Regresar...
Han pasado algunos años y mucha agua ha corrido bajo el puente. No voy a caer en la presunción de la evolución como persona, realmente no hay nada que presumir. Los años han sido difíciles, algunos amargos sabor a quimioterapia, otros dolieron como si no hubiera otra cosa que sentir, otros años, quizá solo fueron meses, se fueron lento, despacito, como si cada día le pidiera permiso al otro para llegar. Necesito desentumir mis dedos, volver a escribir. Reencontrarme con mis piensos y mis letras. Me declaro introvertida. Tuve que pasar mucho tiempo sola, crecer en silencio para darme cuenta de que si bien me encantan las personas, no sé estar entre ellas. Me aburro, me desaliento, no sé qué decir que pueda parecer interesante sin que llegue a ser presuntuoso y tampoco soy de charla sencilla. Prefiero el silencio detrás del monitor, aunque la biblioteca esté llena de niños y plática o proyectos en ciernes. Prefiero mi yo conmigo, tan seguro, tan coherente, tan mío.
Sigo siendo adicta al autoboicot, no termino lo que comienzo, no comienzo lo que tendría que haber iniciado hace años. Todo a medias. Todo siempre en el vórtice. Todo listo para terminarse y no termino. Y no importa. De verdad, hay muchas cosas que las personas creen que son importantes: la tesis, el sobrepeso, el cabello, la vista, la agilidad mental y física, la rapidez, la perfección, lo bonito, lo agradable, lo sencillo. Y yo soy la antítesis de todas estas preocupaciones cotidianas. Y me sé sola con ellas, ante ellas. Cuando nadie se mete, no pasa nada.El problema está en los bienintencionados que siempre buscan mejorar el panorama. Ahora sí, díganme malagradecida.
Sigo siendo madre; ahora de una adolescente. Buena hija, respetuosa, empática y voluntariosa. Seguro llegará lejos. Sigo casi completa: amputada de padre y del seno izquierdo; ambas pérdidas a cual más de dolorosas, casi llevaderas... casi. Sigo enamorada y sin querer aterrizar ni caer en la cotidianidad de los seis años que llevamos juntos él y yo. Sigo insegura. Sigo celosa. Sigo...
Y aquí estoy, de regreso, organizando mis ideas o al menos muriendo en el intento. Gracias por leerme.
lunes, mayo 09, 2016
sábado, marzo 05, 2011
carta a un automovilista desconocido
llegando a casa, 5 de marzo de 2011.
Distinguido Señor:
Debo aclararle que lo de "distinguido" se lo digo en serio; no de dientes para afuera, como todas esas cartas que salen de las oficinas llenas de formalismos y acartonamientos. Darle la distinción es porque de alguna manera el día de hoy usted me distinguió entre x cantidad de personas y mujeres que pudieron haberse cruzado en su camino esta mañana.
No sé los motivos que lo hayan impulsado a detener su automóvil en mitad de la cuadra, cuando yo apenas bajaba mi pié de la acera. Quizá haya sido el que me viera cargando un bote de "Suavitel" y otros artículos de limpieza; aunque también pudo haber sido mi cabello tan rojo; y si me atrevo a ser más quisquiollosa (optimista) pudo haber sido el nuevo tono de mi labial, o la sonrisa que dibujaba mis labios al recordar alguna ocurrencia de la que pude haberme acordado en el momento en que usted me veía y yo intentaba bajar dignamente la banqueta.
Sé que de no haberse detenido, yo habría tenido que hacerlo, sería muy poco elegante ser atropellada cargando artículos de limpieza para la casa. Sin contar, por supuesto, que al atravesar en mitad de la cuadra, el departamento de Tránsito y Vialidad lo eximiría casi de cualquier tipo de responsabilidad por mi irresponsabilidad al atravesar antes de llegar al paso zebra peatonal.
No lo conozco, pero agradezco su gentileza y su sonrisa. De alguna manera hizo que me olvidara por un momento de que vivo en una ciudad en la que el miedo se ha apoderado de automovilistas y transeuntes; de ricos y de pobres. Una ciudad que ha sido tomada por los automovilistas desde hace muchos años, en la que parecen ser ellos los que deben pasar primero. Usted es diferente y eso alegró mi mañana.
Distinguido señor automovilista; ojalá no se olvide de mi cabello, de mi labial, de mi sonrisa o del suavitel; por si en otra circunstancia nos volvemos a toparal menos pueda corresponder a su sonrisa que por mi timidez escondí entre el pavimento y mis ojos.
Distinguido Señor:
Debo aclararle que lo de "distinguido" se lo digo en serio; no de dientes para afuera, como todas esas cartas que salen de las oficinas llenas de formalismos y acartonamientos. Darle la distinción es porque de alguna manera el día de hoy usted me distinguió entre x cantidad de personas y mujeres que pudieron haberse cruzado en su camino esta mañana.
No sé los motivos que lo hayan impulsado a detener su automóvil en mitad de la cuadra, cuando yo apenas bajaba mi pié de la acera. Quizá haya sido el que me viera cargando un bote de "Suavitel" y otros artículos de limpieza; aunque también pudo haber sido mi cabello tan rojo; y si me atrevo a ser más quisquiollosa (optimista) pudo haber sido el nuevo tono de mi labial, o la sonrisa que dibujaba mis labios al recordar alguna ocurrencia de la que pude haberme acordado en el momento en que usted me veía y yo intentaba bajar dignamente la banqueta.
Sé que de no haberse detenido, yo habría tenido que hacerlo, sería muy poco elegante ser atropellada cargando artículos de limpieza para la casa. Sin contar, por supuesto, que al atravesar en mitad de la cuadra, el departamento de Tránsito y Vialidad lo eximiría casi de cualquier tipo de responsabilidad por mi irresponsabilidad al atravesar antes de llegar al paso zebra peatonal.
No lo conozco, pero agradezco su gentileza y su sonrisa. De alguna manera hizo que me olvidara por un momento de que vivo en una ciudad en la que el miedo se ha apoderado de automovilistas y transeuntes; de ricos y de pobres. Una ciudad que ha sido tomada por los automovilistas desde hace muchos años, en la que parecen ser ellos los que deben pasar primero. Usted es diferente y eso alegró mi mañana.
Distinguido señor automovilista; ojalá no se olvide de mi cabello, de mi labial, de mi sonrisa o del suavitel; por si en otra circunstancia nos volvemos a toparal menos pueda corresponder a su sonrisa que por mi timidez escondí entre el pavimento y mis ojos.
domingo, diciembre 19, 2010
dando vuelta a la hoja
una palabra, una l¡nea, una pág¡na, un cap¡tulo, con much¡s¡ma suerte, un l¡bro que se c¡erra para empezar una nueva palabra, otra l¡nea, un nuevo cap¡tulo; otro l¡bro por escr¡b¡rse.
No hay palabras por correg¡r. No hay por que regresar sobre los pasos dados. No hay ruta por volver a trazar. M¡ geo-graf¡a la hago cam¡nando. No t¡ene d¡v¡s¡ones pol¡t¡cas. Tampoco una rel¡g¡ón def¡n¡da. Se sabe que no somos blanqu¡azules, aunque algún rel¡g¡oso nos haya recordado hace 10 años que el c¡elo era azul y blanco... falsas promesas que han der¡vado en un baño de sangre y lágr¡mas sobre un pa¡s como barqu¡to de papel a la der¡va en un r¡o revuelto. Se sabe, tamb¡én, que se cree en la energ¡a, se el¡g¡ó creer en un D¡os mensajero de amor y t¡empos mejores, y a veces jugamos a la ad¡v¡na y sabemos qué palabra es la s¡gu¡ente, s¡ abr¡mos un nuevo párrafo o cerramos el l¡bro para dejarlo dorm¡r la s¡esta de los d¡as entre otros l¡bros que nos trajeron sonr¡sas, lágr¡mas, alegr¡as y d¡scus¡ones, encuentros y desencuentros.
2010 nos trajo la d¡cha de los reencuentros, aunque fueran v¡rtuales: Karla, Sof¡a, D¡nora, Tr¡c¡a, R¡cardo. Compañeros de las que fueron las ùlt¡mas generac¡ones de la Facultad de Letras de la Un¡vers¡dad de Guadalajara, antes de que se conv¡rt¡era en este amas¡jo de campus, d¡v¡s¡ones, d¡recc¡ones,coord¡nac¡ones, departamentos, etc.
La ¡ lat¡na se puso en huelga y dejó de func¡onar en m¡ teclado desde hace var¡os meses. Alabados los s¡gnos de exclamac¡ón que no se rajan y hacen de ¡es aunque no se acentúen.
M¡ "San¡" se h¡zo mamá y yo le tomé una foto a la luna que trajo a Jul¡eta, pero hasta hoy (y lo d¡go con c¡erta pena) conoc¡ a la n¡ña que estuv¡mos esperándo entre lágr¡mas, sueños, alegr¡as y plát¡cas. Hoy conoc¡mos a Jul¡eta. 8 meses después de que llegara a este mundo. No fue tarde. Fue el momento perfecto para reencontrarme con m¡ am¡ga y plat¡car y vernos b¡en, fuertes, enteras, como fu¡mos juntas, como somos ahora que la d¡stanc¡a y nuevos proyectos nos alejan.
M¡ pr¡ncesa de los r¡zos fur¡osos está conoc¡endo a su papá. Se comun¡can. Hablan. Se enamoran con canc¡ones o palabras dulces. Se están hac¡endo cómpl¡ces. Se están quer¡endo. El t¡empo de los temores y las h¡ster¡as han dado paso a las responsab¡l¡dades compart¡das. Lav¡n¡a t¡ene un papá al que adora y a qu¡en está conc¡endo poco a poco, como s¡ estuv¡eran preparando entre los dos un gran banquete, una gran f¡esta en la que ellos dos son los ¡nv¡tados de honor. Yo la veo sana, segura, alegre, fuerte. Es lo ún¡co que ¡mporta.
