicieron en Chapala, ha de haber tenido los ojos verdes o azules, como los ojos del Lago, como los ojos de mi abuelo, y si se murió tan chiquito, de seguro que su piel también fue color de lago.

¡Qué bueno que se murió también el primer Carlos! él sí entendió que todos hablaríamos de que cuando él nació el lago todavía hacía ruido de olas, y los pescadores todavía regresaban con sus redes cargadas de promesas a los que se quedaban esperando en la orilla. Qué bueno que se murió y no tuvo tiempo de ver tanta arena, qué bueno que no vivió para compartirnos su nostalgia de agua.

¡Qué bueno que se murieron todos!, qué bueno que ya no viene nadie a evocar amores o hijos perdidos. Mis abuelos ya no tienen olas ni horas que contar en este lugar y yo ya no tengo historias que recordar. El lago se lleva todo, olas, horas, historias... Que se queden con él. Que los sueños que aquí empezaron aquí terminen. Que la nostalgia se guarde de los muertos y los muertos del agua en que anegaron su tiempo, que a nadie le gusta descubrir que el agua cede y en su nostalgia quedan sal, arena y sol.

viernes, noviembre 04, 2005

La caza del milagro

Con palabras cortas y pasos largos llegamos hasta el hotel. Casi no hablaste durante el trayecto y mis intentos por sacarte del hoyo en el que te sumergiste desde que salimos de la morgue fueron en vano.

Yo sólo quería una foto, sólo eso—Repetías y te hundías, y me hundías en el silencio que queda después de la muerte.

La calle seguía sin un auto estacionado, como aquella tarde en que se hizo el milagro la primera vez, ¿te acuerdas? Habíamos estado sentados en una tumba del panteón durante varias horas, discutiendo del amor que no sentíamos y la miseria que se presenta en los momentos de pasión no deseada. Caminamos toda la cuadra hasta llegar a Hospital, entonces volteaste y observaste la limpieza de la calle.

--Así debe llegar la muerte... cuando no hay un carro que nos libre, cuando no hay ruido, cuando las paredes o las sábanas –que para el caso es lo mismo— son tan blancas que es la imagen más limpia que te llevas.

Y sucedió. Una camioneta del SEMEFO pasó junto a nosotros y se estacionó en la puerta de la morgue. Te tomé de la mano, supe que también te habías quedado helado. El chofer de la camioneta y un camillero se bajaron a toda prisa, abrieron la puerta de la caja y bajaron en una camilla un cuerpo inerte cubierto por una sábana blanca, sin manchas de sangre, sin gotas de violencia. Como buen fotógrafo apuraste tu mano a la mochila... no había cámara. Aún así no soltaste mi mano. Permanecimos en silencio, respetando el paso del muerto sin prisas... No llegó un solo carro detrás. No hubo lágrimas ni lamentos, un fiambre olvidado, un despojo que sería olvido para ser parte de una mesa quirúrgica o a quien su familia reclamaría en el transcurso de las próximas dos semanas, y ¿a quién le importa eso ahora?

Aunque no hubo fotografía aquella vez, juramos que regresaríamos cuantas veces fuera necesario a cazar esa fotografía. Todos los jueves iba a encontrarte en La Fuente; después de dos cervezas y tres besos, abandonábamos el lugar para “ir a encontrarnos con la muerte”. Nos sentábamos en la esquina de Hospital y Belén, y permanecíamos en silencio durante horas esperando que se diera el milagro, aguantando el sol caer sobre nuestras cabezas como las miradas de los chavos de la Escuela de Medicina. Un par de locos esperando que llegue la muerte.

Sin embargo no bastó mi fidelidad a tu empresa, mis ánimos y el tétrico entusiasmo con que te acompañaba a la famosa esquina. En una borrachera me dijiste que no querías volver a saber de mí. Que me dabas chance de largarme y hacer de mi vida lo que me diera la gana, que para rollos fúnebres eran más pesadas las de artes plásticas, y te fuiste. Dos jueves pasaron hasta que nos volvimos a encontrar.

