jueves, noviembre 17, 2005

Último Tango en París


Para intentar el amor pasajero
es necesario borrar el pasado,
no decir nombres,
inventar lugares y personas:
"señora sin tiempo y sin espacio",
"caballero del pene sin historia",
"vagina estelar", "culo del cielo",
"señora de la luz adormecida",
"príncipe de las penetraciones",
"senos que todo lo dicen",
"ojos que callan",
"corazón que no siente",
"pantera", "gata", "cerdo",
"burro incansable", "olor",
"cisterna abierta", "áureos cojones",
"coño de las consolaciones",
"soledad para la soledad",
"felicidad sin nombre",
"compañerita de los recreos",
"sombra mía", "sombra tuya",
"todo y nada...",
y refugiarse en la casa del sexo,
llevando entre los dientes
un caudal de adjetivos delirantes.

Lo único que debe ser real
son los cuerpos libres
para el encuentro y el desencuentro,
el tibio escondrijo,
los lugares ocupados
por el olor carnal,
el lecho del tamaño del deseo
para intentar todas las caricias
y confundir las pieles
en el largo sudor
que resplandece
en la media luz
de las cortinas de la tarde.

Intentarlo, intentarlo,
aunque al final de todo
venga la muerte
a descascarar su risita irónica
y las calles se borren
y el cuarto de los secretos
flote vacío en la noche de la ciudad.
Nada pasó: los que se conocieron
eran desconocidos
y ese amor de instantes
fue un tango absurdo
en el salón tenebroso;
un bello salto en el vacío.

Hugo Gutiérrez Vega.

miércoles, noviembre 16, 2005

Dimmi, che fai, Silenziosa Luna?


Che fai tu, Luna, in ciel?
Dimmi, che fai, Silenziosa Luna?
Sorgi la sera, e vai,
contemplando i deserti; indi ti posi.
Ancor non sei tu paga di riandare i sempiterni calli?
Ancor non prendi a schivo,ancor sei vaga di mirar queste valli?
(de "Canto notturno di un pastore errante per l'Asia" 1829-1830 G.Leopardi)


A veces se me viene una necesidad inmensa de compartirme con la Luna o de compartirla con alguien. Durante la madrugada de hoy desperté varias veces y en cada ocasión tuve que checar el despertador pensando que sería hora de levantarme. No fue así, el resplandor que podía observar desde mi cama, la iluminación azul mortuoria, me la daba la Luna; adiviné que estaría justo encima de mi balcón y me aventuré a asomarme por la ventana --quien suscribe reconoce que le da pavor acercarse a la ventana por la noche, cuando todo es oscuridad y teme encontrarse con ella misma ante el reflejo de la nada--, con un insomnio casi programado y sin tener nada mejor qué hacer, fui hasta la ventana y observé que Marte se está alejando, que Venus se lo agradece y que la Luna, mi Luna llena de noviembre me estaba esperando y estaba casi tan sola como yo.

No estoy pidiendo compañía.

El comentario va más lejos o más cerca, hoy mi mostro me preguntó si en alguna ocasión le había regalado la Luna a alguien, porque él lo había hecho varias veces... me quedé pensando sobre el regalote y creo que no la he otorgado todavía, al final ¿qué sería de mí sin ella?; tal vez la haya compartido, haya enviado algún mensaje haciendo hincapié en la sonrisa de la luna o en su desaparición temporal del cielo... pero creo que todavía no la he regalado. Creo que sería un regalo sumamente importante. Tal vez se la podría regalar a mi hija, pero los hijos se van y corro el riesgo de que se la lleve con ella, tal vez se la podría regalar al próximo amante que acompañe algunas de mis noches, pero el amor no es para siempre y correría el riesgo, de nueva cuenta, de quedarme sin ella.

Al final la única opción que me queda es quedarme sola con la Luna, compartir mi soledad con ella, que siga sabiendo de mis secretos y deseos no confesados todavía, que me siga viniendo a visitar cada noviembre, cada diciembre o cuando se le pegue la gana, que la Luna sólo se me aparece cuando tiene algo importante que comunicarme o cuando sabe que tengo reflexiones que compartirle...

Magnolia

Recuerdo que Magnolia quería ser monja. Ella me lo dijo una tarde debajo del árbol que está en medio del sembradío. “No seas necia”, le dije, “las monjas son vírgenes y después de las revolcadas que nos hemos dado, ni la conciencia tienes intacta”. Ella se quedó callada, mirando lejos. Se levantó de mí en silencio y sin verme se acomodó la blusa, la enagua y se calzó los guaraches. Finalmente me miró con sus ojos negros y la cara roja, perlada por el sudor. “No seas bruto. ¿Te acuerdas de Esperanza? Ella se metió de monja y llevaba una criatura en su panza. Entonces, ¿por qué no me puedo meter yo?” Y sonreía con esa sonrisa que traigo todavía metida hasta bien hondo en la cabeza. La misma que le quité cuando la besé sin permiso la primera vez que la vi, debajo del árbol entre las vacas que yo traía.
Pesado me levanté y me paré atrás de ella. Su respiración se volvió violenta y pude ver sobre sus hombros el sube y baja de sus senos bajo los holanes de su blusa. La rodeé con mis brazos por la cintura. No se movió, luego le besé la nuca y ella dobló su cabeza hacia atrás y casi sin oír escuché que me decía. “Táte sosiego, voy a ser monja”.
Fue la última vez que nos vimos bajo el árbol. En una ocasión creí verla en misa de doce, pero al salir del templo no la volví a mirar. En el pueblo nadie me dijo nada, o casi nada. Sólo me enteré que sus padres tienen en la casa un sobrinito que les llegó de fuera y que tiene los mismos ojos de su tía Magnolia. Pero, yo me acuerdo que Magnolia me dijo que quería ser monja.

lunes, noviembre 14, 2005

De regreso La Inspiración



Fueron varios días de no saber de ti, me concentré lo más que pude en mi trabajo, en mis lecturas, en cualquier cosa que no me llevara al impulso macabro de hacer una llamada para acercarte un poco más, para traerte de regreso a mi voz, a mis ojos, a mis oídos.

Fueron varios días en que anduve como alma en pena, buscándote, pensándote, deseándote...

Y la noche no me dijo nada
y la madrugada me vistió de frío
y el sol de la mañana me descubrió desnuda
yo no dejé de pensar en ti.

Fueron varios días en que te pensé fumando, pensando en lo que vas a hacer conmigo, o pensando que no quieres pensar en lo que vas a hacer conmigo, o simplemente te pensé fumando sin pensar en nada en concreto, sin pensar en mí.

Fueron varios días los que te me perdiste, como jugando, como haciéndome la travesura para ver cómo reacciono, cuánto te extraño, cómo me las arreglo en este breve ensayo de una ausencia más larga...

Estás de regreso y tengo que confesarte que anduve días y noches: noctámbula, funámbula, sonámbula...

Qué bueno que regresaste, como diría la canción: "a mí se me afiguraba, que no te volvería a ver..." qué bueno que sigas guiando las letras y los piensos, los pasos y los sientos.

viernes, noviembre 11, 2005

Nostalgia de Agua


¡Qué bueno que se murieron!, qué bueno que ya no están aquí para ver en lo que queda su recuerdo. Mi abuelo hablaba de olas y mi abuela de horas. ¡Qué bueno que ya no están aquí, de veras! Esto se fue poniendo feo hace mucho tiempo, cuando tú, abuelita, decidiste morirte para no ver lo que le está pasando al lugar donde comenzaste 35 años de amor no apresurado.

Recuerdo que siempre veníamos el primer fin de semana de agosto para celebrar su aniversario de bodas, este paseo lo seguimos haciendo incluso muchos años después de que se murió mi abuelo. En vez de misa o fiesta con los hijos y los nietos, cargabas con toda la familia a Chapala. Nos íbamos primero a comer a “La Chata”, y después pasábamos el día a la orilla del lago, escuchando la misma historia tuya de cada año, la misma canción Azul cantada por un trío del mismo color, mientras tus hijos comían charales con chile y limón, y tus nietos nos enlodábamos en la playa, dando poca atención a tus suspiros, y, si estaba nublado, a tus lágrimas.

Muchas veces me contaste la historia de cuando tú y mi abuelo se casaron, fue un día de sol de agosto por la mañana, porque no había dinero para casarse en la tarde, y al mediodía tomaron el tren a Chapala. Llegaron al hotel Nido y ahí estuvieron tres días con sus noches, y cuando el dinero no dio para más regresaron a Guadalajara. Pero con eso bastó, según contabas, Lupe, para hacer al primero de mis tíos que murió casi al nacer. Ahí empezaron tus dolores, entonces comenzaste a contar las horas, cuando nació el primero de los Carlos y se te murió casi luego luego. No hay nadie que nos diga cómo era el niño, ni siquiera tú Lupe nos pudiste decir a quién se parecía. Pero me imagino que si lo hicieron en Chapala, ha de haber tenido los ojos verdes o azules, como los ojos del Lago, como los ojos de mi abuelo, y si se murió tan chiquito, de seguro que su piel también fue color de lago.

¡Qué bueno que se murió también el primer Carlos! él sí entendió que todos hablaríamos de que cuando él nació el lago todavía hacía ruido de olas, y los pescadores todavía regresaban con sus redes cargadas de promesas a los que se quedaban esperando en la orilla. Qué bueno que se murió y no tuvo tiempo de ver tanta arena, qué bueno que no vivió para compartirnos su nostalgia de agua.

¡Qué bueno que se murieron todos!, qué bueno que ya no viene nadie a evocar amores o hijos perdidos. Mis abuelos ya no tienen olas ni horas que contar en este lugar y yo ya no tengo historias que recordar. El lago se lleva todo, olas, horas, historias... Que se queden con él. Que los sueños que aquí empezaron aquí terminen. Que la nostalgia se guarde de los muertos y los muertos del agua en que anegaron su tiempo, que a nadie le gusta descubrir que el agua cede y en su nostalgia quedan sal, arena y sol.

viernes, noviembre 04, 2005

La caza del milagro

Con palabras cortas y pasos largos llegamos hasta el hotel. Casi no hablaste durante el trayecto y mis intentos por sacarte del hoyo en el que te sumergiste desde que salimos de la morgue fueron en vano.

Yo sólo quería una foto, sólo eso—Repetías y te hundías, y me hundías en el silencio que queda después de la muerte.

La calle seguía sin un auto estacionado, como aquella tarde en que se hizo el milagro la primera vez, ¿te acuerdas? Habíamos estado sentados en una tumba del panteón durante varias horas, discutiendo del amor que no sentíamos y la miseria que se presenta en los momentos de pasión no deseada. Caminamos toda la cuadra hasta llegar a Hospital, entonces volteaste y observaste la limpieza de la calle.

--Así debe llegar la muerte... cuando no hay un carro que nos libre, cuando no hay ruido, cuando las paredes o las sábanas –que para el caso es lo mismo— son tan blancas que es la imagen más limpia que te llevas.