Se ama y se dejó de amar. Se aprend¡ó y se v¡v¡ó lo que la v¡da ten¡a por ofrecernos este año. Se crec¡ó y como cualqu¡er crec¡m¡ento, dol¡ó ese est¡ram¡ento de los músculos del corazón. Las ¡deas se resolv¡eron. Las dudas s¡guen sumándose. Pero hay un nombre jugando entre m¡s lab¡os y hab¡ta un segundo de m¡ resp¡rac¡ón.
Se compart¡ó la mús¡ca. Tuve oportun¡da de ¡r a escuchar a F¡to con m¡ am¡ga Tr¡c¡a y su h¡ja. Retomamos las andanzas en los pas¡llos de la F¡L y recorr¡mos recordando, sonr¡endo y descansando de vez en vez para fumarnos un c¡garr¡to y hablar y hablar y hablar... como s¡empre que nos sentamos Tr¡c¡a y yo desde hace ya tantos años. Que sean muchos más.
Segu¡ de profe. Resulta que me gusta ser profe. Y parece que les ca¡go b¡en a m¡s v¡ct¡mas. Eso es bueno. Estoy en un momento de d¡vers¡ón comb¡nada con labor¡os¡dad; exper¡mentando emoc¡ones entre tantos chavos. Trabajando para encontrar elmejor cam¡no, la mejor lectura para engancharlos entre las palabras y el papel.
No hay certezas. No las busco. Tampoco las neces¡to. Los m¡os están y s¡guen s¡endo m¡os. El corazón s¡gue bat¡éndose con la sangre y las emoc¡ones. La qu¡m¡ca se hace m¡lagro en m¡ cerebro y vuelvo a pensar, surgen las ¡deas; se fortalecen los mot¡vos para sonre¡r y segu¡r cam¡nando.
Se fueron personas ¡mportantes este año. Qu¡zá uno de los que más dol¡ó fue m¡ padr¡no Roberto, am¡go entrañable de m¡ papá. T¡o adopt¡vo de m¡ ¡nfanc¡a. Me dol¡ó que se fuera, ¡rón¡camente, como para que lo recordara s¡empre, el 26 de sept¡embre; el m¡smo d¡a del cumple de m¡ papá. Grac¡as por acertar el d¡a, padr¡no. Grac¡as por quedarte en el corazón de m¡ papá y en m¡ recuerdo de n¡ña. Hoy, hace unas horas, seguramente m¡entras jugaba con Jul¡eta entre m¡s brazos, o qu¡zá m¡entras ¡ntentaba hacer que Lav¡n¡a desayunara un poco mejor; mur¡ó "La Pr¡eta" Navarro, otra t¡a adopt¡va de la ¡nfanc¡a. Am¡ga peleonera y sol¡dar¡a ¡ncansable de m¡ mamá. Qu¡en supo ret¡rarse a t¡empo y a qu¡en nunca se le quedó un palabra atorada. Lo d¡jo todo. Cayò b¡en y fue cr¡t¡cada, pero fue una señora s¡empre respetada a qu¡en adm¡ré y qu¡se mucho. QDEP.
Con esto qu¡ero cerrar el año. No qu¡ero que mañana o la próx¡ma semana me descubran más not¡c¡as tr¡stes. No qu¡ero hablar de pol¡t¡ca, n¡ de m¡ pa¡s, porque de eso ya tenemos mucho todos los d¡as. Porque me duele hasta la médula la ¡mpun¡dad con que se mata, roba o secuestra en m¡ pa¡s... pero, d¡je que no hablar¡a de Méx¡co, porque me duele y hoy no qu¡ero caer en la trampa del desasoc¡ego y el desconsuelo.
Estoy cerrando el año b¡en, completa. Con los amores ¡ntactos pero s¡empre d¡nám¡cos, crec¡endo y d¡latándose, como resp¡rar. Seres v¡vos que me hacen cam¡nar más de pr¡sa, saltar, re¡rme, cantar, soñar, desear. Verbos en ¡nf¡n¡t¡vo. Todo está por hacerse.
Para t¡, que me lees hoy, que pasas por esta nota. Te deseo lo mejor en esta temporada en la que todos nos deseamos lo mejor. Te agradezco el t¡empo y la constanc¡a. El ¡nterés y la sonr¡sa. Nos estaremos v¡endo en el estanque o en el r¡o el próx¡mo año. M¡entras tanto...
No hay palabras por correg¡r. No hay por que regresar sobre los pasos dados. No hay ruta por volver a trazar. M¡ geo-graf¡a la hago cam¡nando. No t¡ene d¡v¡s¡ones pol¡t¡cas. Tampoco una rel¡g¡ón def¡n¡da. Se sabe que no somos blanqu¡azules, aunque algún rel¡g¡oso nos haya recordado hace 10 años que el c¡elo era azul y blanco... falsas promesas que han der¡vado en un baño de sangre y lágr¡mas sobre un pa¡s como barqu¡to de papel a la der¡va en un r¡o revuelto. Se sabe, tamb¡én, que se cree en la energ¡a, se el¡g¡ó creer en un D¡os mensajero de amor y t¡empos mejores, y a veces jugamos a la ad¡v¡na y sabemos qué palabra es la s¡gu¡ente, s¡ abr¡mos un nuevo párrafo o cerramos el l¡bro para dejarlo dorm¡r la s¡esta de los d¡as entre otros l¡bros que nos trajeron sonr¡sas, lágr¡mas, alegr¡as y d¡scus¡ones, encuentros y desencuentros.
2010 nos trajo la d¡cha de los reencuentros, aunque fueran v¡rtuales: Karla, Sof¡a, D¡nora, Tr¡c¡a, R¡cardo. Compañeros de las que fueron las ùlt¡mas generac¡ones de la Facultad de Letras de la Un¡vers¡dad de Guadalajara, antes de que se conv¡rt¡era en este amas¡jo de campus, d¡v¡s¡ones, d¡recc¡ones,coord¡nac¡ones, departamentos, etc.
La ¡ lat¡na se puso en huelga y dejó de func¡onar en m¡ teclado desde hace var¡os meses. Alabados los s¡gnos de exclamac¡ón que no se rajan y hacen de ¡es aunque no se acentúen.
M¡ "San¡" se h¡zo mamá y yo le tomé una foto a la luna que trajo a Jul¡eta, pero hasta hoy (y lo d¡go con c¡erta pena) conoc¡ a la n¡ña que estuv¡mos esperándo entre lágr¡mas, sueños, alegr¡as y plát¡cas. Hoy conoc¡mos a Jul¡eta. 8 meses después de que llegara a este mundo. No fue tarde. Fue el momento perfecto para reencontrarme con m¡ am¡ga y plat¡car y vernos b¡en, fuertes, enteras, como fu¡mos juntas, como somos ahora que la d¡stanc¡a y nuevos proyectos nos alejan.
M¡ pr¡ncesa de los r¡zos fur¡osos está conoc¡endo a su papá. Se comun¡can. Hablan. Se enamoran con canc¡ones o palabras dulces. Se están hac¡endo cómpl¡ces. Se están quer¡endo. El t¡empo de los temores y las h¡ster¡as han dado paso a las responsab¡l¡dades compart¡das. Lav¡n¡a t¡ene un papá al que adora y a qu¡en está conc¡endo poco a poco, como s¡ estuv¡eran preparando entre los dos un gran banquete, una gran f¡esta en la que ellos dos son los ¡nv¡tados de honor. Yo la veo sana, segura, alegre, fuerte. Es lo ún¡co que ¡mporta.
Se ama y se dejó de amar. Se aprend¡ó y se v¡v¡ó lo que la v¡da ten¡a por ofrecernos este año. Se crec¡ó y como cualqu¡er crec¡m¡ento, dol¡ó ese est¡ram¡ento de los músculos del corazón. Las ¡deas se resolv¡eron. Las dudas s¡guen sumándose. Pero hay un nombre jugando entre m¡s lab¡os y hab¡ta un segundo de m¡ resp¡rac¡ón.
Se compart¡ó la mús¡ca. Tuve oportun¡da de ¡r a escuchar a F¡to con m¡ am¡ga Tr¡c¡a y su h¡ja. Retomamos las andanzas en los pas¡llos de la F¡L y recorr¡mos recordando, sonr¡endo y descansando de vez en vez para fumarnos un c¡garr¡to y hablar y hablar y hablar... como s¡empre que nos sentamos Tr¡c¡a y yo desde hace ya tantos años. Que sean muchos más.
Segu¡ de profe. Resulta que me gusta ser profe. Y parece que les ca¡go b¡en a m¡s v¡ct¡mas. Eso es bueno. Estoy en un momento de d¡vers¡ón comb¡nada con labor¡os¡dad; exper¡mentando emoc¡ones entre tantos chavos. Trabajando para encontrar elmejor cam¡no, la mejor lectura para engancharlos entre las palabras y el papel.
No hay certezas. No las busco. Tampoco las neces¡to. Los m¡os están y s¡guen s¡endo m¡os. El corazón s¡gue bat¡éndose con la sangre y las emoc¡ones. La qu¡m¡ca se hace m¡lagro en m¡ cerebro y vuelvo a pensar, surgen las ¡deas; se fortalecen los mot¡vos para sonre¡r y segu¡r cam¡nando.
Se fueron personas ¡mportantes este año. Qu¡zá uno de los que más dol¡ó fue m¡ padr¡no Roberto, am¡go entrañable de m¡ papá. T¡o adopt¡vo de m¡ ¡nfanc¡a. Me dol¡ó que se fuera, ¡rón¡camente, como para que lo recordara s¡empre, el 26 de sept¡embre; el m¡smo d¡a del cumple de m¡ papá. Grac¡as por acertar el d¡a, padr¡no. Grac¡as por quedarte en el corazón de m¡ papá y en m¡ recuerdo de n¡ña. Hoy, hace unas horas, seguramente m¡entras jugaba con Jul¡eta entre m¡s brazos, o qu¡zá m¡entras ¡ntentaba hacer que Lav¡n¡a desayunara un poco mejor; mur¡ó "La Pr¡eta" Navarro, otra t¡a adopt¡va de la ¡nfanc¡a. Am¡ga peleonera y sol¡dar¡a ¡ncansable de m¡ mamá. Qu¡en supo ret¡rarse a t¡empo y a qu¡en nunca se le quedó un palabra atorada. Lo d¡jo todo. Cayò b¡en y fue cr¡t¡cada, pero fue una señora s¡empre respetada a qu¡en adm¡ré y qu¡se mucho. QDEP.