Te divisé sentado sobre la banqueta de hospital, viendo hacia la morgue como cada jueves nuestro. La calle estaba vacía de carros, el sol pegaba sobre tu frente y no había nada que detuviera la toma. Tuve tiempo para cerciorarme de que estabas solo, que ninguna otra te había acompañado, y quise avisarte, advertirte de no tomar esa fotografía.

La camioneta llegó sin trabas hasta las puertas del Servicio Médico Forense; escuché las puertas del chofer y el camillero abrirse y cerrarse casi simultáneamente. Sus pasos rápidos para abrir la puerta de la caja. Entonces vi como me bajaban, sin cuidados, sin miramientos. Mi cabeza rebotó sobre la plancha helada, el sonido hueco del cráneo contra el acero... nada, ninguna atención. Y en la esquina tú, tomando la fotografía. Un automóvil conocido pasó junto a ti, se detuvo atrás de la camioneta. Al principio caminaste de prisa, después empezaste a correr hasta detenerte frente a mi hermano.

No quise ver más. Nunca había estado en una morgue y para mí aquello era novedad. Pero me regresó a tu lado el cariño que mientras pude te negué. Te vi pegarle al azulejo de las paredes, y sacudir tu cabeza continuamente. Te vi llorar, casi gritar.

No me moviste nada. No hice nada por ti, mas que tomarte de la mano y acompañarte de regreso a tu hotel. A cada paso nuestro intentaba que vieras que las palomas son graciosas cuando caminan, que hay charcos de agua en los que puedes ver un pedazo de cielo, que hay luz, que el aire no se cansa de ir y venir, que los cigarros que compraste ayer, hoy cambiaron de precio. Que el milagro de la vida está íntimamente relacionado con el milagro de la muerte.

martes, noviembre 01, 2005

a veces, sólo a veces me da por pensar...

en lo maravilloso que podría ser que alguien, con un rostro y unos labios bien definidos en mi cerebro, al escuchar una canción determinada se acordara de mí... y se me vienen muchas canciones a la mente y no me quedo con ninguna. Se me ocurre pensar, por ejemplo en aquella canción vieja y que tanto he escuchado últimamente: imagínate que soy todo valor / sueña tú que yo voy a abrir el corazón / hay cosas que son minutas y son pequeñas pero grandes en tí / mil cosas que hacen un mar / que no puedo explicar / imagínatelo que te quiero... o aquella que tanto me gustaba hace algunos años, cuando quemaba mis tardes en los pasillos de la facultad con cigarro y vasito de unicel lleno del café de doña Mary: que no arranquen los coches, que se detengan todas las factorías, que la ciudad se llene de largas noches y calles frías... porque voy a salir esta noche contigo, se quedarán sin beatos las catedrales y seremos dos gatos al abrigo de los portales... canciones que se han ido yendo; que han pasado de mí, de mis tiempos, de mis piensos... sólo canciones que a muchos pueden no decirles nada o pueden hablarles bajito al oído, como no queriendo la cosa, como Pepe Grillo diciéndole a Pinoccio When you wish upon a star, ...Anything your heart desires will come to you If your heart is in your dreams, mientras ven una estrella más azul, más brillante perdidamente nítida en el firmamento. Pero son sólo canciones, canciones que no dicen más de lo que expresan: buenos deseos. Deseos que nacen en un rinconcito del corazón, el más oculto, el más temido, el que nos lleva a los sentidos, al estremecimiento de la piel cuando se cree que es posible creer, desear, soñar con esa caricia a tiempo, con la sonrisa perfecta, cuando uno se toma el tiempo para preguntarle al espacio sin esperar ninguna respuesta a cambio: ¿puede ser?... A veces me da por pensar en este y otro tipo de ideas; y sonrío y me doy cuenta de cuántas veces he tarareado esas canciones, desde la más sencilla hasta la más certera y me da algo de miedo pensar si al intentar cantarlas no he pensado en nadie en concreto. Si han sido canciones que han quedado en eso, en el desperdicio de la inspiración de cualquier hombre o mujer que no logran provocar nada en una noche de todos los santos y todos mis demonios, de todos los llantos y todas las sonrisas... canciones que han sido escritas para ir tirando, como combustible que no termina de llegar a mi motor, que no termina de llegar a mi voz.