Y sucedió. Una camioneta del SEMEFO pasó junto a nosotros y se estacionó en la puerta de la morgue. Te tomé de la mano, supe que también te habías quedado helado. El chofer de la camioneta y un camillero se bajaron a toda prisa, abrieron la puerta de la caja y bajaron en una camilla un cuerpo inerte cubierto por una sábana blanca, sin manchas de sangre, sin gotas de violencia. Como buen fotógrafo apuraste tu mano a la mochila... no había cámara. Aún así no soltaste mi mano. Permanecimos en silencio, respetando el paso del muerto sin prisas... No llegó un solo carro detrás. No hubo lágrimas ni lamentos, un fiambre olvidado, un despojo que sería olvido para ser parte de una mesa quirúrgica o a quien su familia reclamaría en el transcurso de las próximas dos semanas, y ¿a quién le importa eso ahora?

Aunque no hubo fotografía aquella vez, juramos que regresaríamos cuantas veces fuera necesario a cazar esa fotografía. Todos los jueves iba a encontrarte en La Fuente; después de dos cervezas y tres besos, abandonábamos el lugar para “ir a encontrarnos con la muerte”. Nos sentábamos en la esquina de Hospital y Belén, y permanecíamos en silencio durante horas esperando que se diera el milagro, aguantando el sol caer sobre nuestras cabezas como las miradas de los chavos de la Escuela de Medicina. Un par de locos esperando que llegue la muerte.

Sin embargo no bastó mi fidelidad a tu empresa, mis ánimos y el tétrico entusiasmo con que te acompañaba a la famosa esquina. En una borrachera me dijiste que no querías volver a saber de mí. Que me dabas chance de largarme y hacer de mi vida lo que me diera la gana, que para rollos fúnebres eran más pesadas las de artes plásticas, y te fuiste. Dos jueves pasaron hasta que nos volvimos a encontrar.

Te divisé sentado sobre la banqueta de hospital, viendo hacia la morgue como cada jueves nuestro. La calle estaba vacía de carros, el sol pegaba sobre tu frente y no había nada que detuviera la toma. Tuve tiempo para cerciorarme de que estabas solo, que ninguna otra te había acompañado, y quise avisarte, advertirte de no tomar esa fotografía.

La camioneta llegó sin trabas hasta las puertas del Servicio Médico Forense; escuché las puertas del chofer y el camillero abrirse y cerrarse casi simultáneamente. Sus pasos rápidos para abrir la puerta de la caja. Entonces vi como me bajaban, sin cuidados, sin miramientos. Mi cabeza rebotó sobre la plancha helada, el sonido hueco del cráneo contra el acero... nada, ninguna atención. Y en la esquina tú, tomando la fotografía. Un automóvil conocido pasó junto a ti, se detuvo atrás de la camioneta. Al principio caminaste de prisa, después empezaste a correr hasta detenerte frente a mi hermano.

No quise ver más. Nunca había estado en una morgue y para mí aquello era novedad. Pero me regresó a tu lado el cariño que mientras pude te negué. Te vi pegarle al azulejo de las paredes, y sacudir tu cabeza continuamente. Te vi llorar, casi gritar.

No me moviste nada. No hice nada por ti, mas que tomarte de la mano y acompañarte de regreso a tu hotel. A cada paso nuestro intentaba que vieras que las palomas son graciosas cuando caminan, que hay charcos de agua en los que puedes ver un pedazo de cielo, que hay luz, que el aire no se cansa de ir y venir, que los cigarros que compraste ayer, hoy cambiaron de precio. Que el milagro de la vida está íntimamente relacionado con el milagro de la muerte.

martes, noviembre 01, 2005

a veces, sólo a veces me da por pensar...

en lo maravilloso que podría ser que alguien, con un rostro y unos labios bien definidos en mi cerebro, al escuchar una canción determinada se acordara de mí... y se me vienen muchas canciones a la mente y no me quedo con ninguna. Se me ocurre pensar, por ejemplo en aquella canción vieja y que tanto he escuchado últimamente: imagínate que soy todo valor / sueña tú que yo voy a abrir el corazón / hay cosas que son minutas y son pequeñas pero grandes en tí / mil cosas que hacen un mar / que no puedo explicar / imagínatelo que te quiero... o aquella que tanto me gustaba hace algunos años, cuando quemaba mis tardes en los pasillos de la facultad con cigarro y vasito de unicel lleno del café de doña Mary: que no arranquen los coches, que se detengan todas las factorías, que la ciudad se llene de largas noches y calles frías... porque voy a salir esta noche contigo, se quedarán sin beatos las catedrales y seremos dos gatos al abrigo de los portales... canciones que se han ido yendo; que han pasado de mí, de mis tiempos, de mis piensos... sólo canciones que a muchos pueden no decirles nada o pueden hablarles bajito al oído, como no queriendo la cosa, como Pepe Grillo diciéndole a Pinoccio When you wish upon a star, ...Anything your heart desires will come to you If your heart is in your dreams, mientras ven una estrella más azul, más brillante perdidamente nítida en el firmamento. Pero son sólo canciones, canciones que no dicen más de lo que expresan: buenos deseos. Deseos que nacen en un rinconcito del corazón, el más oculto, el más temido, el que nos lleva a los sentidos, al estremecimiento de la piel cuando se cree que es posible creer, desear, soñar con esa caricia a tiempo, con la sonrisa perfecta, cuando uno se toma el tiempo para preguntarle al espacio sin esperar ninguna respuesta a cambio: ¿puede ser?... A veces me da por pensar en este y otro tipo de ideas; y sonrío y me doy cuenta de cuántas veces he tarareado esas canciones, desde la más sencilla hasta la más certera y me da algo de miedo pensar si al intentar cantarlas no he pensado en nadie en concreto. Si han sido canciones que han quedado en eso, en el desperdicio de la inspiración de cualquier hombre o mujer que no logran provocar nada en una noche de todos los santos y todos mis demonios, de todos los llantos y todas las sonrisas... canciones que han sido escritas para ir tirando, como combustible que no termina de llegar a mi motor, que no termina de llegar a mi voz.

Los Pueblos Fantasmas de Los Altos

Claudia de la Torre, reportera de Televisa Guadalajara, se subió a una camioneta uno de esos buenos días en que los periodistas de la capital de Jalisco deciden cruzar la caseta de peaje en Tonalá. Y conocer Jalisco fuera de los barrios, de las calles atiborradas de automóviles, de las banquetas llenas de gente. Sería por cualquier razón que entonces llegó a San Gaspar de los Reyes y realizó un reportaje, luego una serie, a la que le llamó “los pueblos fantasma”.

Con cámara en mano y libreta de taquigrafía, decidió buscar personas a las 3 de la tarde, cuando el sol cae a plomo y hasta los perros buscan la sombra escurridiza de los pocos árboles. La mirada de la periodista buscaba en uno y otro lado de la calle, sin fortuna. Entonces le quedó claro: aquello no era la avenida Ávila Camacho, ni la calle Independencia, ni la calzada ni Plaza del Sol. Aquello era ¡un pueblo fantasma!
Y como quien descubre el fin del mundo, levantó el vuelo y se fue hasta las oficinas de la avenida Washington a entregar su trabajo. Había conocido pueblos fantasma en San Gaspar y en San José de los Reynoso. Le faltaban muchos otros.

El sentimiento de los alteños, de esos que viven entre las casas reforzadas con ladrillo nuevo –que se compran con dólares porque trabajo no hay para ganar pesos- quedó hecho una realidad. Motivado por esa frase de “pueblos fantasma”, los habitantes comenzaron a ver las intenciones del gobierno federal, de la administración de Ramírez Acuña, de la dirección del CEAS piloteada por Dau Flores: “ellos dicen que somos pueblos fantasma porque es más fácil inundar un pueblo que no tiene habitantes”.

Ahora, el fantasma ronda por los pueblos que están en la mira, inaugurando la puntería de una obra hidráulica que alcance los grifos de León, Guanajuato. Ese fantasma se llama dinero, mucho dinero, por carretilladas. Y los constructores, como quien pide al cielo encontrar un tesoro, ruegan a todos los santos que se haga una realidad la firma del cheque para comprar la pólvora, para pagarles a los camiones transportadores de grava y arena, para la adquisición del cemento, para la instalación de ductos que trasporten agua.
Acassico, Palmarejo, Temacapulín viven con miedo y esperanzados en que todo sea una broma. Levantan sus oraciones al altar y directamente al cielo, pero también se arman y quieren sentir que la vida se acaba lo mismo luchando que ahogados en 20 metros de agua. Ahí está ahora el fantasma. De esos que violentan la vida en el futuro. De esos que no saben lo que está costando ponerle piso a las casas, comprar la estufa, hacer el patio, resanar las goteras. Ese fantasma sabe sólo de precios comerciales y libros de catastro. Tiene una chequera y recursos federales, por montones, porque no hay futuro sin agua y no hay agua distinta a la que se mete en diques, para ahogar lentamente a quienes ven pasar el líquido del otro lado del cemento, exactamente como en Nueva Orleans.
El presidente Fox ya está muerto. Quedó colgado del único árbol que tiene Acassico en las cercanías del kiosko, junto al templo, por donde pasan igual los caballos, los perros, los carros y los transeúntes. En donde llegan los que vienen de California y los que se van a buscar secundaria para sus hijos en Yahualica. Ahí está Fox, aunque algún panista vino y le quitó la máscara al espantapájaros colgado del cuello, para no afectar la imagen del jefe del Ejecutivo. Según él. Pero todos saben quién es el monigote que tiene en la mano un litro de agua Ciel.
Los pueblos fantasmas de Claudia de la Torre sí existen, es posible verlos, y no se necesita un cazafantasmas ni videntes ni adivinos ni fuerzas extrasensoriales. Basta con llegar a las calles cuando el sol quema los brazos, atiza la cara, hace escurrir el calor por el cuerpo. Son pueblos con nombre, con pasado y… y ¿con futuro? Nadie sabe. Todos esperan que el futuro se vista de un color distinto al verde del ejército. Quisieran que la maldición se acabe, que la premonición sea un mal gesto y que no mande más nadie venido de fuera proponiendo diques en terrenos que no conoce.
Eso sí, cuando se trata de juntarse en la plaza, de platicar con los vecinos, o de hacer la peregrinación. Cuando se trata de escuchar misa, de cosechar los chiles de árbol o de irse a pescar al río, el pueblo fantasma se convierte en una algarabía, en una comunidad alegre, en la plenitud de los colores, en el regocijo de la vida, en la razón de ser. Y entonces queda claro lo que es el pueblo y lo que son los fantasmas.
El pueblo se llama Acassico, Palmarejo y Temacapulín. Los fantasmas: Vicente Fox, León Guanajuato, Enrique Dau y Francisco Ramírez Acuña. Ah, también se llama “la presa de El Zapotillo”.

Miguel Ángel Casillas Báez es Director Editorial de "El Diario de los Altos". Jalostotitlan, Jalisco.

lunes, octubre 31, 2005

Algunas cosas que hacen que me sienta bien.