Con esto qu¡ero cerrar el año. No qu¡ero que mañana o la próx¡ma semana me descubran más not¡c¡as tr¡stes. No qu¡ero hablar de pol¡t¡ca, n¡ de m¡ pa¡s, porque de eso ya tenemos mucho todos los d¡as. Porque me duele hasta la médula la ¡mpun¡dad con que se mata, roba o secuestra en m¡ pa¡s... pero, d¡je que no hablar¡a de Méx¡co, porque me duele y hoy no qu¡ero caer en la trampa del desasoc¡ego y el desconsuelo.
Estoy cerrando el año b¡en, completa. Con los amores ¡ntactos pero s¡empre d¡nám¡cos, crec¡endo y d¡latándose, como resp¡rar. Seres v¡vos que me hacen cam¡nar más de pr¡sa, saltar, re¡rme, cantar, soñar, desear. Verbos en ¡nf¡n¡t¡vo. Todo está por hacerse.
Para t¡, que me lees hoy, que pasas por esta nota. Te deseo lo mejor en esta temporada en la que todos nos deseamos lo mejor. Te agradezco el t¡empo y la constanc¡a. El ¡nterés y la sonr¡sa. Nos estaremos v¡endo en el estanque o en el r¡o el próx¡mo año. M¡entras tanto...
jueves, julio 01, 2010
otra cosa
a veces me da por pensar que me gustaría ser músico, bailarina, escultora, pintora o actriz, cualquier cosa que me permitiera expresar mis sentimientos y emociones sin nombrarlas.
y sin embargo...
sigo siendo este amasijo de letras e imágenes, de figuras y puntos que en momentos se me enrredan entre el corazón y los pulmones y surgen las palabras más densas, las emociones más oscuras, los sueños más bizarros. Y entonces me pongo a escribir, se van hilando las palabras, una a una, tejiendo claridades, creando conceptos, creando o destruyendo, acariciando o arañando, murmurando o gritando lo que se me va quedando entre los pulmones y el corazón.
necesito encontrar otra cosa que no sean las palabras para no caer en la obviedad, en lo predecible, en el lugar común. necesito encontrar otra cosa que no sean las palabras para quedarme con mis sentimientos en la abstracción, que alguien pueda decir que un día vio una escultura que soñó o que vio en una pintura los colores de una pesadilla que lo desveló.
Ojo: no reniego de las palabras. Sólo digo que no dan lugar a los matices y de un tiempo a la fecha todo lo dejan en blanco y negro. Sin movimiento. Con la vida limitada a la benevolencia que le confío al lector que se cree descubierto o inventado entre mis dedos.
y sin embargo...
sigo siendo este amasijo de letras e imágenes, de figuras y puntos que en momentos se me enrredan entre el corazón y los pulmones y surgen las palabras más densas, las emociones más oscuras, los sueños más bizarros. Y entonces me pongo a escribir, se van hilando las palabras, una a una, tejiendo claridades, creando conceptos, creando o destruyendo, acariciando o arañando, murmurando o gritando lo que se me va quedando entre los pulmones y el corazón.
necesito encontrar otra cosa que no sean las palabras para no caer en la obviedad, en lo predecible, en el lugar común. necesito encontrar otra cosa que no sean las palabras para quedarme con mis sentimientos en la abstracción, que alguien pueda decir que un día vio una escultura que soñó o que vio en una pintura los colores de una pesadilla que lo desveló.
Ojo: no reniego de las palabras. Sólo digo que no dan lugar a los matices y de un tiempo a la fecha todo lo dejan en blanco y negro. Sin movimiento. Con la vida limitada a la benevolencia que le confío al lector que se cree descubierto o inventado entre mis dedos.
sábado, junio 26, 2010
zurcir
zurcir es igual a reparar, arreglar, unir, pegar, componer, remendar, es un verbo transitivo en estricto sentido. uno no puede zurcir el viento, pero sí el tiempo. así mismo, uno no puede zurcir lo que nunca se ha roto.
vengo de una familia de zapateros remendones y siempre ha habido una máquina de coser en casa. paradógicamente yo no sé coser, quizá mi ceguera me lleva a la desesperación cuando me doy cuenta de que ni siquiera puedo ensartar una aguja y entonces desisto de cualquier intento que tenga que ver con hilos y remiendos.
como Herminia, yo tampoco soy Penélope, y no es que no perdone infidelidades ni ausencias de mucho tiempo, no. no soy Penélope porque no sé unir(me) con nada, con nadie.
desde que tengo uso de razón boicoteo mis alegrías, mis amores, mis fiestas, mis vacaciones, mis relaciones. desde que tengo uso de razón la felicidad es un bien lejano al que llego de vez en cuando por accidente, sin buscarlo y cuando parece que estoy a medio milímetro de conseguirla:
puff
se esfuma, desaparece, o soy yo quien la aleja, la rompe, la deshila...
soy muy insegura, lo sé.
hoy no estás, no has estado en los últimos días aunque sí hemos estado juntos, aunque sí hemos platicado y hemos compartido algunas cosas... tú sabes lo que digo... no estás, no has estado y algo como angustia va trepando por mis tobillos como si hiedra, fondeando mi tranquilidad con el desasociego...
vengo de una familia de zapateros remendones y siempre ha habido una máquina de coser en casa. paradógicamente yo no sé coser, quizá mi ceguera me lleva a la desesperación cuando me doy cuenta de que ni siquiera puedo ensartar una aguja y entonces desisto de cualquier intento que tenga que ver con hilos y remiendos.
como Herminia, yo tampoco soy Penélope, y no es que no perdone infidelidades ni ausencias de mucho tiempo, no. no soy Penélope porque no sé unir(me) con nada, con nadie.
desde que tengo uso de razón boicoteo mis alegrías, mis amores, mis fiestas, mis vacaciones, mis relaciones. desde que tengo uso de razón la felicidad es un bien lejano al que llego de vez en cuando por accidente, sin buscarlo y cuando parece que estoy a medio milímetro de conseguirla:
puff
se esfuma, desaparece, o soy yo quien la aleja, la rompe, la deshila...
soy muy insegura, lo sé.
hoy no estás, no has estado en los últimos días aunque sí hemos estado juntos, aunque sí hemos platicado y hemos compartido algunas cosas... tú sabes lo que digo... no estás, no has estado y algo como angustia va trepando por mis tobillos como si hiedra, fondeando mi tranquilidad con el desasociego...
miércoles, junio 23, 2010
sabores infantiles
Ayer, cuando regresábamos de donde anduvimos y me contabas con tu sonrisa de ayer de los dulces, las frutas y las recetas de cocina que tu mamá te preparaba cuando niño; mis sentidos se abrieron y la memoria se estiró mucho... y tanto que de tu mano me fui caminando de regreso a otros tiempos cuando podía comer de todo y todo tenía otro sabor...
quizá uno de los primeros sabores infantiles fue el de la guayaba. No sé si era coincidencia o destino, pero muchas de las casas de providencia en sus patios o jardines tenían árboles frutales y en casi todas había un guayabo. Las vecinas llegaban a mi casa con sus bolsitas llenas de guayabas "Rosita, te traigo del árbol..." y mi mamá les recibía las bolsitas, las invitaba a pasar, se tomaba un café actualizándose de la vida íntima de las muchas amigas que tenía entonces y mal salía una cuando llegaba la otra con su bolsita y su "Rosita, cómo estás, mira, te traje..." y el olor de la guayaba impregnaba la cocina, el refri y entonces creo que me gustaba porque mi mamá todo lo preparaba de guayaba: el agua fresca, el ate, el guayabate, sandwiches de guayabate, lonches de guayabate, ate de guayaba con queso adobera, atole de guayaba, tamales de guayaba. Junto con las guayabas estaban las naranja-limas que se daban en el árbol al fondo del jardín (antes de que lo secara la bugambilia). Recuerdo muchas tardes bajo aquella lima, sentada sobre el pasto pelando y comiendo naranja-limas antes de que Rosita nos llamara adentro para hacer la tarea.
En la escuela había otros gustos: los bolis de "coca" de "don bolis", el paletero al que le permitían entrar a la escuela y hacer vendimia. Las gorditas rellenas de guiso de la esquina de Alfredo R. Placencia y Garibaldi, que les encargábamos a las madres abnegadas que iban a hacer guardia afuera de la primaria durante los recreos para ver si a sus niños no se les ofrecía algo; los lonches de la tiendita de la primaria, con muchísima crema, una rebanada de jamón "de china" (porque podíamos ver a través de la carne lo que había del otro lado), cebolla y chiles jalapeños; acompañados por un "barrilito" de mandarina... Incluso aquella promiscuidad de sandwiches y lonches que se daba en el salón antes de salir a recreo. Rosita siempre se preocupó de la alimentación de sus niñas y nos mandaba a Mónica y a mí, con fruta, sandwich de jamón o huevo frito, gelatina y agua fresca; mismos que intercambiábamos por lonches de chilaquiles o de frijoles. O si no había de otra los vendíamos en el recreo para comprarnos algo menos sano y más sabroso.
Más grandecita conocimos Soyatlán del Oro y nos enamoramos de todo lo que en ese pueblo había... sobre todo de la comida. Pronto aprendimos que si afuera de una casa colgaban una bandera roja por la mañana ésta indicaba que al medio día habría carnitas y chicharrones. Me acuerdo que poquito antes de las 12 nos íbamos con doña Concha para pedirle tortillas recién hechas, nos hacía un itacate con 4 o 6 tortillas y de ahí directitas a "la casa de la bandera" para comer tacos de moruzas de chicharrón con salsa de jitomate y sal de grano. Salíamos de ahí y, como si fuera la visita a los 7 templos, nos íbamos de casa en casa, escuchando la radionovela que todas las señoras escuchaban a la una de la tarde mientras preparaban la comida o sacaban los quesos y las panelas para ponerlas sobre la mesa y recibir a quien llegara. Cómo y cuánto comimos... porque aunque quedábamos satisfechas después de tanto comer, mal daban las 5 de la tarde cuando corríamos a la tienda de Lancho o de don Manuelito Jiménez y ahí comprábamos cualquier cantidad de dulces y pinole para lo que quedara de tarde...