Los Pueblos Fantasmas de Los Altos

Claudia de la Torre, reportera de Televisa Guadalajara, se subió a una camioneta uno de esos buenos días en que los periodistas de la capital de Jalisco deciden cruzar la caseta de peaje en Tonalá. Y conocer Jalisco fuera de los barrios, de las calles atiborradas de automóviles, de las banquetas llenas de gente. Sería por cualquier razón que entonces llegó a San Gaspar de los Reyes y realizó un reportaje, luego una serie, a la que le llamó “los pueblos fantasma”.

Con cámara en mano y libreta de taquigrafía, decidió buscar personas a las 3 de la tarde, cuando el sol cae a plomo y hasta los perros buscan la sombra escurridiza de los pocos árboles. La mirada de la periodista buscaba en uno y otro lado de la calle, sin fortuna. Entonces le quedó claro: aquello no era la avenida Ávila Camacho, ni la calle Independencia, ni la calzada ni Plaza del Sol. Aquello era ¡un pueblo fantasma!
Y como quien descubre el fin del mundo, levantó el vuelo y se fue hasta las oficinas de la avenida Washington a entregar su trabajo. Había conocido pueblos fantasma en San Gaspar y en San José de los Reynoso. Le faltaban muchos otros.

El sentimiento de los alteños, de esos que viven entre las casas reforzadas con ladrillo nuevo –que se compran con dólares porque trabajo no hay para ganar pesos- quedó hecho una realidad. Motivado por esa frase de “pueblos fantasma”, los habitantes comenzaron a ver las intenciones del gobierno federal, de la administración de Ramírez Acuña, de la dirección del CEAS piloteada por Dau Flores: “ellos dicen que somos pueblos fantasma porque es más fácil inundar un pueblo que no tiene habitantes”.

Ahora, el fantasma ronda por los pueblos que están en la mira, inaugurando la puntería de una obra hidráulica que alcance los grifos de León, Guanajuato. Ese fantasma se llama dinero, mucho dinero, por carretilladas. Y los constructores, como quien pide al cielo encontrar un tesoro, ruegan a todos los santos que se haga una realidad la firma del cheque para comprar la pólvora, para pagarles a los camiones transportadores de grava y arena, para la adquisición del cemento, para la instalación de ductos que trasporten agua.
Acassico, Palmarejo, Temacapulín viven con miedo y esperanzados en que todo sea una broma. Levantan sus oraciones al altar y directamente al cielo, pero también se arman y quieren sentir que la vida se acaba lo mismo luchando que ahogados en 20 metros de agua. Ahí está ahora el fantasma. De esos que violentan la vida en el futuro. De esos que no saben lo que está costando ponerle piso a las casas, comprar la estufa, hacer el patio, resanar las goteras. Ese fantasma sabe sólo de precios comerciales y libros de catastro. Tiene una chequera y recursos federales, por montones, porque no hay futuro sin agua y no hay agua distinta a la que se mete en diques, para ahogar lentamente a quienes ven pasar el líquido del otro lado del cemento, exactamente como en Nueva Orleans.
El presidente Fox ya está muerto. Quedó colgado del único árbol que tiene Acassico en las cercanías del kiosko, junto al templo, por donde pasan igual los caballos, los perros, los carros y los transeúntes. En donde llegan los que vienen de California y los que se van a buscar secundaria para sus hijos en Yahualica. Ahí está Fox, aunque algún panista vino y le quitó la máscara al espantapájaros colgado del cuello, para no afectar la imagen del jefe del Ejecutivo. Según él. Pero todos saben quién es el monigote que tiene en la mano un litro de agua Ciel.
Los pueblos fantasmas de Claudia de la Torre sí existen, es posible verlos, y no se necesita un cazafantasmas ni videntes ni adivinos ni fuerzas extrasensoriales. Basta con llegar a las calles cuando el sol quema los brazos, atiza la cara, hace escurrir el calor por el cuerpo. Son pueblos con nombre, con pasado y… y ¿con futuro? Nadie sabe. Todos esperan que el futuro se vista de un color distinto al verde del ejército. Quisieran que la maldición se acabe, que la premonición sea un mal gesto y que no mande más nadie venido de fuera proponiendo diques en terrenos que no conoce.
Eso sí, cuando se trata de juntarse en la plaza, de platicar con los vecinos, o de hacer la peregrinación. Cuando se trata de escuchar misa, de cosechar los chiles de árbol o de irse a pescar al río, el pueblo fantasma se convierte en una algarabía, en una comunidad alegre, en la plenitud de los colores, en el regocijo de la vida, en la razón de ser. Y entonces queda claro lo que es el pueblo y lo que son los fantasmas.
El pueblo se llama Acassico, Palmarejo y Temacapulín. Los fantasmas: Vicente Fox, León Guanajuato, Enrique Dau y Francisco Ramírez Acuña. Ah, también se llama “la presa de El Zapotillo”.