1. El primer trago de café fuerte y bien caliente a las 8 de la mañana.

2. Lavinia despertando contenta.

3. El cerro de Tequila en la mañanita.

4. El campo y sus colores estacionarios.

5. Dominar la primera al arrancar el carro.

6. Semaforos sincronizados en verde.

7. Recibir sonrisas y palabras francas.

8. El cigarro de las 11 de la mañana.

9. Los besos.

10. Los abrazos.

11. Una canción que me recuerde un buen o un mal momento.

12. Compartir una idea o un sentimiento.

jueves, octubre 27, 2005

Yo Vengo a Ofrecer mi Corazón


Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Tanta sangre que se llevó el río,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

No será tan facil, ya sé que pasa.
No será tan simple como pensaba.
Como abrir el pecho y sacar el alma,
una cuchillada de amor.

Luna de los pobres, siempre abierta,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Como un documento inalterable,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Y uniré las puntas de un mismo lazo,
y me iré tranquilo, me iré despacio,
y te daré todo y me darás algo,
algo que me alivie un poco nomás.

Cuando no haya nadie cerca o lejos,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Cuando los satélites no alcancen,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Hablo de países y de esperanza,
hablo por la vida, hablo por la nada,
hablo por cambiar esta, nuestra casa,
de cambiarla por cambiar nomás.

Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón.

Fito Paez (Argentina)

jueves, octubre 20, 2005

Ironic


A traffic jam when you're already late y quisiera escaparme de aquí, tomar la alternativa, rebasar cada carro, pasarme las luces rojas, transgredir cada señalamiento, cada aviso, pero no soy tan canalla. Aquí sigo, sentada, pensando en lo que estarán pensando en la oficina: a) es lunes, así ha de haber estado su fin de semana; b) a lo mejor tiene a la niña enferma; c) o tal vez su mamá esté enferma; d) se le descompuso el carro; e) a mí quedó de entregarme un reporte a primera hora de la mañana; f) yo le quería pedir permiso de salir temprano; g) pues igual aprovecho para quemar unos discos en su máquina. Pero todos están lejos de lo que realmente pasa conmigo.

Sucede que no quiero llegar a la oficina, por eso tomé las rutas con más tráfico, las más densas, para tampoco estar en casa si me llamas, aunque puedes llamarme al celular, pero ya lo apagué y ahora estoy sola entre cientos de carros que no caminan, que no se mueven, algunos bufan como si eso les sirviera de algo, otros como yo, han apagado el motor y se resignan, nos resignamos a pasar algunas horas en medio de este tráfico, en mitad de la calle, en el centro de una ciudad del centro de un estado al occidente de un país que se jacta de ser descentralizado. Si esto se prolonga demasiado tal vez nos podrían venir a rescatar en helicópteros, subirnos en esas canastillas y darnos un paseíto por encima del caos... jodidos los que se quedaron abajo del túnel.

¿Cuánto tiempo ha pasado ya?, la cancioncita sigue rondándome en el cerebro, it's like rain on your weadding day, it's a free ride when you're already pay a veces quisiera que ciertas canciones no me recordaran que la vida se puede burlar de una en el peor momento, como hoy, cuando el señor del carro de a lado se ha puesto a discutir con su esposa por la comida fría en su plato la noche anterior. La mujer realmente está cansada, lo puedo ver en su rostro, que le diga un poco más y estallará en llanto o se lanzará a golpes sobre él y entonces tal vez aprenda a quedarse calladito. En el carro de adelante una mujer va rizándose las pestañas y por el retrovisor puedo ver que la pareja de atrás ni siquiera se dirige la palabra. Y el maldito helicóptero que no llega.

¿Cuánto tiempo puede pasar para que el departamento de tránsito determine como emergencia vial un embotellamiento? Me han dicho que hay una ciudad más grande, en la que una puede estar en su automóvil hasta 3 horas y es una situación normal; la gente sale de sus casas con el café, el diario, la revista, el maquillaje, todo lo que no puede hacer en su casa tiene tiempo de sobra para realizarlo dentro de su auto mientras se dirige a su trabajo, a su escuela, a lo que resta del día por vivir.

tacatacatacatacataca... ese es un helicóptero, por fin, llegó nuestra salvación, los que estamos atrapados en el tráfico seremos liberados por el plan DN-3 de emergencia vial, if there's such a thing, en unas horas podré estar en mi trabajo, sentirme protegida, incluso podría presumir del vuelo en la canastilla, la aprehensión que sentí al subirme sobre ella y dar un vistazo por la ciudad... ¿hasta dónde se podría extender mi vista estando allá arriba? tacatacatacataca el helicóptero está justo sobre nuestras cabezas, el gorila del auto de junto ha sacado su cabeza por la ventanilla --qué ganas de que pasara una moto en este momento y le arrancara de una vez por todas ese cerebrito que sólo le sirve para atormentar a la mujer que está a su lado.

Isn't it ironic, don't you think El helicóptero se ha ido, todavía escucho, no sin cierto desencanto, el ruido de sus motores alejándose... es una pena. El tráfico ha comenzado a circular, lento, cansado, pero al menos ya van unas cinco o diez o cien vueltas de la llanta sin detenerse... es una pena, cuando me atreví a imaginarme en una situación extraordinaria, a sentirme casi Bárbara Blade sobre una canastilla de helicóptero, los automóviles han comenzado a moverse y yo vuelvo a sentirme estancada. A little too ironic...

lunes, octubre 17, 2005

Sobrecama IX


Fue el día de tu cumpleaños, al menos el cumpleaños que yo inventé para ti. Nunca habíamos vivido juntos ningún festejo y decidí que era un buen momento para festejarte. Después del milagro de tu cuerpo dentro del mío, me quedé sola, estoy sola. Sola en una casa que me desconoce y me abraza, que me envuelve y rechaza y me lleva a pensar en lo que soy, en lo que he sido, enloquecido trance al descubrirme: hembra, madre, hija. Mi cuerpo se confunde en esta casa tan sola, tan limpia, tan tuya. Casi puedo escuchar todavía tu voz apagada por la madrugada, decirme tantas cosas tan pequeñas pero que se hacen tan grandes salidas de tus labios... Nunca habíamos hablado tanto, no en una cama. Todavía mi cuerpo resucita la sensación de tu pierna atravesándolo, atrapándolo; es una sensación de pertenencia sin ser del todo, de reconocerme elemental como roca viva, como agua de manantial recién nacido.

El espejo del pasillo me devuelve una imagen que reconozco lejana, como de otro tiempo; cuando el deseo era lo primero que había que satisfacer, cuando la carne apremiaba y el tiempo se iba, se iba en artilugios de belleza: ejercicios, cosméticos, cosas que fui dejando y se fueron yendo y me olvidaron o me olvidé de ellas por tener otras rentas, otros piensos que creí más fuertes, más nobles incluso más sanos. Y hoy me descubro, no sin miedo, deseándote, buscándote, encontrándome con lo que llegué a sentír, vivir y desear.

Volver a sentirme básica, elemental, como tierra regada por agua fresca; como fuego avivado por viento nuevo. Y vuelvo a entender que el deseo, este que no se apaga, que no se ha apagado todavía por más que lo intentes, por más que lo intento, será la pauta para reconocerme, para volver sobre los pasos y reencontrar el camino, andarlo una vez más, aunque no sean tus brazos, tus miradas, las que me vuelvan hembra como lo han hecho desde hace tanto tiempo y desde ahora.

Con música de Bach recorro mis ideas y pienso otra vez en ti, en lo que has provocado, en lo que has manejado dentro de mí para traerme hasta aquí. Llegué y tus brazos fueron mi refugio, mi tormenta y mi calma. Tuve miedo al cruzar la puerta de encontrarme con vestigios de otras vidas y me encontré con tus ojos que me tranquilizaron y me animaron para adentrarme en tu mundo y aprender a conocerte por unas horas. Tuve miedo de encontrar vestigios de otras vidas en tu vida y me encontré con el espejo y su respuesta, la única: es un momento. Tres palabras tremendas que me trajeron de golpe hasta mis pies descalzos y comencé a bailar un ritmo no aprendido, improvisando movimientos como improvisé cada beso, cada caricia de la noche anterior. Bach acarició mis pies, movió mis brazos, me convirtió en mariposa volando en un altiplano verde, lleno de tus ojos, de tus manos que intentaban atraparme siempre para traerme hasta tu sexo. Tu sexo multiplicado en muchos sexos distintos y al mismo tiempo el que conozco y con el que me reconozco básica, viva, infinita. Sigo volando en un recorrido no planeado, vuelo de tu cama a la cocina, de la cocina al estudio, del estudio a la recámara y vuelvo a iniciar la ruta de siempre con vuelos distintos: paso por tus libros, los elijo, sé dónde está Nandino, dónde está Sabines, dónde está el Quijote. Alzo mis alas un poco más y me encuentro con la lámpara vitral que me antoja unas uvas, una manzana, frutas muertas para una boca viva.

La música se detiene y mis pies sienten de nuevo el aterrizaje, entonces me vuelvo hormiga, pequeñita, indefensa, bichito perdido de su escondrijo, de su rutina, de la vida que dejó atrás para encontrarse con otra vida, la misma que me compartes a veces, en ratos, en silencios que no interrumpo porque sé que no necesito decirte nada, hablar de nada porque me sabes toda, porque me intuyes siempre, porque sé que al hablar rompería este momento irrepetible, único en el tiempo, en nuestro tiempo. Son tan sólo unas horas, pero son tantas horas que no podría calcular los días que pueden ser tan pocos, que prefiero que sean minutos y así vivir cada uno de ellos como si fuera el último.

jueves, octubre 06, 2005


Yo no tengo una personalidad: yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.
En mí, la personalidad es una especie de forunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.
Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W.C.
¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera!
Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.
¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo --me pregunto-- todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora?
El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarme de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia... de un egoísmo... de una falta de tacto...
Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de cotemporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquélla desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, ésta se empeña en demostrarme las ventajas de la abstinencia, y mientras una abusa de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra me despierta con el amanecer y exige que me levante junto con las gallinas.
Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda.
Oliverio Girondo, 1932

lunes, octubre 03, 2005

Asquerosamente Femenina


Despertarse una mañana con la inminente sensación de ser más insoportable que de costumbre. Seguir la rutina con la pesadez habitual de quien se levanta o se tiene que levantar a las 6:30 a.m. para "estar a tiempo". Luego, mientras el café va cayendo gota a gota sobre la jarra de la cafetera humeante y el agua se calienta más acá, cerca de mi cuerpo, cerca de mis manos que me indicarán el momento preciso para entrar en la regadera; caer en la cuenta de que estoy muy lejos por definirme dentro de una personalidad.

Y todo esto es por culpa de la maldita televisión. Según unas niñas muy bobas, pero aparentemente muy sabias, una debe, al enfrentarse con el espejo, verse de golpe, total, no en partes, ver el peinado, el maquillaje, la ropa, los zapatos, los accesorios, todo a golpe de vista, nada de ir por partes, porque así "habrá algo que te brinque" y es más fácil cambiarlo. Pero, mi pregunta es, ¿qué pasa si te brinca todo?.