Ayer, cuando veníamos de regreso de donde anduvimos, hiciste que recordara los sabores que llenaron mis días de niña, días que no puedo contar en primera persona porque éramos dos, mi hermana y yo, quienes descubrimos y disfrutamos de todo lo que ahora podríamos reúsarnos a probar nuevamente.
quizá uno de los primeros sabores infantiles fue el de la guayaba. No sé si era coincidencia o destino, pero muchas de las casas de providencia en sus patios o jardines tenían árboles frutales y en casi todas había un guayabo. Las vecinas llegaban a mi casa con sus bolsitas llenas de guayabas "Rosita, te traigo del árbol..." y mi mamá les recibía las bolsitas, las invitaba a pasar, se tomaba un café actualizándose de la vida íntima de las muchas amigas que tenía entonces y mal salía una cuando llegaba la otra con su bolsita y su "Rosita, cómo estás, mira, te traje..." y el olor de la guayaba impregnaba la cocina, el refri y entonces creo que me gustaba porque mi mamá todo lo preparaba de guayaba: el agua fresca, el ate, el guayabate, sandwiches de guayabate, lonches de guayabate, ate de guayaba con queso adobera, atole de guayaba, tamales de guayaba. Junto con las guayabas estaban las naranja-limas que se daban en el árbol al fondo del jardín (antes de que lo secara la bugambilia). Recuerdo muchas tardes bajo aquella lima, sentada sobre el pasto pelando y comiendo naranja-limas antes de que Rosita nos llamara adentro para hacer la tarea.
En la escuela había otros gustos: los bolis de "coca" de "don bolis", el paletero al que le permitían entrar a la escuela y hacer vendimia. Las gorditas rellenas de guiso de la esquina de Alfredo R. Placencia y Garibaldi, que les encargábamos a las madres abnegadas que iban a hacer guardia afuera de la primaria durante los recreos para ver si a sus niños no se les ofrecía algo; los lonches de la tiendita de la primaria, con muchísima crema, una rebanada de jamón "de china" (porque podíamos ver a través de la carne lo que había del otro lado), cebolla y chiles jalapeños; acompañados por un "barrilito" de mandarina... Incluso aquella promiscuidad de sandwiches y lonches que se daba en el salón antes de salir a recreo. Rosita siempre se preocupó de la alimentación de sus niñas y nos mandaba a Mónica y a mí, con fruta, sandwich de jamón o huevo frito, gelatina y agua fresca; mismos que intercambiábamos por lonches de chilaquiles o de frijoles. O si no había de otra los vendíamos en el recreo para comprarnos algo menos sano y más sabroso.
Más grandecita conocimos Soyatlán del Oro y nos enamoramos de todo lo que en ese pueblo había... sobre todo de la comida. Pronto aprendimos que si afuera de una casa colgaban una bandera roja por la mañana ésta indicaba que al medio día habría carnitas y chicharrones. Me acuerdo que poquito antes de las 12 nos íbamos con doña Concha para pedirle tortillas recién hechas, nos hacía un itacate con 4 o 6 tortillas y de ahí directitas a "la casa de la bandera" para comer tacos de moruzas de chicharrón con salsa de jitomate y sal de grano. Salíamos de ahí y, como si fuera la visita a los 7 templos, nos íbamos de casa en casa, escuchando la radionovela que todas las señoras escuchaban a la una de la tarde mientras preparaban la comida o sacaban los quesos y las panelas para ponerlas sobre la mesa y recibir a quien llegara. Cómo y cuánto comimos... porque aunque quedábamos satisfechas después de tanto comer, mal daban las 5 de la tarde cuando corríamos a la tienda de Lancho o de don Manuelito Jiménez y ahí comprábamos cualquier cantidad de dulces y pinole para lo que quedara de tarde...
Ayer, cuando veníamos de regreso de donde anduvimos, hiciste que recordara los sabores que llenaron mis días de niña, días que no puedo contar en primera persona porque éramos dos, mi hermana y yo, quienes descubrimos y disfrutamos de todo lo que ahora podríamos reúsarnos a probar nuevamente.
lunes, junio 21, 2010
Hipotiroidismo
una enfermedad curiosa, floja, adormilada. una enfermedad que provoca intolerancia climática, picos en el carácter, cansancio crónico, menopausia prematura, depresión, sobrepeso, somnolencia...
El hipotiroidismo es una disfunción de la glandula tiroides, que todos tenemos en el cuello, y que por alguna razón que desconozco empieza a trabajar más lentamente volviendo loco al metabolismo... eso de loco es un decir, más bien le baja las pilas a niveles insoportables.
Aparentemente el problema conmigo empezó hace más de dos años, cuando empezaron a medicarme por depresión. Visitas al psicòlogo (magnífico), medicamentos, consejos y libros no fueron suficientes para "curarme" la depre. Meses después del primer diagnóstico, nuevos exámenes hicieron sospechar a la doctora que podría estar padeciendo de menopausia prematura; sugirió hormonas y los medicamentos para la depresión, que tomé religiosamente por varios meses hasta que...
Después de casi un año de idas y venidas, alguien sugirió que podría ser hipotiroidismo. Me mandaron hacer los estudios et voilá le atinaron. Desde entonces los medicamentos son distintos, las indicaciones fueron diferentes, y entre otras cosas se descartó que mi nostalgia provenga de problemas domésticos o conflictos amorosos. Mi tristeza y mi intolerancia, aparentemente, son una consecuencia directa de una glándula que no está funcionando como debiera.
No sé si alegrarme o nostalgiarme aún más por saber que mi carácter ha sido víctima de un cachito de carne y sangre dentro de mi cuello y no de algún tipo de tristeza decadente, interesantísima, digna de un estudio psiquiátrico.
Una vez más, mi vida es tan tranquila que mis cuitas están controladas por la tiroides... damn.
Mañana vuelve a empezar la peregrinación por análisis, estudios y citas médicas. Voy casi resignada a escuchar que seré una mujer feliz, normal, tranquila, apacible, cool.
Cualquier reclamo a este respecto, favor de hacerlo llegar al IMSS-Jalisco.
El hipotiroidismo es una disfunción de la glandula tiroides, que todos tenemos en el cuello, y que por alguna razón que desconozco empieza a trabajar más lentamente volviendo loco al metabolismo... eso de loco es un decir, más bien le baja las pilas a niveles insoportables.
Aparentemente el problema conmigo empezó hace más de dos años, cuando empezaron a medicarme por depresión. Visitas al psicòlogo (magnífico), medicamentos, consejos y libros no fueron suficientes para "curarme" la depre. Meses después del primer diagnóstico, nuevos exámenes hicieron sospechar a la doctora que podría estar padeciendo de menopausia prematura; sugirió hormonas y los medicamentos para la depresión, que tomé religiosamente por varios meses hasta que...
Después de casi un año de idas y venidas, alguien sugirió que podría ser hipotiroidismo. Me mandaron hacer los estudios et voilá le atinaron. Desde entonces los medicamentos son distintos, las indicaciones fueron diferentes, y entre otras cosas se descartó que mi nostalgia provenga de problemas domésticos o conflictos amorosos. Mi tristeza y mi intolerancia, aparentemente, son una consecuencia directa de una glándula que no está funcionando como debiera.
No sé si alegrarme o nostalgiarme aún más por saber que mi carácter ha sido víctima de un cachito de carne y sangre dentro de mi cuello y no de algún tipo de tristeza decadente, interesantísima, digna de un estudio psiquiátrico.
Una vez más, mi vida es tan tranquila que mis cuitas están controladas por la tiroides... damn.
Mañana vuelve a empezar la peregrinación por análisis, estudios y citas médicas. Voy casi resignada a escuchar que seré una mujer feliz, normal, tranquila, apacible, cool.
Cualquier reclamo a este respecto, favor de hacerlo llegar al IMSS-Jalisco.
viernes, junio 18, 2010
lluvia
podría encontrar varios sinónimos para la lluvia: nostalgia, dolor en el tobillo, café, manta, casa, refugio, recuerdo, temor, bienestar, cama, sueño, Hammond, Providencia, gotera. No ha dejado de llover en los últimos días. No me molesta (salvo el dolor en el tobillo que me acompañará hasta el fin de mis días), de hecho me gusta ser testigo, una vez más, del paso del tiempo. Hablo de tiempo y es tan relativo... ayer me quejaba del calor tan terrible que me agobia las ideas y hoy ni siquiera he pensado encender el ventilador. Ayer me dolía una idea y hoy quiero creer que los piensos y los sientos vuelven a su cauce normal pero distintos.
Me gusta la lluvia, pero no las tormentas. La lluvia me ayuda a relajarme, creo que hasta duermo mejor. Las tormentas me alteran. Si hay rayos y truenos soy yo quien acude a la cama de mi niña y me quedo quietecita a su lado, no sin cierta vergüenza por ser yo quien sale a buscar su abrigo y no a la inversa.
Estoy esperando la lluvia. Quizá esta noche no llegará como quisiera, puntual, precisa, íntima. Quizá se tome su tiempo, como buen amante. Tiempo para observar y saberse observada. Tiempo, hacerse desear.
Ven lluvia, suavecita, quietita, ven, arrúllame que hoy mis letras son tristísimas sin ti, sin el portugués, sin un soneto que pudiera decirle la falta que le hará a mis piensos.
Allá abajo, en la calle, pasos presurosos, risas jóvenes y voces niñas ignoran lo que invento y pienso y siento... imposible que sepan cuánto los envidio en su risa y en su juventud y que quisiera volver el tiempo una semana, nada más, volver a ser la niña de tus ojos, volverte a sonreír y soñar que soy mejor contigo.
lunes, junio 14, 2010
seis meses depués
dicen que el enamoramiento desaparece a los seis meses de conocer a la persona que nos hace cambiar el rumbo. Cuando una se da cuenta de que la persona de quien se dice enamorada empieza a ser un humano. Después de seis meses pasan muchas cosas: el ser amado se vuelve real y aquel halo de perfección que nos deslumbró en un principio se va apagando, diluyendo...