Miguel Ángel Casillas Báez es Director Editorial de "El Diario de los Altos". Jalostotitlan, Jalisco.

lunes, octubre 31, 2005

Algunas cosas que hacen que me sienta bien.

1. El primer trago de café fuerte y bien caliente a las 8 de la mañana.

2. Lavinia despertando contenta.

3. El cerro de Tequila en la mañanita.

4. El campo y sus colores estacionarios.

5. Dominar la primera al arrancar el carro.

6. Semaforos sincronizados en verde.

7. Recibir sonrisas y palabras francas.

8. El cigarro de las 11 de la mañana.

9. Los besos.

10. Los abrazos.

11. Una canción que me recuerde un buen o un mal momento.

12. Compartir una idea o un sentimiento.

jueves, octubre 27, 2005

Yo Vengo a Ofrecer mi Corazón


Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Tanta sangre que se llevó el río,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

No será tan facil, ya sé que pasa.
No será tan simple como pensaba.
Como abrir el pecho y sacar el alma,
una cuchillada de amor.

Luna de los pobres, siempre abierta,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Como un documento inalterable,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Y uniré las puntas de un mismo lazo,
y me iré tranquilo, me iré despacio,
y te daré todo y me darás algo,
algo que me alivie un poco nomás.

Cuando no haya nadie cerca o lejos,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Cuando los satélites no alcancen,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Hablo de países y de esperanza,
hablo por la vida, hablo por la nada,
hablo por cambiar esta, nuestra casa,
de cambiarla por cambiar nomás.

Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón.

Fito Paez (Argentina)

jueves, octubre 20, 2005

Ironic


A traffic jam when you're already late y quisiera escaparme de aquí, tomar la alternativa, rebasar cada carro, pasarme las luces rojas, transgredir cada señalamiento, cada aviso, pero no soy tan canalla. Aquí sigo, sentada, pensando en lo que estarán pensando en la oficina: a) es lunes, así ha de haber estado su fin de semana; b) a lo mejor tiene a la niña enferma; c) o tal vez su mamá esté enferma; d) se le descompuso el carro; e) a mí quedó de entregarme un reporte a primera hora de la mañana; f) yo le quería pedir permiso de salir temprano; g) pues igual aprovecho para quemar unos discos en su máquina. Pero todos están lejos de lo que realmente pasa conmigo.

Sucede que no quiero llegar a la oficina, por eso tomé las rutas con más tráfico, las más densas, para tampoco estar en casa si me llamas, aunque puedes llamarme al celular, pero ya lo apagué y ahora estoy sola entre cientos de carros que no caminan, que no se mueven, algunos bufan como si eso les sirviera de algo, otros como yo, han apagado el motor y se resignan, nos resignamos a pasar algunas horas en medio de este tráfico, en mitad de la calle, en el centro de una ciudad del centro de un estado al occidente de un país que se jacta de ser descentralizado. Si esto se prolonga demasiado tal vez nos podrían venir a rescatar en helicópteros, subirnos en esas canastillas y darnos un paseíto por encima del caos... jodidos los que se quedaron abajo del túnel.