Salgo de la ducha, me pongo mis ojos, lavo mis dientes, camino a mi recámara, abro mi closet, armario, o como se le quiera llamar; frente a mí los vestidos, las blusas, los pantalones y una que otra falda, acumulados a lo largo de muchos años, parecen retarme. ¿Qué me voy a poner hoy?, es el primer gran desafío de cada mañana, de cada día, de cada semana, de cada mes... aunque ya estamos en otoño, no pretendo cambiar el tono festivo del verano, no todavía. Así que se opta por un coordinado color "coral" y zapatos rojos.

La vocecita del monitor me saluda "mamá, ven, ven mamá!", hago como que no quiero escucharla, no porque no la escuche, sencillamente porque hoy "primero seré yo". Coordinado coral, zapatos rojos, cabello: ¿suelto o en coleta?, segunda disyuntiva, si lo llevo suelto seguramente que en mitad de la mañana lo traeré desordenado, frizzado y esto me enojará tanto que terminaré por sujetarlo. En coleta entonces, no, porque no se disimularán los cachetes y últimamente me veo más cachetona o veo mis ojos más pequeños o las orejas me crecieron...

"mamá, ven, ven mamá!", la vocecita del monitor insiste, insiste... pero hoy le agradezco su insistencia, ¿quién dijo que los hijos no son una salvación?; acudo al llamado de la hija, la levanto, la llevo a la cama para cambiarla --duerme en cuna y la visto en una cama--, voy a su ropero y elijo la ropa casi a ciegas, la visto, se ve hermosa (¿por qué entonces es tan difícil para la mamá de esa preciosura, verse igual?). Bajamos a gran velocidad por las escaleras con: el perro de peluche, la mochila-pañalera, el peine, las ligas, el gel, la hija, los zapatos rojos, el coordinado coral, el cabello agarrado a la altura de la nuca --ganó la practicidad--, las llaves del carro, las llaves de la casa, tomar el biberón de chocomilk del refrigerador,subir a la hija en el carro, sujetarla a su silla, darle el biberón, sacar el carro de la cochera, cerrar el cancel, salir disparada hacia la guardería, enfrentar el tráfico, tomar rutas alternas, llegar, peinar a la hija, bajarla del coche, tomar su mochila, saludar a la nana del filtro, entregarle a la hija, esperar hasta que estén lejos de mi vista, salir de la guardería, volver al carro, al tráfico, la ruta alterna, la maldita señora de la Windstar blanca, claxon, mentada de madre.

Por fin llegar de nuevo a casa, servirme una taza de café, subir de dos en dos las escaleras, otra vez el espejo, mi cara sin maquillaje, el cabello queriendo soltarse, Carlos Loret de Mola en la pantalla que me rescata a veces y otras tantas, como hoy, me hunde en crisis adolescente no superada...

Yo, con mi yoísmo en su máxima expresión frente al espejo, una vez más y ahora no habrá vocecita monitoreada que me rescate de mí misma. Estamos yo con yo en un duelo a muerte o a vida. Según la chica fresa de Pick-Nick tengo que decirme frente al espejo "me encantas, vales mil, no cambies" pero vamos a ver si me sale "Me encantas, vales m..., quítate eso", son chingaderas, de verdad. Como si el que sea lunes no es suficiente para bloquearme la personalidad. Finalmente el trajecito coordinado de color coral es suficientemente decente para no revelar lo revelable, los zapatos color rojo son sexys y además son altos y dejan la perfección de mis dedos de los pies, desnudos, felices, irreverentemente impúdicos. Mi piel tan blanca pide a gritos una sesión de sol o de cama de bronceado, el fin justificaría los medios, pero algo de color no me vendría mal.

Sé que lo estoy haciendo todo mal, no estoy siguiendo los consejos de las chicas nice de Pick-Nick, al final me salvarán mis ojos, la sonrisa, el gesto amable, la atención que le dé a cada una de las personas con las que conviva durante la mañana, el no tirar la colilla del cigarro sobre el piso y un sinfin de etcéteras que no se me ocurren pero que se me ocurren todos.

Antes de salir definitivamente de casa, anotaré en un post-it blanco --que seguro tendré que cambiar por algo más divertido, más nice-- que tengo que comprar foaming de colores, papel picado, y brillantina, para decorar mi espejo hoy por la tarde y comenzar la transformación que seguramente me harán verme linda, divertida y genial...

jueves, septiembre 29, 2005

Torreslandia ofrece disculpas por la ausencia de ideas plasmadas. Si bien no se ha dejado de pensar, de sentir, de vivir, la vida se está reacomodando. Diría mi amiga Vero: "el horno no está para bollos" y estoy intentando ayudar, todavía no sé a qué, a una persona entrañable en mi vida. Así que les pido paciencia lectores, un poquito de paciencia, nomás.

martes, septiembre 13, 2005

Sobrecama VIII


Para el Mostro, porque se lo debía.

Acabas de encender el cigarrito. Me gusta sumergir mi nariz en esa metamorfósis olorosa, cuando el sexo puro se convierte en sexo nicotinado, quemado, cansado. Observo tus labios alrededor de ese pequeño falo de papel, plástico y tabaco; tus ojos se pierden en algún punto del techo, como si en realidad disfrutaras del "oral" que estás ofreciéndole al marlboro y mi mano acaricia sin ganas tu pecho. "¿Por qué fumamos después de hacer el amor?", te pregunto mientras robo de tus dedos el cigarro y me lo llevo a mis labios, "por imitación"; sonrío, me gusta cuando dejas de lado la autenticidad y respondes sin pensar las respuestas. "¿pero, por imitación a quién?" "A las películas francesas, por supuesto", "mira tú, qué cosas... y cuántas películas francesas has visto en tu vida?" "ninguna, pero dicen que en las películas francesas los galanes siempre fuman después de coger", "tú siempre tan fino" te doy la espalda y me sigues en el movimiento hasta pegarte a mi cuerpo, tu piel sigue tibia, cálida, agradable... "¿qué, qué dije?" ¿por qué dices "coger" cuando estamos hablando de "hacer el amor"?", "porque siempre me ha molestado que confundan o mezclen los términos. Hacer el amor es un anglicismo, faire l'amour era más bien tirar la onda, cortejar, enamorar, no encamarse... pero luego a alguien se le ocurre que suena mejor, más elegante, menos burdo, decir "hacer el amor", antes que "coger", "fornicar", "follar"... es el afán del ser social de no decirle a las cosas por su nombre..." "o un afán del hombre mismo por renovar el lenguaje, ¿no?" me atrevo a preguntarte "no, no creo que vaya por ahí, más bien es el miedo a las palabras, es un problema institucional..."

Sigues fumando y hablando como dándome una cátedra de las diferencias entre coger y hacer el amor, términos en desuso, facultades del lenguaje oral y corporal, y del por qué el ser humano tiende a encubrir sus intenciones cambiando palabras para obtener en su beneficio lo que el otro o la otra pueda ofrecerle.

Realmente estoy cansada, sin embargo es un cansancio agradable, de esos que una siente en todo el cuerpo y no pesa, al contrario, los movimientos se vuelven más lentos, más nítidos, como si mis piernas, mis brazos, se fueran desdoblando en cada movimiento, como si pudieran ser infinitos.

Después de un "pero tú no me hagas caso" enciendes la televisión y cambias de canal varias veces. Me gusta estar contigo, fumar contigo, coger contigo. Me gusta sentir que no hace falta hablar de nosotros para sabernos. Saber que más que el sexo, la afición por el cine, la inteligencia o lo que podamos llegar a vivir juntos; será más fuerte en nosotros el silencio de un cigarro compartido; aunque afuera, en la calle, en donde nadie sabe de nosotros, cada quien por su lado le rinda homenaje a su tabaquera favorita.

lunes, septiembre 12, 2005

La culpa es del espanto


quise correr
escapar
de tu nombre
en el que siempre caigo
al que siempre me trepo

quise correr
dejar de pensar
d i l u i r m e de ti
en café sin cafeína

huír en humo
de cigarro sin nicotina
dejándote un cáncer pasivo
en algún órgano oculto
dentro de tu cuerpo

quise tomarme
de un solo trago
el poquito cariño
la poquita nostalgia
en las rocas
antes de endulzarte
el alma


Y aquí estoy otra vez

Nombrándote
llamándote en silencio
pensando que pensándote
podrías escuchar
las palabras
que no he dicho
que van ahogándose
entre duelos y respetos
entre tiempos y amores
que no te di
y no me diste

(el que da y quita con el diablo se desquita)

pero aquí
no hay con quien
desquitarme
de esos tus amores
que pude y puedo darte
y no has tomado
por tanto
pinche
espanto
entre
tú
y
yo

miércoles, septiembre 07, 2005

Sobrecamas VII


Abres los ojos y te das cuenta de que el sol es el mismo que te despertó el día anterior, te sigue doliendo la mirada, como ayer, cuando dejaste de tomar por sentir los ojos a punto de estallar. ¿Quién fue el alma caritativa que te acercó hasta tu cama?, ¿quién te quitó los zapatos?, ¿quién los pantalones?... sonríes como recordando aquellas manos que con dificultad fueron liberándote del cinturón, el botón, la cremallera... habías tomado tanto que probablemente no pudiste hacer nada en la cama... ya, ya sé que eres todo un semental entre los de tu tipo, que a tí la borrachera no te hace y que puedes hacer "maravillas" incluso habiéndote tomado un litro del tequila.

Pero hoy es distinto, ¿verdad?, no te quieres acordar de lo que pasó anoche, ¿por qué?, La punzada en la frente, taladrándote los ojos parece no ceder al sedalmerk; ¿de verdad creíste que sería tan fácil?, y yo que pensaba que eras un poquito más intuitivo... ¿de verdad no te diste cuenta?, ¿por qué no miras a quien está a tu lado en la cama?, ¿a qué le tienes miedo?, no, no te cubras la cara con las manos, me gusta ver cómo tu cara va transformándose de crudo a tonto, de tonto a pobre niño miedoso... vamos, abre los ojos, mira a quien tienes a tu lado que hoy no es totalmente distinto a ti.


SIN CENSURA
Pólipo Sedano, Teuchitlán, Jalisco, 09 de septiembre de 2005. Fueron descubiertos los cuerpos sin vida de dos hombres en una casa ubicada frente a la Plaza de Armas. Paramédicos de la Clínica de la localidad intentaron reanimar a los difuntos sin lograr hacerlos respirar. Uno de los ahora occisos respondía en vida al nombre de Refugio López, alias "El Cuco"; avecindado en el pueblo desde hace 2 años, famoso entre los vecinos por sus fiestas de exceso y perdición, pero muy exclusivas para señores. El cuerpo desnudo de su agresor, cuya identidad aún se desconoce, yacía sin vida a escasos metros de distancia junto a un gato que le estaba lamiendo los pies cuando los encontraron. Los cuerpos fueron trasladados al SEMEFO de Guadalajara, todavía nadie los reclama.

viernes, agosto 26, 2005

And so it is...