¿y qué pasa si esto no sucede?, ¿qué pasa si en vez de perder ese brillo o aún perdiéndolo, la persona se hace más fuerte, más importante a nuestros ojos?, ¿se puede hablar de amor, entonces?, ¿hemos pasado de la arena de la seducción y las mariposas para entrar en el tortuoso y en ocasiones difícil camino del amor?, ¿qué es el amor, entonces?, ¿dejar de sentir el aleteo en el estómago, la emoción?, ¿o seleccionar las emociones que nos harán vibrar de verdad?
¿qué pasa cuando detalles insignificantes como un paseo en el carro, una conversación intrascendente, una sonrisa o una caricia disimulada se vuelve, en lenguaje taurino, la faena de la tarde?
No soy buena manejando mis emociones. Nunca lo he sido. Esta tarde escuché en la voz de un psicoanalista que las personas impulsivas son las menos reflexivas y la irreflexión es consecuencia de la carencia del lenguaje. Pero yo hablo y hablo, escribo y escribo y pienso y pienso lo que puedo decir o lo que no tengo que decir pero, a veces, la riego... y la riego bien bonito.
No vivo con la persona que me desvela mientras intento descifrar sus palabras, o sus miradas, sus sonrisas o el entrelineado de sus historias. Mis momentos con esa persona se reducen a uno o dos encuentros en la semana, uno sólo para nosotros, el otro lo compartimos, pero siempre hay un momento en el que sólo nos tenemos a nosotros y son esos momentos los que me acompañan durante la semana para seguir pensando que le significo algo más de lo que los demás ven en mi.
Hoy fue uno de esos días en que debí pensar antes de hablar. Ser una mujer madura, independiente, fuerte, sonriente al desastre más bello. Comprender con la madurez requerida en estos casos que no hay códigos ocultos, que no hay entrelíneas, que las cosas son como son: claras, sin misterios, no hay un lenguaje exclusivo.
¿estoy en una ilusión?, ¿veo lo que no es?, ¿siento lo que no existe?, ¿camino, pienso y hablo de lo que no sé ni tengo la más remota idea?
tal vez no sea el mejor tema para retomar este diario de vuelo, pero hoy, precisamente hoy, me gustaría sumergirme en un estanque y vivir bajo el agua los próximos 3 años o ya de perdis hasta que pase la lluvia, hasta que salga el sol otra vez.
¿y qué pasa si esto no sucede?, ¿qué pasa si en vez de perder ese brillo o aún perdiéndolo, la persona se hace más fuerte, más importante a nuestros ojos?, ¿se puede hablar de amor, entonces?, ¿hemos pasado de la arena de la seducción y las mariposas para entrar en el tortuoso y en ocasiones difícil camino del amor?, ¿qué es el amor, entonces?, ¿dejar de sentir el aleteo en el estómago, la emoción?, ¿o seleccionar las emociones que nos harán vibrar de verdad?
¿qué pasa cuando detalles insignificantes como un paseo en el carro, una conversación intrascendente, una sonrisa o una caricia disimulada se vuelve, en lenguaje taurino, la faena de la tarde?
No soy buena manejando mis emociones. Nunca lo he sido. Esta tarde escuché en la voz de un psicoanalista que las personas impulsivas son las menos reflexivas y la irreflexión es consecuencia de la carencia del lenguaje. Pero yo hablo y hablo, escribo y escribo y pienso y pienso lo que puedo decir o lo que no tengo que decir pero, a veces, la riego... y la riego bien bonito.
No vivo con la persona que me desvela mientras intento descifrar sus palabras, o sus miradas, sus sonrisas o el entrelineado de sus historias. Mis momentos con esa persona se reducen a uno o dos encuentros en la semana, uno sólo para nosotros, el otro lo compartimos, pero siempre hay un momento en el que sólo nos tenemos a nosotros y son esos momentos los que me acompañan durante la semana para seguir pensando que le significo algo más de lo que los demás ven en mi.
Hoy fue uno de esos días en que debí pensar antes de hablar. Ser una mujer madura, independiente, fuerte, sonriente al desastre más bello. Comprender con la madurez requerida en estos casos que no hay códigos ocultos, que no hay entrelíneas, que las cosas son como son: claras, sin misterios, no hay un lenguaje exclusivo.
¿estoy en una ilusión?, ¿veo lo que no es?, ¿siento lo que no existe?, ¿camino, pienso y hablo de lo que no sé ni tengo la más remota idea?
tal vez no sea el mejor tema para retomar este diario de vuelo, pero hoy, precisamente hoy, me gustaría sumergirme en un estanque y vivir bajo el agua los próximos 3 años o ya de perdis hasta que pase la lluvia, hasta que salga el sol otra vez.
martes, diciembre 29, 2009
te me vas...
casi como el año
al que le faltan apenas unos días...
como arena entre los dedos,
como frío después del suéter,
te me estás yendo.
y no es cuestión de geografía.
seguiremos encontrándonos,
seguiremos tan formalitos,
cada vez más fríos.
te me vas
queriendo y no,
intentando no lastimar,
evadiendo la explicaciòn.
te vas.
se queda en mi
un dolor ahogado
el sentimiento de no ser tanto,
ni ser para tanto.
se queda en mi
el saberme,
otra vez,
mejor por click
mejor por letra
mejor virtual
mejor no real
mejor amiga
(que para el caso, es lo mismo).
te me vas,
pese a mi vista gorda,
gorda...
quizá sea justo eso:
mi vista gorda
la que no te gusta,
la que nos aleja.
volver a imaginarte,
dejar de esperarte,
saberme cada día
un poco más lejos
de tus piensos.
dejarte ir...
sonreír.
desviar la mirada.
dejarte ir
se tiene experiencia
en desencuentros
desencantos
desalientos
(y no es anuncio publicitario)
pasarán algunos días
necesarios
para no recordar
las caricias que no te procuré
los besos que se guardaron tras mis labios.
Te pido paciencia...
no me acostumbro
a separarme sin despedirme
aunque te me vayas
aunque yo me quede...
al que le faltan apenas unos días...
como arena entre los dedos,
como frío después del suéter,
te me estás yendo.
y no es cuestión de geografía.
seguiremos encontrándonos,
seguiremos tan formalitos,
cada vez más fríos.
te me vas
queriendo y no,
intentando no lastimar,
evadiendo la explicaciòn.
te vas.
se queda en mi
un dolor ahogado
el sentimiento de no ser tanto,
ni ser para tanto.
se queda en mi
el saberme,
otra vez,
mejor por click
mejor por letra
mejor virtual
mejor no real
mejor amiga
(que para el caso, es lo mismo).
te me vas,
pese a mi vista gorda,
gorda...
quizá sea justo eso:
mi vista gorda
la que no te gusta,
la que nos aleja.
volver a imaginarte,
dejar de esperarte,
saberme cada día
un poco más lejos
de tus piensos.
dejarte ir...
sonreír.
desviar la mirada.
dejarte ir
se tiene experiencia
en desencuentros
desencantos
desalientos
(y no es anuncio publicitario)
pasarán algunos días
necesarios
para no recordar
las caricias que no te procuré
los besos que se guardaron tras mis labios.
Te pido paciencia...
no me acostumbro
a separarme sin despedirme
aunque te me vayas
aunque yo me quede...
domingo, noviembre 29, 2009
A unos días de la desaparición del 2009.
Me propongo a no comprometerme con ningún tipo de propósito para el 2010. Con los que se han venido acumulando, creo que tengo para entretenerme, en no cumplir, otros 365 días.
Cabe aclarar que hay algunas cosas que se han modificado en mi comportamiento: dejé de fumar y de tomar... no sé si sea un logro... pero sé que no hecho de menos ninguno de esos hábitos. Tampoco me he vuelto una obsesa por la salud y los buenos hábitos, no, no... quizá sea que mi ritmo social ha disminuído notablemente y lo que yo consideraba algo habitual, se ha reducido a comportamientos sociales adquiridos por asimilación o por ganas de ser aceptada en cierto(s) grupos.
Hay otras cosas que no cambio. Que no cambian. Sigue mi afición a ilusionarme, me declaro una "kamikaze de ilusiones". Aunque no consiga nada. Aunque me quede, como diría Pablo Guerra, "cerca del amor", más vale pasar cerca que ni siquiera voltear a verlo... Ahorita estoy en la ilusión, sonrío ilusionada, respiro ilusiones. La ilusión tiene nombre, también apellido. Me gusta. Me estimula. Cuando estoy cerca de él casi logro creer que soy mejor persona.
No dejo la virtualidad, qué va. Me declaro adicta a las redes sociales, particularmente al face-book. Gracias a ella me he reencontrado con grandes amigos, he retomado antiguas relaciones, he descubierto que hay personas que me quieren y me extrañan, tanto como yo las he echado de menos.
Hay muchas cosas que han cambiado en mi vida durante este año. Me esguincé un tobillo, me quedé sin biblioteca, me dejaron sin los rostros cotidianos de 13 años (eso es lo más cabrón que le pueden hacer a cualquier persona); pero (benditos sean los "peros") tuve la oportunidad de conocer a otras personas. Me cerraron una puerta y se abrieron 20 ventanas. Ahora mi casa está bañada por la luz y el viento, entran olores diversos, cantos de pájaros, silbos del campo, e invariablemente hay música en el aire. Ahora convivo más con los míos, los redescubro y me doy cuenta de que no hay mejor lugar para estar que estar cerca de ellos, quererlos, mimarlos, soy parte de ellos y soy feliz de ser.
Me sobran los motivos (y hace 9 meses pensé que jamás lo diría) para estar contenta y agradecida con lo que estoy viviendo ahora. Con todo. Con nada.
Les dejo un poema de mi amiga, Angélica Maciel, de su poemario "viento versal":
Norte 360(grados)
Retorno a un mismo punto
1
La escritura es la soleda de los peces ciegos en el fondo,
la intimidad de las ideas llena sin interlínea ni espacios de espuma desaparecida,
el halo frío de los astros al borde de los secretos.
Es escuchar gemir al albatros, el grito de su alma abierta.
Sacudir el polvo al horizonte.
Simple: destruido y colmao de demasiados vientos.
Se predijo el no-regreso
Sucede: aquí volvemos.