¿Cuánto tiempo ha pasado ya?, la cancioncita sigue rondándome en el cerebro, it's like rain on your weadding day, it's a free ride when you're already pay a veces quisiera que ciertas canciones no me recordaran que la vida se puede burlar de una en el peor momento, como hoy, cuando el señor del carro de a lado se ha puesto a discutir con su esposa por la comida fría en su plato la noche anterior. La mujer realmente está cansada, lo puedo ver en su rostro, que le diga un poco más y estallará en llanto o se lanzará a golpes sobre él y entonces tal vez aprenda a quedarse calladito. En el carro de adelante una mujer va rizándose las pestañas y por el retrovisor puedo ver que la pareja de atrás ni siquiera se dirige la palabra. Y el maldito helicóptero que no llega.

¿Cuánto tiempo puede pasar para que el departamento de tránsito determine como emergencia vial un embotellamiento? Me han dicho que hay una ciudad más grande, en la que una puede estar en su automóvil hasta 3 horas y es una situación normal; la gente sale de sus casas con el café, el diario, la revista, el maquillaje, todo lo que no puede hacer en su casa tiene tiempo de sobra para realizarlo dentro de su auto mientras se dirige a su trabajo, a su escuela, a lo que resta del día por vivir.

tacatacatacatacataca... ese es un helicóptero, por fin, llegó nuestra salvación, los que estamos atrapados en el tráfico seremos liberados por el plan DN-3 de emergencia vial, if there's such a thing, en unas horas podré estar en mi trabajo, sentirme protegida, incluso podría presumir del vuelo en la canastilla, la aprehensión que sentí al subirme sobre ella y dar un vistazo por la ciudad... ¿hasta dónde se podría extender mi vista estando allá arriba? tacatacatacataca el helicóptero está justo sobre nuestras cabezas, el gorila del auto de junto ha sacado su cabeza por la ventanilla --qué ganas de que pasara una moto en este momento y le arrancara de una vez por todas ese cerebrito que sólo le sirve para atormentar a la mujer que está a su lado.

Isn't it ironic, don't you think El helicóptero se ha ido, todavía escucho, no sin cierto desencanto, el ruido de sus motores alejándose... es una pena. El tráfico ha comenzado a circular, lento, cansado, pero al menos ya van unas cinco o diez o cien vueltas de la llanta sin detenerse... es una pena, cuando me atreví a imaginarme en una situación extraordinaria, a sentirme casi Bárbara Blade sobre una canastilla de helicóptero, los automóviles han comenzado a moverse y yo vuelvo a sentirme estancada. A little too ironic...

lunes, octubre 17, 2005

Sobrecama IX


Fue el día de tu cumpleaños, al menos el cumpleaños que yo inventé para ti. Nunca habíamos vivido juntos ningún festejo y decidí que era un buen momento para festejarte. Después del milagro de tu cuerpo dentro del mío, me quedé sola, estoy sola. Sola en una casa que me desconoce y me abraza, que me envuelve y rechaza y me lleva a pensar en lo que soy, en lo que he sido, enloquecido trance al descubrirme: hembra, madre, hija. Mi cuerpo se confunde en esta casa tan sola, tan limpia, tan tuya. Casi puedo escuchar todavía tu voz apagada por la madrugada, decirme tantas cosas tan pequeñas pero que se hacen tan grandes salidas de tus labios... Nunca habíamos hablado tanto, no en una cama. Todavía mi cuerpo resucita la sensación de tu pierna atravesándolo, atrapándolo; es una sensación de pertenencia sin ser del todo, de reconocerme elemental como roca viva, como agua de manantial recién nacido.

El espejo del pasillo me devuelve una imagen que reconozco lejana, como de otro tiempo; cuando el deseo era lo primero que había que satisfacer, cuando la carne apremiaba y el tiempo se iba, se iba en artilugios de belleza: ejercicios, cosméticos, cosas que fui dejando y se fueron yendo y me olvidaron o me olvidé de ellas por tener otras rentas, otros piensos que creí más fuertes, más nobles incluso más sanos. Y hoy me descubro, no sin miedo, deseándote, buscándote, encontrándome con lo que llegué a sentír, vivir y desear.

Volver a sentirme básica, elemental, como tierra regada por agua fresca; como fuego avivado por viento nuevo. Y vuelvo a entender que el deseo, este que no se apaga, que no se ha apagado todavía por más que lo intentes, por más que lo intento, será la pauta para reconocerme, para volver sobre los pasos y reencontrar el camino, andarlo una vez más, aunque no sean tus brazos, tus miradas, las que me vuelvan hembra como lo han hecho desde hace tanto tiempo y desde ahora.