Pensar en el mar, no en cualquier mar, no... pensar en el mar que me trajo la vida y al que le entregué tantas horas, miedos, llanto, sueños, historias. Pensar en la gente que dejé allá, frente al mar, la misma que conocí o reconocí en esas playas. Mi hermana se hizo madre en esa arena, mi hija se hizo carne sobre sus olas. Deberle tanto y tanto haber dejado, me hace pensar que es justo hacerle su homenaje, chiquito, como no queriendo la cosa. Yo no pienso hablar de sus calles, de la corona de su iglesia, de las piedras que impiden el acceso tranquilo a las olas, no. De hecho no pienso hablar de nada en concreto. Es sólo que hoy es viernes y una amiga tuvo a bien enviarme una imagen sobre ese mar que tantas veces me tuvo entre sus olas, acariciándome o rechazándome, como buen amante, como buen amigo, como buen tunante. Creí que nunca llegaría pesarme el distanciarme demasiado de sus playas, el no sentir su humedad sobre mi piel, el no respirar pesado aquel olor a brea fresca, huele a mar, huelo a ti... tantas cosas llegué a pensar cuando tomé mi vida guardándola en una bolsa y salí de aquel departamento, de aquellos brazos, y hoy, después de algunos años, reconozco la nostalgia de aquel mar como agua anegada en alguna parte de lo que soy ahora.

jueves, agosto 25, 2005

Renovatio


Después de darse mucho a desear, volvió a salir el sol en Torreslandia. Tal vez convenga no usar bloqueador, permitir que Helios se recreé un rato con mi piel, me invada, me reinvente. Después de más de un mes deseando sentir que el regreso del recorrido de la sangre por mis venas, hoy se hizo el milagro y estoy feliz. No me torturo, no me hago pedazos pensando si volverá a nublarse o si será noche eterna. Llegó el sol y hay que celebrarlo. Llegó la luz, el calor, la vida y es un buen motivo para agradecer y celebrar.

lunes, agosto 15, 2005

Sobrecama VI


“¿y eso?”, preguntas con sonrisa apagada sin apartarme de tu lado. “¿qué?” te contesto pegándome más a tu piel, siempre me ha gustado pegarme a ti después de hacer el amor, sentir tu respiración retomar su ritmo habitual me devuelve a la realidad suavemente, sabiendo que no necesito salir corriendo para sentirme segura de mí misma, autosuficiente, fuerte. “ya, deja de mover los pies bajo la sábana...” “¿mande?”, “sí, nunca he entendido por qué mueves los pies así...” “así, ¿cómo?” “como si bailaras”... tomas el control de la televisión sin soltarme, sé que no te molesta el que mueva los pies, sólo te llama la atención, como si fuera algo nuevo a pesar de los años que llevamos juntos.

Siempre te he desquiciado a propósito y no, con mis manías. Nunca me creíste que yo no permitía que me tomaran de la mano. Creo que fue el primero de los retos que tomaste para acercarte a mí. Te lo dije el día que nos conocimos en aquel café-nevería con teléfonos en cada mesa; yo iba con mis amigas de la prepa, tú estabas solo. Recuerdo que llamaste nuestra atención por considerarte demasiado viejo para estar en un café de moda; a los 17 uno cree que cualquier edad después de los 25 significa la entrada a las ligas menores de la tercera edad. Poco a poco fueron llegando los novios de mis compañeras y se fue vaciando la mesa hasta que me dejaron sola. Entonces volteaste hacia mí y sonreíste; mi reacción fue la misma que he conservado 15 años después, pedí la cuenta y salí tropezándome entre la gente, sin voltear atrás.

Caminé una o dos calles hasta llegar a la avenida para tomar el autobús de regreso a casa, atormentándome con la idea de por qué me habías sonreído y peor aún, por qué tuve que huir de esa manera. Cuando llegué a la parada el cielo era una nube gris sobre mis hombros, para ese momento mi mente elaboraba la excusa que más tarde y por teléfono tendría que darle a Concha explicándole mi salida sin despedirme de nadie; aunada a la invención de la historia fantástica de mi tarde con las amigas en el nuevo café de moda para que mis padres, complacidos, me siguieran creyendo el centro de atención con mi grupo de compañeras y amigos.

Entonces volviste a aparecer. Fue una viejita que estaba a mi lado la que me indicó con el dedo de que me estabas llamando desde tu carro. El viento para entonces hacía imposible escuchar lo que intentabas decirme desde el auto, así que me acerqué. “Súbete” no lo pensé dos veces, abrí la puerta y me senté a tu lado, el calor dentro del carro relajó mis músculos pero no me atreví a mirarte. En la radio Joselino Vazquez coqueteaba con una chica al teléfono mientras se escuchaba de fondo “Solos en América” de Miguel Mateos. “¿A dónde vas?”, “a mi casa” te contesté sin levantar la mirada de la falda a cuadros. Seguiste conduciendo sin prisa, gotas pesadas comenzaron a caer sobre el carro, sonreí para mis adentros alegrándome de no estar afuera. En la Minerva preguntaste de nuevo “¿por dónde le sigo?” “derecho”, “¿cómo te llamas?”, “Andrea”, “yo soy Carlos Villaseñor”, “mucho gusto” y entonces te miré, pero tú a mí no. “¿te dejó plantada tu novio?”, “no”, “¿por dónde vives?” “por el Fray Pedro”, “¿estudias allí?”, “no”, mentí y mordí mis labios, como siempre que digo una mentira, “y ese uniforme ¿de qué escuela es?”, “no es uniforme, es la moda”, “ah, mira...” Llegamos a Manuel Acuña, volviste a preguntar “y ahora, para dónde”, “derecho, por la lateral, vamos a dar vuelta en José María Vigil para entrar por Jesús García”, me arrepentí de darte las instrucciones tan claras cuando vi que empezaste a acelerar. Me atreví a preguntarte “¿te dejó plantado tu novia?”, dudaste un segundo antes de contestar “no” contestaste y consultaste tu reloj “debe estar llegando en este momento al café”, añadiste, “y entonces, ¿por qué estás aquí?”, “porque no quería quedarme sin conocer tu sonrisa”. “No tengo que llegar a mi casa... todavía”, “¿quieres que vayamos a un café?”, “no”, “¿qué quieres hacer?”, “lo que sea”. Seguiste mis indicaciones y al llegar a López Mateos y Luis Pérez Verdía, buscaste dónde estacionarte; “¿has probado las aguas frescas que venden aquí?”, “no”, “¿quieres una?”... no me diste tiempo para contestar, ya te habías bajado del carro y venías en dirección mía para abrirme la puerta y ayudarme a bajar, no entendí el gesto de caballerosidad cuando extendiste tu mano hacia mí y yo la rechacé pretendiendo acomodar mi cabello. Al estar sobre la acera me di cuenta de tu altura, fácilmente me sobrepasabas por dos cabezas, me cediste el lado izquierdo de la acera y como un reflejo intentaste de nuevo tomar mi mano. Instintivamente la aparté. “¿por qué no quieres que te tome de la mano?”, “porque no me gusta”, “no será porque no somos novios?”, “no, nomás porque no me gusta”, “¿cómo que no te gusta?”, “no, no me gusta comprometer mi paso”, “no se trata de eso”, “para mí sí”, “¿y si te beso, me dejas que te tome de la mano?”, “no”, entonces me besaste y yo me colgué de tu cuello y cuando nos separamos no dejé que me tomaras de la mano.

Regresé a tu lado cuando sentí el frío del abandono de mi cuerpo por el tuyo. “¿a dónde vas?” te pregunté al verte de pié junto a la cama. “voy a ver si apagaron la tele los niños”, me mandaste un beso y saliste de la habitación. Sola, volví a darme cuenta de que estaba moviendo los pies bajo la sábana, como un reflejo lejano de otros tiempos, cuando tenía que huir de cualquier situación que me involucrara un poco más de lo que podía enfrentar.

miércoles, agosto 10, 2005

Sobrecama V

Entonces decidimos dejarnos. Te fuiste porque era necesario, importante, vital, espacial, natural, causal y factual. Te fuiste de la casa y me quedé sola frente a la que fuera hasta ese momento nuestra cama; una cama vacía de ti.

Me acosté sobre el espacio que acababas de abandonar intentando rescatar un poco del calor de tu piel sobre las sàbanas, la sensación era extraña, como cuando era niña e intentaba retener en mi nariz el olor a vainilla de las manos de mi madre, o como cuando pensaba que al cerrar mis ojos nuestra silueta confundida en un beso o un abrazo pondría el final feliz a un día igualmente feliz.

Hoy no es así. La cama no me trae nada: ni tu calor, ni tu olor, ni siquiera me trae el recuerdo de una relación feliz, hoy la cama pasó de ser el centro del universo a convertirse en lo que me enseñaron los libros y las buenas conciencias: un no-lugar, un espacio de tránsito, un área de descanso, un pedacito de paz en dónde soñar.

Sólo espero que llegue el día en que no pueda explicarme cómo un día cupimos tú y yo sobre este colchón.

Sobrecamas IV

Dijiste "ve despacio" y terminaste.

lunes, agosto 08, 2005

Sobrecama III


Lo suyo se basó en la fantasía: la fantasía del otro en la una, de la una sobre el otro, dos con uno y uno para todas. Metáforas matemáticas. El ludo en ecuación sin rostro.

Una noche, la luna les pegó con su güante de alcohol y ternura, de confesión y trago amargo.

Desvelándose el amor en donde no debió existir, te fue dejando, se fue yendo, se fueron quedando solos, absurdos, tacaños, vacíos, reales.

viernes, agosto 05, 2005

Pan pa'l niño


Pa' mi niña Lavinia
Que le den pan al niño
pa que se arrulle
que le den panecito
de miel y risas
que mi niño llora
y mi niño sufre
y mi niño es el niño
de las gaviotas
que alimenta su alma
de mar
y
sueños.
Y si aún tiene hambre...
que le den pan con sueños
pa'l dolor de vientre
que le den pan con miel
y no llore ya.
Duérmete
mi niño
de mar
y selva
duérmete
y que el llanto
no dure más.

Despertares













La noche
despertó vacía,
callada,
sin prisa
te espero.

No me pidas
cuando llegues
si llegaras,
que te cuente
un cuento
que te cante
un poema
que te arrulle
el sueño.

No me dejes
si me dejas,
con mis ojos
sobre tu espalda,
con tu peso
en mi vientre,
con tu aliento
en mis besos.

Si vas a venir
si vinieras,
pídele a la noche
que no se duerma
que calle en su grito
el murmullo de grillos
y ranas
fuera de mi cuerpo.