Navegamos por las mismas aguas
y sus olas nos dicen: en la arena igual,
igual se pronuncia el sonido de la roca.
Cabe aclarar que hay algunas cosas que se han modificado en mi comportamiento: dejé de fumar y de tomar... no sé si sea un logro... pero sé que no hecho de menos ninguno de esos hábitos. Tampoco me he vuelto una obsesa por la salud y los buenos hábitos, no, no... quizá sea que mi ritmo social ha disminuído notablemente y lo que yo consideraba algo habitual, se ha reducido a comportamientos sociales adquiridos por asimilación o por ganas de ser aceptada en cierto(s) grupos.
Hay otras cosas que no cambio. Que no cambian. Sigue mi afición a ilusionarme, me declaro una "kamikaze de ilusiones". Aunque no consiga nada. Aunque me quede, como diría Pablo Guerra, "cerca del amor", más vale pasar cerca que ni siquiera voltear a verlo... Ahorita estoy en la ilusión, sonrío ilusionada, respiro ilusiones. La ilusión tiene nombre, también apellido. Me gusta. Me estimula. Cuando estoy cerca de él casi logro creer que soy mejor persona.
No dejo la virtualidad, qué va. Me declaro adicta a las redes sociales, particularmente al face-book. Gracias a ella me he reencontrado con grandes amigos, he retomado antiguas relaciones, he descubierto que hay personas que me quieren y me extrañan, tanto como yo las he echado de menos.
Hay muchas cosas que han cambiado en mi vida durante este año. Me esguincé un tobillo, me quedé sin biblioteca, me dejaron sin los rostros cotidianos de 13 años (eso es lo más cabrón que le pueden hacer a cualquier persona); pero (benditos sean los "peros") tuve la oportunidad de conocer a otras personas. Me cerraron una puerta y se abrieron 20 ventanas. Ahora mi casa está bañada por la luz y el viento, entran olores diversos, cantos de pájaros, silbos del campo, e invariablemente hay música en el aire. Ahora convivo más con los míos, los redescubro y me doy cuenta de que no hay mejor lugar para estar que estar cerca de ellos, quererlos, mimarlos, soy parte de ellos y soy feliz de ser.
Me sobran los motivos (y hace 9 meses pensé que jamás lo diría) para estar contenta y agradecida con lo que estoy viviendo ahora. Con todo. Con nada.
Les dejo un poema de mi amiga, Angélica Maciel, de su poemario "viento versal":
Norte 360(grados)
Retorno a un mismo punto
1
La escritura es la soleda de los peces ciegos en el fondo,
la intimidad de las ideas llena sin interlínea ni espacios de espuma desaparecida,
el halo frío de los astros al borde de los secretos.
Es escuchar gemir al albatros, el grito de su alma abierta.
Sacudir el polvo al horizonte.
Simple: destruido y colmao de demasiados vientos.
Se predijo el no-regreso
Sucede: aquí volvemos.
Navegamos por las mismas aguas
y sus olas nos dicen: en la arena igual,
igual se pronuncia el sonido de la roca.
martes, mayo 12, 2009
no te escribo, tampoco te olvido
Cruda moral. Me disculpo por no haber escrito nada en los últimos 2 meses. Estuve instalada en un bache anímico del que no quería salir. Algunos, compasivos, dicen que esto es normal, es una especie de duelo ante el divorcio laboral que sufrí. Otros, más rejijos, dicen que ya lo veían venir y que estoy instalada en una güeva mental y física. Como sea, no había querido escribir nada. Aunque sí he estado pensando mucho cuál es el paso siguiente y se me ocurren varias cosas:
1. Poner en marcha el negocio que traigo entre cejas y olvidarme de las bibliotecas que no de los libros, claro.
2. Empezar con una rutina personal de rehabilitación física y emocional: ejercicio, retomar las sesiones con Rod, ponerme a estudiar algo que me mantenga ocupada mentalmente.
3. Plantearme fechas límite como tablas de salvación o metas a llegar: en junio sale el dictámen de la primaria, en julio cumple años mi hermana, en agosto llueve a cántaros, en septiembre cumple otro año la vida y se casa uno de mis primos, en octubre la luna es más bonita, en noviembre me siento más cerca del fin de año y en diciembre cumple quince mi sobrina y yo uno más a la treintena... Espero pequeños momentos gloriosos que me ayuden a recojer los pedazos que dejó el huracán-terremoto-virus a su paso por mi jacalito tan mío.
Me da harta güeva el silencio incómodo que todavía provoca mi presencia en algunos círculos sociales: mis tíos, algunos amigos, mi perro... Sé que temen a que mi carácter iracundo, en ratos, estalle y les suelte a bocajarro dos de tres verdades que pienso de su "simpatía silenciosa" ante mi nueva "condición" (condición = palabra actualmente utilizada en el vocablo familiar para hablar de mi desempleo).
Algunas almas caritativas ya están aconsejando a mi padre sólo tiene que preocuparse por él y por su mujer, y que yo sólo tengo que preocuparme por mi hija... como que los consejeros se olvidaron de que hasta hace un año (más o menos) a mí me aconsejaban que tenía que preocuparme por cuatro, no nomás por mi hija (como supongo es lo que una de madre soltera debiera hacer)... yo digo que esto de la preocupancia es algo que se da por querencias no por conveniencias. Pero insisto, últimamente mi mecha es demasiado corta y exploto con una facilidad que ya la quisiera cualquier pirotecnista para un día de fiesta.
Estoy esperando que termine la contingencia para que mi hija vuelva a clases, yo pueda inscribirme en el gimnasio para subirme en la caminadora 45 minutos al día (pa empezar), buscar algún cursillo interesante que me desempolve las ideas, irme a Estados Unidos un ratillo, y regresar con el ánimo renovado.
Hago una aclaración: Por primera vez en la historia de mis tragedias no me exiliaré. O al menos no a la vieja usanza que me alejaba caminando de Guadalajara como si eso borrara el dolor de mi piel. Ahora el exilio ha sido diferente: estoy un piso bajo el nivel de la calle, en donde me proveo de café, cigarros mentolados, agua, altas dosis de televisión, lecturas que no me amarguen más la hiel, tampoco pienso en bibliotecas que me saquen la de Remi cuando pienso en onix rosa e imágenes surrealistas que me acompañarán hasta el último día que respire...
No le escribo pero tampoco le olvido, pues... es sólo que necesito sanar, perdonarme, perdonar... pero la neta: no soy tan buena.
1. Poner en marcha el negocio que traigo entre cejas y olvidarme de las bibliotecas que no de los libros, claro.
2. Empezar con una rutina personal de rehabilitación física y emocional: ejercicio, retomar las sesiones con Rod, ponerme a estudiar algo que me mantenga ocupada mentalmente.
3. Plantearme fechas límite como tablas de salvación o metas a llegar: en junio sale el dictámen de la primaria, en julio cumple años mi hermana, en agosto llueve a cántaros, en septiembre cumple otro año la vida y se casa uno de mis primos, en octubre la luna es más bonita, en noviembre me siento más cerca del fin de año y en diciembre cumple quince mi sobrina y yo uno más a la treintena... Espero pequeños momentos gloriosos que me ayuden a recojer los pedazos que dejó el huracán-terremoto-virus a su paso por mi jacalito tan mío.
Me da harta güeva el silencio incómodo que todavía provoca mi presencia en algunos círculos sociales: mis tíos, algunos amigos, mi perro... Sé que temen a que mi carácter iracundo, en ratos, estalle y les suelte a bocajarro dos de tres verdades que pienso de su "simpatía silenciosa" ante mi nueva "condición" (condición = palabra actualmente utilizada en el vocablo familiar para hablar de mi desempleo).
Algunas almas caritativas ya están aconsejando a mi padre sólo tiene que preocuparse por él y por su mujer, y que yo sólo tengo que preocuparme por mi hija... como que los consejeros se olvidaron de que hasta hace un año (más o menos) a mí me aconsejaban que tenía que preocuparme por cuatro, no nomás por mi hija (como supongo es lo que una de madre soltera debiera hacer)... yo digo que esto de la preocupancia es algo que se da por querencias no por conveniencias. Pero insisto, últimamente mi mecha es demasiado corta y exploto con una facilidad que ya la quisiera cualquier pirotecnista para un día de fiesta.
Estoy esperando que termine la contingencia para que mi hija vuelva a clases, yo pueda inscribirme en el gimnasio para subirme en la caminadora 45 minutos al día (pa empezar), buscar algún cursillo interesante que me desempolve las ideas, irme a Estados Unidos un ratillo, y regresar con el ánimo renovado.
Hago una aclaración: Por primera vez en la historia de mis tragedias no me exiliaré. O al menos no a la vieja usanza que me alejaba caminando de Guadalajara como si eso borrara el dolor de mi piel. Ahora el exilio ha sido diferente: estoy un piso bajo el nivel de la calle, en donde me proveo de café, cigarros mentolados, agua, altas dosis de televisión, lecturas que no me amarguen más la hiel, tampoco pienso en bibliotecas que me saquen la de Remi cuando pienso en onix rosa e imágenes surrealistas que me acompañarán hasta el último día que respire...
No le escribo pero tampoco le olvido, pues... es sólo que necesito sanar, perdonarme, perdonar... pero la neta: no soy tan buena.
lunes, marzo 02, 2009
13 años
13 años son muchos años. Hace trece años nació mi sobrina Andrea y ahora es una adolescente linda e insoportable (como debe ser). Hace trece años era irresponsablemente feliz estudiando una carrera por el placer de estudiarla y disfrutando de viajes, noviazgos cortos y largos, serios y divertidos, tontos y necesarios en algunos casos. Hace trece años alguien me preguntó si me gustaban los libros y cuando dije que sí, me invitó a un desayuno en una finca de jardines hermosos en Zapopan, en donde se estaba creando la primer biblioteca especializada en Ciencias Sociales y Humanidades del estado de Jalisco. Recuerdo cuando entré en la sala de lectura. Aquella mañana me pareció enorme (todavía no estaban los anaqueles, ni las mesas, ni siquiera el mostrador) era un galerón en donde estaban dispuestas algunas sillas para los muy pocos invitados al evento. Recuerdo que tan pronto identifiqué al director de aquel proyecto me acerqué a él con la seguridad que da un vestido rojo en un desayuno y la voz en un hilo como quien reconoce que no sabe nada, o como quien cree que no sabe nada. Con mi vocecita le dije que yo quería trabajar ahi. Que estaba estudiando Letras Hispánicas, que sabía hablar el inglés, que tenía excelente ortografía y que mi pasión más grande eran (son) los libros. Muriá me miró frunciendo las cejas y en un aspaviento estaba rodeado por tres señoritas a las que les indicó que me dieran una cita para platicar en otra ocasión.