Con música de Bach recorro mis ideas y pienso otra vez en ti, en lo que has provocado, en lo que has manejado dentro de mí para traerme hasta aquí. Llegué y tus brazos fueron mi refugio, mi tormenta y mi calma. Tuve miedo al cruzar la puerta de encontrarme con vestigios de otras vidas y me encontré con tus ojos que me tranquilizaron y me animaron para adentrarme en tu mundo y aprender a conocerte por unas horas. Tuve miedo de encontrar vestigios de otras vidas en tu vida y me encontré con el espejo y su respuesta, la única: es un momento. Tres palabras tremendas que me trajeron de golpe hasta mis pies descalzos y comencé a bailar un ritmo no aprendido, improvisando movimientos como improvisé cada beso, cada caricia de la noche anterior. Bach acarició mis pies, movió mis brazos, me convirtió en mariposa volando en un altiplano verde, lleno de tus ojos, de tus manos que intentaban atraparme siempre para traerme hasta tu sexo. Tu sexo multiplicado en muchos sexos distintos y al mismo tiempo el que conozco y con el que me reconozco básica, viva, infinita. Sigo volando en un recorrido no planeado, vuelo de tu cama a la cocina, de la cocina al estudio, del estudio a la recámara y vuelvo a iniciar la ruta de siempre con vuelos distintos: paso por tus libros, los elijo, sé dónde está Nandino, dónde está Sabines, dónde está el Quijote. Alzo mis alas un poco más y me encuentro con la lámpara vitral que me antoja unas uvas, una manzana, frutas muertas para una boca viva.

La música se detiene y mis pies sienten de nuevo el aterrizaje, entonces me vuelvo hormiga, pequeñita, indefensa, bichito perdido de su escondrijo, de su rutina, de la vida que dejó atrás para encontrarse con otra vida, la misma que me compartes a veces, en ratos, en silencios que no interrumpo porque sé que no necesito decirte nada, hablar de nada porque me sabes toda, porque me intuyes siempre, porque sé que al hablar rompería este momento irrepetible, único en el tiempo, en nuestro tiempo. Son tan sólo unas horas, pero son tantas horas que no podría calcular los días que pueden ser tan pocos, que prefiero que sean minutos y así vivir cada uno de ellos como si fuera el último.

jueves, octubre 06, 2005


Yo no tengo una personalidad: yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.
En mí, la personalidad es una especie de forunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.
Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W.C.
¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera!
Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.
¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo --me pregunto-- todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora?
El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarme de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia... de un egoísmo... de una falta de tacto...
Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de cotemporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquélla desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, ésta se empeña en demostrarme las ventajas de la abstinencia, y mientras una abusa de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra me despierta con el amanecer y exige que me levante junto con las gallinas.
Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda.
Oliverio Girondo, 1932

lunes, octubre 03, 2005

Asquerosamente Femenina


Despertarse una mañana con la inminente sensación de ser más insoportable que de costumbre. Seguir la rutina con la pesadez habitual de quien se levanta o se tiene que levantar a las 6:30 a.m. para "estar a tiempo". Luego, mientras el café va cayendo gota a gota sobre la jarra de la cafetera humeante y el agua se calienta más acá, cerca de mi cuerpo, cerca de mis manos que me indicarán el momento preciso para entrar en la regadera; caer en la cuenta de que estoy muy lejos por definirme dentro de una personalidad.

Y todo esto es por culpa de la maldita televisión. Según unas niñas muy bobas, pero aparentemente muy sabias, una debe, al enfrentarse con el espejo, verse de golpe, total, no en partes, ver el peinado, el maquillaje, la ropa, los zapatos, los accesorios, todo a golpe de vista, nada de ir por partes, porque así "habrá algo que te brinque" y es más fácil cambiarlo. Pero, mi pregunta es, ¿qué pasa si te brinca todo?.