Si vas a irte
si te fueras,
llévate el silencio
de la lobamadre
que vive
entre
mis
piernas
milagros
de días
que no llegan

y si llegaran

pídele a la noche
que regrese
cantando
que sea
fiesta
que te cuente
los cuentos
que yo no,
que te cante
poemas
que yo no,
que te cante
un cuento
que te cuente
un poema
que te cante
que te cuente
que
yo
no

lunes, agosto 01, 2005

A medio terminar

Para C que se fue yendo mucho antes de terminar de encontrarlo.
In memoriam

Me gustaba estar contigo, aunque siempre terminaba desesperándome por tus procedimientos. Te alegaba por tu imputualidad, por terminar nuestras citas cuando a penas íbamos empezándolas, por sabotear lo poquito que llegamos a sentir el uno por el otro. Luego te fui conociendo mejor y descubrí que tu manía era no terminar nada, no cerrar círculos, ir dejando todo a medias:
las conversaciones,
el amor,
el desamor,
el odio,
los celos,
los libros,
el café,
el cigarro,
los pagos (siempre pagabas la mitad del mínimo a pagar)
las sonrisas,
el llanto,
la rabia,
los textos,
el alcohol (incluso entre amigos pensábamos que tenías serios problemas con tu manera de beber porque siempre dejabas la mitad:
de la cerveza,
de la cuba,
de tu vodka)
...

Nunca lograste concluír nada. Hoy me avisaron de tu muerte y me queda la vaga esperanza de que para variar éste asunto, también lo hayas dejado a medio terminar.

Algo para peques

Camilo fue hasta el fondo de su pecera para descansar. Los libros se habían quedado en silencio hacía algunas horas, pero parecía que sus voces permanecían en la pecera, flotando como sueños alrededor de nuestro amigo.

Cuando estaba a punto de quedarse dormido, escuchó un murmullo al fondo de la habitación, al principio era muy bajo, pero fue creciendo hasta que se dio cuenta de que en uno de los anaqueles, algunos libros estaban discutiendo entre ellos.

—¡No se puede dormir con ese olor tan desagradable!

—¡Yo no sé qué estarían pensando cuando te trajeron!

Camilo no entendía qué estaba pasando. Le preguntó a su amigo La Historia Interminable qué sucedía.

—Es El Fantasma de Canterville,— respondió sereno el libro— Cada noche es lo mismo, los libros que están cerca de él se quejan por el olor que despide.

—¿Los libros tienen olfato? — Preguntó Camilo intrigado.

—Claro, igual que tú. Cuando somos nuevos tenemos un olor que a todos les gusta, de hecho cuando yo llegué a esta casa, la niña lo primero que hizo fue abrirme y pegar su nariz contra mis hojas para olerme nuevo, eso lo hizo todo el tiempo que tardó en leer mis historias... hasta que llegó un nuevo libro y se olvidó de mí.

—Entonces... pero ahora tú no tienes ningún olor...

—No porque todavía soy joven. En cambio el pobre de El fantasma de Canterville, ya tiene otro olor, un olor que, al parecer, es muy desagradable. Yo nunca he estado junto a un libro viejo. Desde que llegué a este lugar, me dejaron en esta tabla y sólo llegan libros nuevos... pero al parecer, allá donde están discutiendo, huele muy mal... y creo que es porque El fantasma de Canterville es un libro que tiene muchos años, está muy maltratado y tiene olor a viejo.

—Pues yo nunca he olido un pez viejo... no sabría decirte a qué huele un pez viejo. Pero no creo que yo huela mal, ¿o si?

—No, bicho rojo, tú no hueles mal, hueles diferente, eso sí, pero no hueles mal.

—Huelo diferente... como El fantasma de Canterville, diferente. ¿la niña ya conoce ése libro?

—Sí, la niña lo conoce y es su favorito. Cada determinado tiempo, le pide a su padre que lo lea para irse a dormir.

—Y a ellos, ¿no les molesta el olor?

—No, al contrario, ese libro lo tienen como un tesoro. Mira mis páginas...

—No puedo verlas, lo único que veo es un rectángulo, todo es plano para mí.

—Pues dentro de lo plano que ves, bicho rojo, hay un montón de páginas. Nosotros, los libros, sabemos cuándo un libro se prefiere, por lo gastado que tenemos las páginas... mis páginas no están gastadas en cambio las de el fantasma tienen incluso gotas de agua o café, hasta una quemadura. El fantasma de Canterville ha estado aquí por mucho tiempo y no tiene descanso. Y ahora, si me disculpas, voy a dormir.

Camilo se quedó flotando en el centro de la pecera. Las voces se fueron apagando poco a poco, y sólo se escuchó el lamento oscuro de el Fantasma.

—Disculpe, señor, ¿se siente mal?

—¿Y tú qué crees, bicho rojo?

—Perdón, señor... ¿le puedo ayudar en algo?

—No hay nadie que pueda ayudarme... nadie.

—¿Tiene mucho tiempo viviendo aquí?

—Creo que desde siempre... no recuerdo otro lugar que no sea este... siempre he estado aquí, siempre he sido insultado y estoy muy cansado.

—¿Y qué lo haría sentirse mejor?

—¡Quiero descansar! Hace muchos años que lo único que deseo es que me dejen en paz... pero eso va a ser imposible mientras haya niños en esta casa.

—¿No le gustan los niños?— Preguntó Camilo intrigado.

—Sí me gustan, por ellos estoy aquí. Pero yo quiero descansar... tú no sabes lo que ha sido para mí primero estar en la mente del escritor, luego en el papel, y ahora pasar de mano en mano, de mirada en mirada, de mente en mente... y así para toda la eternidad... ya estoy cansado. Soy un libro viejo, con una historia vieja... ya quiero descansar.

—Si tan solo pudiera ayudarle en algo...

—No, bicho, tú no puedes hacer nada por mí. Mientras siga siendo importante para alguien, no podré descansar. Primero fue el abuelo de Lavi, luego su padre, hoy es ella, y después vendrán sus hermanitos... no voy a descansar en muchos años más... ¡Ay, cómo me gustaría estar en la biblioteca, con otros libros igual de cansados y viejos, con los libros que han sido olvidados, que sólo de vez en cuando se comentan algo entre ellos para recordar que siguen vivos, ay, como quisiera descansar con ellos!

—Pero usted es muy importante, señor Fantasma, usted debería ser feliz por ser tan querido en esta casa.

El Fantasma de Canterville gritó de dolor. Camilo retrocedió y se escondió en la oscuridad de su pecera. La habitación quedó en silencio nuevamente. Camilo todavía temblando de miedo se acercó tímidamente al cristal.
—No has entendido nada, bicho rojo. Yo ya no quiero ser querido, ya no quiero que me lean, lo único que yo quiero es ser olvidado. Mis hojas están llenas de mugre, de lágrimas, dibujos, notas en mis márgenes, hasta me quemaron con un cigarrillo... fue por un descuido, yo lo sé, pero he sido humillado tantas veces que ya no puedo más. Soy un libro viejo, sólo por eso, deberían dejarme en paz, en algún rincón, olvidado... estoy cansado, Camilo, muy cansado... ¿Podrías ahora dejarme dormir?, ¿al menos tú, podrías dejarme descansar un poco?

Camilo no contestó. Se dirigió hasta el fondo de la pecera y se dispuso él también a dormir. Su respiración era muy difícil, sentía como si toda su piel, todos sus cartílagos se le apretaran alrededor de su corazón. Se asustó mucho y le habló nuevamente a La Historia Interminable.

—Algo me pasa, no puedo respirar, ayúdame...

—No es nada serio— Intentó tranquilizarlo La Historia —es sólo que estás triste.

—Pero no puedo respirar, me duele algo.

—Te duele El Fantasma de Canterville, eso es lo único que te duele, Camilo.

—Pero, él no soy yo...

—De algún modo, no sé cómo ni por qué, El Fantasma de Canterville somos todos los que estamos aquí. Todos los libros somos un poco de él.

—¡Pero, yo soy un pez, yo no soy libro, yo no soy él!

—Tú ya conoces su historia, como la mía y la de otros que hoy has conocido, de algún modo, ya eres un poco nosotros. Ahora cierra tus ojos y trata de controlar tu respiración... poco a poco notarás que el dolor pasa y a lo mejor hasta puedes dormir. Descansa pececito, yo te voy a cuidar.

Camilo durmió aquella noche y La Historia Interminable cumplió con su promesa. Los libros siempre cumplen sus promesas, siempre. La Historia velóel sueño de Camilo hasta el amanecer y pensó que era una suerte tenerlo entre ellos. Buscó entre sus páginas alguna frase que pudiera llegar muy clara hasta la pecera de Camilo, para tranquilizarlo y arrullarlo, poco a poco, fue lanzando palabras que alcanzaron el agua y cobijaron a Camilo.

miércoles, julio 20, 2005

Sobrecama II

tus besos se llegaron a recrear, aquí en mi boca... Te escucho desentonando el viejo bolero en el baño, no puedo evitar reírme una vez más.llenando de ilusión y de pasión, mi vida loca...

Siempre te ha dado por cantar después de hacer el amor. Lo descubrí en nuestra primera noche juntos, después de estar conmigo sobre la cama el tiempo reglamentario para no provocarme sentimientos de abandono, te levantaste y fuiste al baño. Nada más cerraste la puerta y te inspiraste con una canción de moda, romántica, decía algo así como: wouldn't you agree baby you and me we'v got a groovy kind of love. Debo reconocer que entonces pensé que me estabas enviando algún mensaje oculto, por supuesto que en aquella ocasión la risa se quedó muy dentro de mí, de hecho la tensión me fue subiendo por los piés, enredándose entre mis piernas hasta llegar al estómago; esperaba que al salir del baño me dijeras algo sobre el momento que habíamos compartido, el por qué habías cantado aquella canción, cualquier cosa que tranquilizara el hormigueo bajo mi piel, cosas de adolescente enamorada.

Con el tiempo me fui dando cuenta de que tu repertorio era todo un "random", muy variadito y casi nunca coincidía con lo que sentíamos o pretendíamos sentir, cantabas por cantar, nomás, como una terapia de relajación, como si así liberaras el último rescoldo de energía.

En una ocasión en que las cosas del día no fueron como debían y repercutieron en nuestros asuntos nocturnos, te escuché cantar lo último que hubiera creído que podría escucharte después de haber hecho el amor. Te levantaste molesto y una vez dentro del baño te oí cantar con la voz apagada: allá en la fuente, había un chorrito, se hacía grandote, se hacía chiquito...

Tu voz era ausente, desmotivada, huidiza como el agua que borraba a su paso mis caricias sobre tu cuerpo. En vez de reírme como siempre lo hacía, dejé la cama y fui a encontrarte. Te ví recargado contra las baldozas, con los ojos cerrados, dejando correr el agua sobre tu cuerpo. Te ayudé: estaba de mal humor, pobre chorrito, tenía calor. Abriste los ojos, con ese brillo que siempre he reconocido en ti para mí, me dijiste "ven para acá, hormiguita" y me jalaste dentro de la ducha para atrapar con tu boca la risa que salía de mis labios mientras mis manos se colgaban de tus hombros para concluír lo que habíamos comenzado en la cama.

Me regresó tu voz en la puerta del baño: ... y no me cansaré de bendecirtanta dulzura... Sonreí mientras caminabas de nuevo hacia mí envuelto en un vaporoso resplandor; "¿todo bien?" te pregunté con mis brazos bien abiertos, tan sólo para tí. Sin decirme nada tus besos respondieron con detalle a mi pregunta, tu cuerpo volvió a pegarse con el mío y nuestras humedades se fueron recorriendo sobre las sábanas cansadas. Todo está bien.

sábado, julio 16, 2005

Sobrecamas

"El amor después del amor, tal vez se parezca a este rayo de sol..."
Fito Paez

Siempre he pensado que hay dos momentos trascendentales en la vida del ser humano como ente social y sexual, hablo de la sobremesa y la sobrecama.