Fueron los 15 días más largos de mis 23 años. Cada tercer día llamaba a la Licenciada Peregrina para preguntarle si había una oportunidad para mi. Por fin me entrevisté con ella y me confirmó que el 2 de mayo me presentara a trabajar de 8.30 a 3.30 pm. y que como era tiempo de vacas flacas, mi sueldo sería de 1,600 pesos mensuales. 1,600 pesos mensuales eran bastante más de lo que necesitaba en aquella época, de hecho para mí era una fortuna. El 2 de mayo entré a trabajar al Colegio de Jalisco. Llevaba un vestido beige y mi cabello suelto, largo. Me recibió Gabriela Trujillo, quien entonces era la coordinadora de la biblioteca. Entonces el equipo estaba itegrado por Ivonne Bosch, quien se convertiría en una de mis grandes amigas, Karla Durán, Carolina Basisch (qepd), Rafa García (hijo), y los auxiliares o practicantes: July y Sonia. Yo hice amistad con el ingeniero en sistemas, con Ivonne y con Carolina; aunque a los demás los quise y los respeté durante el tiempo que compartimos aquel espacio.
El 2 de mayo de 1996 en la sala de lectura de la biblioteca, la única colección que ya estaba en el lugar que le correspondía era el diccionario enciclopédico Universal Espasa-Calpe, una edición del primer número de 1925 al último parecía ser el clásico mural de libros que se adquieren por metros para adornar las bibliotecas no consultadas de muchas casas de este país.
La empresa era titánica. Teníamos que catalogar y clasificar 45 mil ejemplares en 6 meses. Ivonne y yo jugábamos competencias a ver quién catalogaba más libros en 8 horas, debo reconocer que aunque cerca nunca la vencí: su récord fueron 36 títulos catalogados en 8 horas; a mí me faltó uno para empatarla. Era una pasión muy difícil de definir, estaba descubriendo el sistema de clasificación decimal DEWEY, Ivonne me dio la clave para aprenderme las tablas más fácilmente jugando con los números de las placas de circulación de los carros: JMV 497, se traducía como 4 lenguas autóctonas 9 grupos de personas o países 7 América del Norte "lenguas aborígenes de américa del norte". Sí era ñoña y era peligrosa.
Fueron los 13 años más cortos de mi vida. Cuando sabes que tienes mucho por hacer, cuando sabes o sientes que por más lo quieras creer, cada viernes al salir del trabajo sabes que el lunes siguiente será la consecución de algo que dejaste iniciado o tal vez el inicio de un nuevo proyecto, el tiempo se pasa volando...
Todo cambia cuando te arrebatan esa pasión, o cualquier pasión. Cuando te dicen que ya no puedes seguir siendo bibliotecaria en esa biblioteca porque tu ciclo se acabò, porque todo en esta vida tiene un principio y un fin... te despiden después de una incapacidad. Te tratan como una criminal que debe ser escondida. Por qué me citan a las 5 de la tarde, cuando el ColJal estaba solo y no a las 11 de la mañana?, por qué despedirme de un día para otro... entre el shock, el dolor, la confusión, uno sale de ahí como animal herido... al día siguiente fue ir a ver lo del finiquito... y la antiguedad, y la experiencia, y la profesionalización y la autoestima se van por el caño... porque nada de eso ha sido tomado en cuenta... Nada absolutamente.
Mañana será el primer mes fuera del Colegio. Mañana será un mes del último día que saludé a todos con el gusto de siempre y más por la ausencia tan prolongada de mi incapacidad. Mañana será un mes de la última vez que comí con mis amigas. Mañana será un mes de que empecé a explicarle a mi hija el por qué estoy en la casa.
Cómo explicarle a Lavinia, a mi princesa de los rizos furiosos lo que me pasó. Cómo explicarle si yo no sé todavía por qué me despidieron, por qué sacaron a la única persona capaz de coordinar ese monstruo de biblioteca. Cómo explicarle a Lavinia que no importa cuánto te involucres, cuánto quieras hacer las cosas, cuánto te guste hacer algo siempre habrá alguien que no lo vea, que no le interese o a quien por cuestiones personales o políticas no le convenga tenerte cerca. Cómo prevenirla para que eso a ella no le suceda, cómo decirle que no tiene que ser como su mamá.
Viví 36 años en una casa, trabajé 13 años en un mismo lugar. Soy una mujer estable. Me gusta la estabildad, la permanencia, el sentir que pertenezco a alguien o a algo. Ahora me siento con casi nada... sé que es un momento importante. Puedo hacer lo que yo quiera... pero, pero no puedo seguir haciendo lo que me gustaba tanto, lo que me apasionó desde el primer día, lo que hice con tanto gusto, siempre.
Sé que una imagen importante en mi album de recuerdos es y será siempre la sala de lectura de investigadores de la Biblioteca Miguel Mathes, con la luz apagada, cuando el sol se proyectaba a través de las láminas de onix del diseño del edificio y todo se volvía rosa, mágico, irreal... Es la imagen salvadora... lo que queda y con lo que me quedo.
Fueron los 15 días más largos de mis 23 años. Cada tercer día llamaba a la Licenciada Peregrina para preguntarle si había una oportunidad para mi. Por fin me entrevisté con ella y me confirmó que el 2 de mayo me presentara a trabajar de 8.30 a 3.30 pm. y que como era tiempo de vacas flacas, mi sueldo sería de 1,600 pesos mensuales. 1,600 pesos mensuales eran bastante más de lo que necesitaba en aquella época, de hecho para mí era una fortuna. El 2 de mayo entré a trabajar al Colegio de Jalisco. Llevaba un vestido beige y mi cabello suelto, largo. Me recibió Gabriela Trujillo, quien entonces era la coordinadora de la biblioteca. Entonces el equipo estaba itegrado por Ivonne Bosch, quien se convertiría en una de mis grandes amigas, Karla Durán, Carolina Basisch (qepd), Rafa García (hijo), y los auxiliares o practicantes: July y Sonia. Yo hice amistad con el ingeniero en sistemas, con Ivonne y con Carolina; aunque a los demás los quise y los respeté durante el tiempo que compartimos aquel espacio.
El 2 de mayo de 1996 en la sala de lectura de la biblioteca, la única colección que ya estaba en el lugar que le correspondía era el diccionario enciclopédico Universal Espasa-Calpe, una edición del primer número de 1925 al último parecía ser el clásico mural de libros que se adquieren por metros para adornar las bibliotecas no consultadas de muchas casas de este país.
La empresa era titánica. Teníamos que catalogar y clasificar 45 mil ejemplares en 6 meses. Ivonne y yo jugábamos competencias a ver quién catalogaba más libros en 8 horas, debo reconocer que aunque cerca nunca la vencí: su récord fueron 36 títulos catalogados en 8 horas; a mí me faltó uno para empatarla. Era una pasión muy difícil de definir, estaba descubriendo el sistema de clasificación decimal DEWEY, Ivonne me dio la clave para aprenderme las tablas más fácilmente jugando con los números de las placas de circulación de los carros: JMV 497, se traducía como 4 lenguas autóctonas 9 grupos de personas o países 7 América del Norte "lenguas aborígenes de américa del norte". Sí era ñoña y era peligrosa.
Fueron los 13 años más cortos de mi vida. Cuando sabes que tienes mucho por hacer, cuando sabes o sientes que por más lo quieras creer, cada viernes al salir del trabajo sabes que el lunes siguiente será la consecución de algo que dejaste iniciado o tal vez el inicio de un nuevo proyecto, el tiempo se pasa volando...
Todo cambia cuando te arrebatan esa pasión, o cualquier pasión. Cuando te dicen que ya no puedes seguir siendo bibliotecaria en esa biblioteca porque tu ciclo se acabò, porque todo en esta vida tiene un principio y un fin... te despiden después de una incapacidad. Te tratan como una criminal que debe ser escondida. Por qué me citan a las 5 de la tarde, cuando el ColJal estaba solo y no a las 11 de la mañana?, por qué despedirme de un día para otro... entre el shock, el dolor, la confusión, uno sale de ahí como animal herido... al día siguiente fue ir a ver lo del finiquito... y la antiguedad, y la experiencia, y la profesionalización y la autoestima se van por el caño... porque nada de eso ha sido tomado en cuenta... Nada absolutamente.
Mañana será el primer mes fuera del Colegio. Mañana será un mes del último día que saludé a todos con el gusto de siempre y más por la ausencia tan prolongada de mi incapacidad. Mañana será un mes de la última vez que comí con mis amigas. Mañana será un mes de que empecé a explicarle a mi hija el por qué estoy en la casa.
Cómo explicarle a Lavinia, a mi princesa de los rizos furiosos lo que me pasó. Cómo explicarle si yo no sé todavía por qué me despidieron, por qué sacaron a la única persona capaz de coordinar ese monstruo de biblioteca. Cómo explicarle a Lavinia que no importa cuánto te involucres, cuánto quieras hacer las cosas, cuánto te guste hacer algo siempre habrá alguien que no lo vea, que no le interese o a quien por cuestiones personales o políticas no le convenga tenerte cerca. Cómo prevenirla para que eso a ella no le suceda, cómo decirle que no tiene que ser como su mamá.
Viví 36 años en una casa, trabajé 13 años en un mismo lugar. Soy una mujer estable. Me gusta la estabildad, la permanencia, el sentir que pertenezco a alguien o a algo. Ahora me siento con casi nada... sé que es un momento importante. Puedo hacer lo que yo quiera... pero, pero no puedo seguir haciendo lo que me gustaba tanto, lo que me apasionó desde el primer día, lo que hice con tanto gusto, siempre.