Salgo de la ducha, me pongo mis ojos, lavo mis dientes, camino a mi recámara, abro mi closet, armario, o como se le quiera llamar; frente a mí los vestidos, las blusas, los pantalones y una que otra falda, acumulados a lo largo de muchos años, parecen retarme. ¿Qué me voy a poner hoy?, es el primer gran desafío de cada mañana, de cada día, de cada semana, de cada mes... aunque ya estamos en otoño, no pretendo cambiar el tono festivo del verano, no todavía. Así que se opta por un coordinado color "coral" y zapatos rojos.

La vocecita del monitor me saluda "mamá, ven, ven mamá!", hago como que no quiero escucharla, no porque no la escuche, sencillamente porque hoy "primero seré yo". Coordinado coral, zapatos rojos, cabello: ¿suelto o en coleta?, segunda disyuntiva, si lo llevo suelto seguramente que en mitad de la mañana lo traeré desordenado, frizzado y esto me enojará tanto que terminaré por sujetarlo. En coleta entonces, no, porque no se disimularán los cachetes y últimamente me veo más cachetona o veo mis ojos más pequeños o las orejas me crecieron...

"mamá, ven, ven mamá!", la vocecita del monitor insiste, insiste... pero hoy le agradezco su insistencia, ¿quién dijo que los hijos no son una salvación?; acudo al llamado de la hija, la levanto, la llevo a la cama para cambiarla --duerme en cuna y la visto en una cama--, voy a su ropero y elijo la ropa casi a ciegas, la visto, se ve hermosa (¿por qué entonces es tan difícil para la mamá de esa preciosura, verse igual?). Bajamos a gran velocidad por las escaleras con: el perro de peluche, la mochila-pañalera, el peine, las ligas, el gel, la hija, los zapatos rojos, el coordinado coral, el cabello agarrado a la altura de la nuca --ganó la practicidad--, las llaves del carro, las llaves de la casa, tomar el biberón de chocomilk del refrigerador,subir a la hija en el carro, sujetarla a su silla, darle el biberón, sacar el carro de la cochera, cerrar el cancel, salir disparada hacia la guardería, enfrentar el tráfico, tomar rutas alternas, llegar, peinar a la hija, bajarla del coche, tomar su mochila, saludar a la nana del filtro, entregarle a la hija, esperar hasta que estén lejos de mi vista, salir de la guardería, volver al carro, al tráfico, la ruta alterna, la maldita señora de la Windstar blanca, claxon, mentada de madre.

Por fin llegar de nuevo a casa, servirme una taza de café, subir de dos en dos las escaleras, otra vez el espejo, mi cara sin maquillaje, el cabello queriendo soltarse, Carlos Loret de Mola en la pantalla que me rescata a veces y otras tantas, como hoy, me hunde en crisis adolescente no superada...

Yo, con mi yoísmo en su máxima expresión frente al espejo, una vez más y ahora no habrá vocecita monitoreada que me rescate de mí misma. Estamos yo con yo en un duelo a muerte o a vida. Según la chica fresa de Pick-Nick tengo que decirme frente al espejo "me encantas, vales mil, no cambies" pero vamos a ver si me sale "Me encantas, vales m..., quítate eso", son chingaderas, de verdad. Como si el que sea lunes no es suficiente para bloquearme la personalidad. Finalmente el trajecito coordinado de color coral es suficientemente decente para no revelar lo revelable, los zapatos color rojo son sexys y además son altos y dejan la perfección de mis dedos de los pies, desnudos, felices, irreverentemente impúdicos. Mi piel tan blanca pide a gritos una sesión de sol o de cama de bronceado, el fin justificaría los medios, pero algo de color no me vendría mal.

Sé que lo estoy haciendo todo mal, no estoy siguiendo los consejos de las chicas nice de Pick-Nick, al final me salvarán mis ojos, la sonrisa, el gesto amable, la atención que le dé a cada una de las personas con las que conviva durante la mañana, el no tirar la colilla del cigarro sobre el piso y un sinfin de etcéteras que no se me ocurren pero que se me ocurren todos.

Antes de salir definitivamente de casa, anotaré en un post-it blanco --que seguro tendré que cambiar por algo más divertido, más nice-- que tengo que comprar foaming de colores, papel picado, y brillantina, para decorar mi espejo hoy por la tarde y comenzar la transformación que seguramente me harán verme linda, divertida y genial...