Los mejores vinos, dulces, tabacos, el mejor café, así como las mejores discusiones, proposiciones, interacciones y la mejor de las siestas, vendrán siempre después de una buena comida, en un ambiente agradable, con personas que tal vez no sean las mejores, pero que pueden ser rescatables.

Lo mismo sucede con la sobrecama, cuando nos sobrevivimos en el otro, en el silencio de los cuerpos desnudos después de la comunicación exhaustiva, en el diálogo entre fluídos, en el rescate del aliento por medio del otro. Saber que muchas veces no se tiene que abrir la boca para decirlo todo. Leer en el cuerpo del otro lo que se escribió a fuerza de besos, caricias y risas entrecortadas. Uno puede hablar de tantas cosas y no decir nada o por el contrario quedarse calladita, pegada al cuerpo ajeno pero propio y sentir que lo sabe todo, que no hay nada más grande o más pequeño que ese momento, minuto de eternidad, espacio macerado, sacralizado, por la intrusión siempre bienvenida del otro.

Hoy está la convulsión por plasmar los diálogos, las risas, lo rescatable o lo que se quisiera dejar de lado. Esta convulsión puede ser propia o ajena, incluso la fantasía de lo que se quiso sentir o lo que se quiso decir. Por eso comienzo con "Sobrecama I", que hasta hace unos momentos se llamó "Adivinando", hacer una secuencia de sobrecamas en donde cualquiera se puede descubrir, atormentar, regocijar, burlar o enojar; se vale todo en esta tierra en donde todo puede pasar.

jueves, julio 14, 2005

Sobrecama I

Te gustaba mirarme. Lo descubrí una noche después de haber estado quemando juntos las sábanas. Lejos de percibir cualquier efecto en tu voz, escuché que me decías con la voz ronca de tanto besarnos "me gusta tu espalda". En un tono que tú ya conocías te respondí sin mirarte "tú nomás dime y te la doy cuando quieras". Seguí sentada en la orilla de la cama, fumando, viendo sin interés las imágenes que corrían frente a mis ojos en la pantalla. "¿qué no habrá porno para mujeres?", "¿y de cuándo acá te interesa el porno?", "¿y por qué no?", "claro que hay porno para mujeres --dijiste como si fueras a dar una cátedra-- son las novelas", "no mames, las novelas no son porno", "por supuesto que sí, un porno del dolor, las buenas que siempre están muy buenas, sufren y sufren pero siempre se ganan al mamado de la novela"."Puros pendejos", "pero son los que les gustan". Apagué mi cigarro y te enfrenté "¿y cómo sabes tú que nos gustan los pendejos?", sonreíste "¿no estoy yo aquí?", "tú eres un aprendiz de canalla, no un pendejo... te salva el querer ser el malo".

A un guiño me tuviste de nuevo junto a ti, compartiendo la almohada, el pedazo de sábana, el nuevo cigarrillo en tus manos. Tu piel ya no era cálida como media hora atrás, ahora estaba fría, incómoda, lacia y sin ganas. Tomaste el control y empezamos a darle la vuelta a los canales: noticias, series, documentales --un bebuino puede tener un montón de hembras hasta que llega uno más joven y le quita su harem--, más noticias, más series, compras por tv... te detuviste en ese canal. Una mujer de pechos grandes lavaba un automovil deportivo rojo. Te adiviné siguiendo sus movimientos sobre el carro, viendo como se mojaba su camisetita blanca mientras aplastaba las tetas sobre el cofre, esperando que se levantara para adivinarle el frío bajo la tela. Te enfrenté. Tu cigarro colgaba peligrosamente de la comisura de tu labio inferior, tenías la boca abierta. "Cuando tenga dinero te voy a regalar un deportivo rojo, como ése" te dije, pero no contestaste.

Me separé de ti y de un solo golpe sentí como mi piel se enfriaba.Caminé hasta la ventana, abrí las cortinas: al fondo el mar era una adivinanza. En el departamento de a lado una mujer semidesnuda estaba junto a su ventana creyendo ver el mar. La imaginé en la misma situación que yo, con su hombre en la cama viendo a una tetona lavando un deportivo rojo, mientras ella aparentaba no ser vista por la mujer semidesnuda que estaba en la ventana del departamento de a lado,creyendo ver el mar, con su hombre en la cama viendo a una tetona lavando un deportivo rojo; mientras aparentaba no ser vista por la mujer semidesnuda que estaba en la ventana del departamento de a lado creyendo ver el mar, con su hombre en la cama viendo a una tetona lavando un deportivo rojo; mientras aparentaba no ser vista por la mujer en la ventana...

lunes, julio 11, 2005

Estos post se autodestruirán...

Por ser un peligro para la salud mental de propios y ajenos, la administración de este blog ha determinado en destruír o "deletear" los siguientes posts:

domingo, julio 03, 2005 : París en invierno

y

martes, julio 05, 2005 : Ce Monde, 1964-2005.

Ambos post serán borrados en los próximos días, a reserva de que hubiera demandas a favor de su permanencia.

viernes, julio 08, 2005

El miedo
no anda en burro;
viaja en tren,
en autobús
o en avión;
como usted
y como yo.

jueves, julio 07, 2005

Ante el terror...

37 muertos y 700 heridos. Hasta hace una hora en londres, tenía dos afectos míos perdidos: Uta y Diego. Uta ya se reportó, está tranquila en su departamentito a unas calles de donde fue la explosión. En el mail que me envió señala: "hay muy poca gente en las calles, de hecho casi nadie. Todavía se escuchan ambulancias y patrullas, pero cada vez son menos. No hay trenes ni camiones, nadie va a ninguna parte. Esperábamos que fuera peor, pero realmente parece que ahora está todo en órden; todo el día he visto el web de la bbc, estoy cansada". No tengo que señalar que su mail me tranquilizó bastante y más aún su actitud ante el terror, no dejarse caer, no entrar en la histeria colectiva, en el caos, en el grito y la desesperación.

Falta tener noticias sobre Diego, mi primo; aunque como él no chambea allá, se la está pasando "bomba" entre las fiestas y el conocer a los artistas londinenses, por lo tanto, no creo que salga de su casa antes de las 11 de la mañana; al menos eso espero.

Modus Vivendi


¿Cómo se llama, cuando el día comienza como hoy y todo está marchito y destruido y el cielo lo domina todo?
Eso se llama la aurora.
"Cela s’appelle l’aurore." Guión: Luis Buñuel, Jean Ferry, según la novela de Emmanuel Robles.

Había una vez un buey solo, que se llamaba Solo. La pasaba bien y no se quejaba, lo cual es bastante.
Comía salame y queso con pancito y tomaba whisky, ginebra, pisco y miraba la televisión, leía revistas y periódicos, por océanos de horas. En su pensión, de día y de noche se escuchaban ruidos (ruidos de los vecinos, de la calle, etc.) que él interpretaba como música. Fumaba mucho y tosía mucho, mientras leía las crónicas policiales del diario más amarillo de la ciudad, se sonreía y a veces reía. Se vestía desprolijo como rockstar pero a las que realmente amaba era a las pornostars.
Por las noches no podía dormirse y fumaba mucho y tosía mucho y le dolían los pulmones y la garganta y los vecinos lo escuchaban y pensaban, "qué poca vida tendrá este buey", y lo pensaban y lo deseaban, deseaban verlo muerto al buey. Muerto el buey se acabó la rabia, decían y se sonreían. El buey pensaba y se sonreía, mientras fumaba, mirando el techo, desde su canoa-cama, que el destino era tan azaroso que posiblemente él vaya al cementerio a despedir los restos de alguno de sus vecinos; y esa idea le gustaba, no por que los odiara, si no porque es hermoso ir a los funerales de gente por la cual uno no siente nada y después antes de volver a casa, en una mañana despejada, luminosa, sabiendo que uno está vivo. Entrar a un bar, pedir café con leche y tres medialunas, encender un cigarro y toser y sonreírse y comprar el diario más amarillo que podamos comprar.
El buey todas las noches de insomnio recordaba a Jenna, a Rebecca, a Jo, a Nikki y a los buenos viejos tiempos que ya no están, y no se cansaba de enumerar todo lo que se había ido, en una hoja de papel larga y finita :
la casa y el coche que algún día iba a tener,
la gente jugando a las cartas con las palabras,
el equipo musical,
el teléfono,
el futuro,
el perro,
el gato,
la familia,
los trajes,
tener la seguridad de no morir en un hospital publico,
la razón,
disfrazar el horror de cada día a toda costa,
la gente jugando a los dados con las palabras,
el orden,
la ciencia y la técnica aplicada a los electrodomésticos,
un buen control remoto,
los ahorros que se fueron por el caño,
las buenas costumbres,
Chasey,
la Internet,
el confort,
la puntualidad,
algún tipo de premio alguna vez,
Tracy,
la gente jugando al ajedrez con las palabras,
el aburrimiento,
una obra social con una amplia cobertura médica,
la mentira cotidiana,
la gente que no se cansa de morir.
Adiós, hasta siempre, los amo, pensaba para sí y mientras quemaba la hoja de papel larga y finita dentro de un cenicero y se quedaba viendo el fuego, y el humo que se va haciendo figuras en el aire, trataba de consolarse, de pensar en otras cosas, pero era imposible y miraba el libro de Chase que estaba leyendo, que se encontraba en la mesita de luz, al lado del cenicero, cuyo título era, "Sin dinero a ninguna parte."
Paseaba por la ciudad, caminando sin cesar. Mientras miraba la ciudad, filmaba películas con sus ojos. Olía el aire de cada rincón de las calles y los rostros pasaban cerca de su cara. En las horas pico atravesaba la ciudad en trenes repletos, en el más estrecho contacto con el pueblo, aprovechaba para masturbarse.
Lo que más le costaba era levantarse de la cama. Le costaba ir de compras. Le costaba vivir y le costaba morir. No le gustaba pensar y no le gustaba ser estúpido, le gustaba aparentar ser estúpido. Le costaba moverse y le costaba estarse quieto. Solo un par de días sentía que valían la pena y los demás días, eran días perdidos; y no está mal que los días se pierdan, así como así, como se iba perdiendo todo lo demás.
Perdió el pasado. Perdió el trabajo. Perdió el presente. Perdió la mujer. Perdió el dinero. Perdió el futuro. Perdió la fe. Perdió la guerra. Perdió la paz. El buey nació para perder y perderse y vivir en algún lugar perdido, perdiendo tiempo, perdido en sus pensamientos, tratando de no perder la cabeza, perdido por perdido. Perdió la sonrisa, se le cayó de los labios, y se fue a encontrarla en alguna mesa de ofertas, caminando por la calle con las manos en los bolsillos.
"Si hay miseria que se note," decía el buey en voz alta, como hablando con alguien. Tirado en la cama, mirando el techo derruido por la humedad y con las manos cruzadas sobre su cabeza y el cigarrillo interminable y delicioso en su boca, sonreía, el dolor a veces ríe.
A veces hace sol, y hace buen tiempo, y el buey sale de su cueva y caminando lentamente, mirando todo, como si fuese un extranjero, o mejor, como si la ciudad fuese un café que hay que saborear, va a una plaza. Se sienta en un banco a sentir cómo se deslizan las horas. Horas que son como agua que corre lenta y mira a la gente pastorear y correr, lenta o rápidamente, pensando: "la vida es una mierda, pero a veces sonríe o te guiña un ojo".
Si tiene dos mangos en el bolsillo va al bar, a tomar un vermú con sus pantalones arrugados y su mirada gacha y esquiva, tan bien estudiada. Sumergido en la canalla supo ser feliz, o al menos pasarla bien, lo cual es bastante.
Tomado de Lord Cheselin en: http://lordcheselin.blogspot.com

miércoles, julio 06, 2005

Graffitiando a ritmo de bossanova

Eu sei que vou te amar
Por toda minha vida eu vou te amar
Em cada despedida eu vou te amar
Desesperadamente eu vou te amar
E cada verso meu será pra te dizer
Que eu sei que vou te amar por toda minha vida
Eu sei que vou chorar
A cada ausência tua eu vou chorar
Mas cada volta tua há de apagar
O que essa ausência tua me causou
Eu sei que vou sofrer
A eterna desventura de viver
À espera de viver ao lado teu
Por toda a minha vida

Sé que ésta canción, del gran Antonio Carlos Jobim, está grafiteada a lo largo de 500 metros sobre muro a la ribera del Miño. También sé que de este lado del atlántico, una mujer bailará con su hombre, como cualquier noche cualquiera, el mismo poema al ritmo de una rara combinación de piano cubano y voz flamenca.

Saber ambas situaciones tiene su mérito.

martes, julio 05, 2005

Ce Monde, 1964-2005

Chaque jour j'ouvre les yeux sur toi
Chaque nuit vient les fermer sur toi
Tu souris et je suis le plus heureux
Loin de toi je suis si malheureux
Chaque fois que tu as cru en moi
Tu sais bien que j'ai gagné pour toi
Ton amour me suffirait
Pour te donner un monde entier
Et ce monde sera fait pour toi
Et personne ne n'y viendra que toi
Notre vie commencerait
Et tu vivrais dans ce monde à moi
Ton amour me suffirait
Pour te donner un monde entier
Et ce monde sera fait pour toi
Et personne ne n'y viendra que toi
Si jamais tu me quittais il est écrit que la vie
Toute la vie serait finie pour moi
G. Berárd.

Como consecuencia del temporal que impera en el país; la situación se vuelve un poco tormentosa con vientos del noreste que se ven reflejados en ráfagas de poemas. Para evitar este y otros inconvenientes, se recomienda quedarse en casa, desechar cualquier material punzo-cortante como: galletas marías, pan tostado; encender su televisor, apagar o bien desconectar cualquier medio de intercomunicación a la mano y cerrar bien las ventanas; no sea que las brisas nocturnas lo descubran en mitad del insomnio con una duda cubriéndole las ideas.

lunes, julio 04, 2005

El estado del Tiempo

En el extremo norte, una corriente de choque provocará intensa nubosidad que consecuentemente conllevará a una desaceleración en el torrente de ideas. Se recomienda una buena dósis de paciencia y serenidá para llevar el mal clima.
Al este de Torreslandia se pronostican cambios en la dirección de la pluma o el lápiz provocando cierto estancamiento de manifestaciones escritas o gráficas.
En el noroeste vientos de cambio provocarán estados que la llevarán de la euforia más estrenduosa a la caída total de los niveles de concentración del gozo. Se esperan periodos de letargo prolongados por el silencio.
En el centro se esperan cambios considerables en el clima debido a la alimentación baja en grasas y sales; y a la buena circulación de las corrientes de flujo.
En el sur, la situación continúa en estado de alerta ante la proximidad de invasiones provenientes de un vecino país distante. (esta nota debía estar en la sección de internacionales, pero como en Torreslandia la situación se rige más bien por el clima y sus efectos colaterales, creemos, como el sub batiz que el estado de inseguridad en el país se incrementa debido a las altas temperaturas).
Hasta aquí el estado del tiempo para los próximos días.

domingo, julio 03, 2005

París en Invierno


Vamos en el metro que nos lleva del extrarradio al centro, no hay visos de sol entre tanto túnel interconectado. En el momento preciso te levantas y con tus manos tapas mis ojos, cuando los descubres la vista es mágica: el sol de la mañana baña con su luz dorada el Sena. Caminar abrazadísimos rumbo a la torre Eiffel y ser los primeros turistas en subir hasta el tercer piso, cuando está todavía vacío, cuando a penas están barriendo para recibir a los miles que durante el día asistirán. Luego, tener la ciudad a nuestros pies mientras hacemos el amor, sintiendo el frío que amenaza con taladranos los huesos si nos detenemos tan solo un minuto. A tu oído te canto sólo para tí en voz muy baja: "Je ne etait rien et violá qu'aujourdui, je suis le gardien du sommeil de ses nui, je t'aime a mourir, Je t'aime a mourir, Je t'aime a mourir..."

viernes, julio 01, 2005

Nueva Relación y curioso Romance... (1750-1780)


N V E V A R E L A C I O N,
y curiofo Romance, en que fe refiere
el daño, y provecho, que caufa
en fus aficionados el
vicio del
T A B A C O.
Escucha, noble Auditorio, ahora que eftoi de efpacio, al fon de aquefte inftrumento daré noticia del cafo, declarando como el vicio nos tiene á muchos vendados los ojos, pues que no vémos del mifmo vicio el engaño. A mi me lo ha dicho el tiempo con la experiencia callando; porque aunque mudo, le tiene por difcreto, y nunca errado, y me ha dado aquefte enigma fentencias, y defengaños. Atiendanme los oyentes, oirán lo que eftá paffando: por caufas, q' á nadie importan faberlas no es neceffario, aufentéme de mi Patria, fiendo la noche mi amparo; sali bufcando las fendas del monte mas intrincado:
Yo viendome foraftero, y en un Pais tan eftraño, entré curiofo, por ver, para defpues noticiarlo: y en una efpaciofa fala vide, que en lugar de quadros havia por las paredes muchos trabucos colgados, piftolas, y caravinas, charpas, cuchillo de gancho, bolfas, puñales, y efpadas, codones de feda, y frafcos_ fe via en ricos banquetes quadrillas de hombres armados, oyendofe en fu contorno grande eftruendo de caballos, y en aquel frontis que hacia lo efpaciofo de aquel clauftro, eftaba fentado un monftruo tan feo, pues al mirarlo, fue menefter fantiguarme, y llamar todos los Santos: mil veces me encomendé con el Rofario en la mano á la Virgen del Carmelo, como quien dice temblando; moftrandole en mi defenfa fu bendito Efcapulario. Era tan abominable, que fi pudiera pintarlo, quizás le cayeran muertos los que me eftán efcuchando, porque cofa tan horrible no avrán vifto los Chriftianos: no puedo determinar de qué fueffe fabricado, pues de diftintos colores lo via de rato en rato; lo que mas admiracion me causó fué (cofa rara!) ver que Principes y Reyes, Señores muy foberanos, Obifpos, y Cardenales, Duques, Condes Hijofdalgo, el Clero, las Dignidades, los Frailes con fus Prelados, y aun me pareció que vide al Pontifice Romano, hombres, niños, y mugeres, de la Plebe todos quantos entraba, y á el mifmo Monftruo le iban befando la mano: y defpues á cada uno daban un papel cerrado. Confidere aqui el difcreto en lance tan impenfado qué juicios no me haría, al mifmo tiempo temblando, viendo cofa tan horrenda, dixe al difcurfo apenando: Qué Idolo ferá
efte?
Efta es figura del Diablo; pero no, que fi lo fuera, no llegáran los Chriftianos á befar fu mano, fiendo el noble el mas continuado, ni efta es cafa de Judíos, por llegar del Clero tantos: qué es efto que por mi paffa? eftoi defpierto, ó foñando? Buen Jefus, quien me há traido á verme en tales encantos? No pudo darle fentido mi difcurfo en largo rato. Pero acercandome al monftruo; quedé tan enamorado, que me obligó á que llegaffe tambien a beffar fu mano; y reparando, que en verfos tenia en un epitafio en unas letras, que decian fus renglones concordados:
Soi el mayor hechizero,
que oy fe halla en todos quatro
Reynos de Efpaña, y mi nombre
por donde quiera mentado;
y quantas Naciones hai,
en mi eftán idolatrando;
y aunq es verdad q ay algunos;
que de mi no hacen cafo,
los mas a mi fe me rinden
del ignorante a el mas fabio.
Tengo infinitos amigos
por el Mundo enhechizados,
me quieren por atractivo,
y me aborrecen por falfo.
Crióme para remedios
el alto Dios Soberano;
pero me tienen los hombres
del todo desfigurado,
que ni aun mi fombra parezco
de aquel sér que fui criado.
Huyen de mi muchas veces,
mas quando yo no me hallo
a vifta del que me ama,
trifte me bufca llorando.
Me traen por calles, y plazas
en andas mui celebrado,
fuelen ponerme a la mefa,
defpues de muchos bocados,
muchos fe firven de mi,
pero les cuefta bien caro,
y quando eftoi en la Iglefia
acompañando á mi amo,
dexa por mirarme á mi,
de vér a Dios confagrado.
Me veo en grandes alturas
fiendo yo un poco de barro.
Andan muchos por el Orbe
por mi refpeto campando:
tengo abatidos algunos,
como tambien levantados:
caufo efpantofos ruidos,
traigo el Mundo alborotado,
y tengo muertos mas hombres
que han fallecido en contagios:
aunque en humos me convierto
y aunque en polvos me deshago,
ya eftiempo de que mi nombre
lo fepa el Lector honrado,
por defterrar confufiones:
Yo foi , yo foi el Tabaco,
á quien fe rinden aquellos,
qué has vifto á mis pies poftrados
y tu por fer ignorante,
caifte en el mifmo lazo;
fentencias fon verdaderas,
ya he dicho como me llamo,
y en el fegundo Romance
dirá Juan de Torres Calvo,
aunque con rufticos verfos,
de donde fui originado.
Con licencia: En Sevilla, por Joseph Padrino, en Calle Genova (Impreso probablemente no después de 1780 y no antes de 1750)

Algunas cosas que me pueden molestar

1. El cambio de horarios sin previo aviso de la programación de algún canal.

2. Que los tuppers guarden olores.

3. Mi vecina hablando por teléfono a las 6 de la mañana.

4. Las declaraciones de los políticos gringos sobre política mexicana.

5. Las declaraciones de los políticos mexicanos.

6. Los baños sucios.

7. El que un hombre me gane el último asiento disponible de cualquier lugar o vehículo.

8. Los cambios de planes a última hora.

9. Las fugas de agua.