Sé que una imagen importante en mi album de recuerdos es y será siempre la sala de lectura de investigadores de la Biblioteca Miguel Mathes, con la luz apagada, cuando el sol se proyectaba a través de las láminas de onix del diseño del edificio y todo se volvía rosa, mágico, irreal... Es la imagen salvadora... lo que queda y con lo que me quedo.
miércoles, diciembre 17, 2008
Ya no estoy triste
De hecho, desde el jueves pasado las cosas empezaron a fluir positivamente. Mis amigos, mis pilares estuvieron ahí, conmigo, al pie del cañón. El sol volvió a brillar con más fuerza, el frío caló un poco más en mis huesos; y las lágrimas se cansaron de salir de mis ojos. Todo tiene un nuevo sentido. Fue mi llanto con cara de invierno. Mi llanto desolado. Mi llanto necesario. Mis presiones, tensiones, soledades, confusiones y miedos me llegaron de golpe en dos días. Por eso estuve mal. Por eso estuve triste.
Y entoces, cuando se detienen las lágrimas y otra vez se ve la luna o las estrellas en toda su claridad magnífica, una se da cuenta de que a) no se està tan sola y b) la soledad en sí no es tan terrible. Lo terrible es no darnos la oportunidad de escucharnos. De escuchar lo que somos, lo que hemos sido, lo que nos hace ser quien somos. Descubrir que se tiene tiempo para uno mismo. Descubrir que puedo pasarme una hora bajo de la regadera o leer 3 horas sin detenerme ni ser interrumpida. Descubrir el antiguo placer de entrar en una tienda a comprar zapatos y pasarme una hora viendo los diferentes modelos de zapatos, probándomelos, eligiendo. Entrar en un salón de belleza y no preguntar "¿cuánto tiempo te tomaría cortar y pintar mi cabello?" porque se tiene todo el tiempo para hacer cualquier cosa. Llegar a casa. Descubrir la vida suspendida: juguetes en la sala, como esperando que alguien juegue con ellos. El refri con comida que espera ser consumida pero que no se antoja, no porque no me guste... simplemente porque puedo comer o no comer y no pasa nada. Dormir la noche completa, despertar y tener tiempo de ponerme y quitarme ropa hasta sentirme conforme con la elección y salir a la calle con la certeza que nos da el sentirnos bien. Detalles pequeñitos, que dejamos de hacer, que dejamos de vivir porque hubo nuevas responsabilidades que ocuparon esos pequeños momentos con risas, llantos, pañales, tareas, biberones.
Extraño al motivo de mi olvido. La extraño entrañablemente, es la misma sensación que tuve cuando fui conciente de que ya no estaba dentro de mi vientre y me pregunté: ¿y ahora, cómo voy a cuidarte? Afortunadamente los días pasaron relativamente rápido. En especial esta última semana: la posada coljal, el festejo de mi Lupe, el festejo de mi cumple, el domingo de no hacer nada, el lunes de ballet con las sobrinas, el martes de Primer Piso, mañana comer con Laura y café con la China, el jueves el cumple de don Toño y así, sin casi sentirlo llegaré al viernes para subirme a un avión y alcanzar a mi Princesa de los Rizos Furiosos.
Y mis amigos, mi Sani del alma que no me dejó ni un momento, Angélica con su sabiduría y entereza, Toño con sus ocurrencias y su entusiasmo, Xaris siempre presente, Víctor que por una noche dejó de ser virtual para compartir el café en casa, mis primos: Gabo, Popos, Lalo, Carlos... Rodrigo, quien recientemente entrò en mi vida pero a quien le debo mucho de lo que he descubierto en mi, de lo que he liberado en tantas horas de plática tratando de comprender mis por qués, mis no y mis sí.
No estoy sola y ya no estoy triste. Estoy desvelada, con tos de fumadora, con la emoción que me trae subirme a un avión, con las ganas locas de volver a abrazar y besar a mi niña. Gracias por seguirme, por leerme, por la paciencia ante el silencio, por respirar conmigo el principio de un nuevo año.
Y entoces, cuando se detienen las lágrimas y otra vez se ve la luna o las estrellas en toda su claridad magnífica, una se da cuenta de que a) no se està tan sola y b) la soledad en sí no es tan terrible. Lo terrible es no darnos la oportunidad de escucharnos. De escuchar lo que somos, lo que hemos sido, lo que nos hace ser quien somos. Descubrir que se tiene tiempo para uno mismo. Descubrir que puedo pasarme una hora bajo de la regadera o leer 3 horas sin detenerme ni ser interrumpida. Descubrir el antiguo placer de entrar en una tienda a comprar zapatos y pasarme una hora viendo los diferentes modelos de zapatos, probándomelos, eligiendo. Entrar en un salón de belleza y no preguntar "¿cuánto tiempo te tomaría cortar y pintar mi cabello?" porque se tiene todo el tiempo para hacer cualquier cosa. Llegar a casa. Descubrir la vida suspendida: juguetes en la sala, como esperando que alguien juegue con ellos. El refri con comida que espera ser consumida pero que no se antoja, no porque no me guste... simplemente porque puedo comer o no comer y no pasa nada. Dormir la noche completa, despertar y tener tiempo de ponerme y quitarme ropa hasta sentirme conforme con la elección y salir a la calle con la certeza que nos da el sentirnos bien. Detalles pequeñitos, que dejamos de hacer, que dejamos de vivir porque hubo nuevas responsabilidades que ocuparon esos pequeños momentos con risas, llantos, pañales, tareas, biberones.
Extraño al motivo de mi olvido. La extraño entrañablemente, es la misma sensación que tuve cuando fui conciente de que ya no estaba dentro de mi vientre y me pregunté: ¿y ahora, cómo voy a cuidarte? Afortunadamente los días pasaron relativamente rápido. En especial esta última semana: la posada coljal, el festejo de mi Lupe, el festejo de mi cumple, el domingo de no hacer nada, el lunes de ballet con las sobrinas, el martes de Primer Piso, mañana comer con Laura y café con la China, el jueves el cumple de don Toño y así, sin casi sentirlo llegaré al viernes para subirme a un avión y alcanzar a mi Princesa de los Rizos Furiosos.
Y mis amigos, mi Sani del alma que no me dejó ni un momento, Angélica con su sabiduría y entereza, Toño con sus ocurrencias y su entusiasmo, Xaris siempre presente, Víctor que por una noche dejó de ser virtual para compartir el café en casa, mis primos: Gabo, Popos, Lalo, Carlos... Rodrigo, quien recientemente entrò en mi vida pero a quien le debo mucho de lo que he descubierto en mi, de lo que he liberado en tantas horas de plática tratando de comprender mis por qués, mis no y mis sí.
No estoy sola y ya no estoy triste. Estoy desvelada, con tos de fumadora, con la emoción que me trae subirme a un avión, con las ganas locas de volver a abrazar y besar a mi niña. Gracias por seguirme, por leerme, por la paciencia ante el silencio, por respirar conmigo el principio de un nuevo año.
miércoles, diciembre 10, 2008
martes, diciembre 09, 2008
Esto no es un cuento erótico
Es como sentirme rara. No porque me sienta incapaz de escribir otra cosa desligada del erotismo, pero después de Camilo y su historia mágica alrededor de los libros, me he empeñado en exorcisar al demoniolujuria que llevo dentro, escribiendo, escribiendo, escribiendo....
Camino por la ciudad. Hace mucho que no recorro sus calles como ahora, con tiempo. He estado en-ce-rra-da. Viviendo en la burbúja del bienestar y la seguridad emocional y mental, esa que se traduce en crimen de la vida, un crimen perfecto, lento, disfrazado de sonrisas y complacencias que en apariencia no lastiman, no destrozan, no hieren... pero que matan el instinto de la sobrevivencia, el serjungla que no debería de abandonarnos para seguir cazándonos a nosotros mismos. Que es tan vil o tan dulce, com todo o casi todo. Circulo por la ciudad. Algunos personajes asfaltados me descubren. Son casi fantásticos, como la mujer de fuego en la esquina de Avenida de las Rosas y Mariano Otero. Pequeña, con las puntas del cabello quemadas, los ojos como capulines y la ropa queriendo ser tan negra como sus ojos. De sus manos como queriendo alcanzar mis ojos o el cielo, dos extensiones con fuego. Baile sin música de las llamas. Ahora pasan sobre su cabeza para perderse tras su espalda por un segundo y retomar la circunferencia no trazada bajo sus pies. Me siento, me reconozco hipnotizada, transportada. Pienso en aquella guía tristísima de París (1), cuando me encontré tras un cristal observando a un pareja haciendo el amor, ella gimiendo, el mosqueado por el espejo tan grande, ella convenciéndolo que así era más excitante, que podía ver todo su cuerpo arquearse, pegarse al de él que se debatía en besarla entre los senos y ver la línea de su cuerpo (el de él) en el espejo. Mujer manos de fuego transportada (o tal vez yo) a esa antigua imagen de papel y sueños, en donde dos fueron tres. Frente a mis ojos, detrás del espejo, sobre el asfalto, la mujer manos de fuego en su artilugio. Besar la llama, apagarla y sonriendo ir pidiendo por el sueño/espectáculo. Sacar la moneda por la ventanilla, sonreír de regreso y el rojo se hace verde. Soltar el freno, acelerar un poco y tomar Mariano Otero rumbo al norte.
Conducir imaginando la línea que divide el carril que viene, el otro que va, concentrarme. Conectarme con el lugar a donde voy, visualizar Avenida Chapultepec a las 7 de la tarde, lucecitas, cafeterías, tráfico, mucho tráfico... pero no importa, llegaré a Pedro Moreno para dar vuelta a la derecha y empezaré a relajarme, pero mientras... Mientras está bajar el paso a desnivel, un tren pasa más arriba, con su ruido lento, cansado, pienso en Iliana, en Jorge gritando "chuchu-train", sonrío por los dos. Sigo sin ver las líneas que dividen los carriles, mentada de madre silenciosa a la Secretaría de Vialidad, al gobierno municipal, adivinar, tanteando que casi en el extremo derecho podré agarrar sin problemas Chapultepec, el monumentoalosniñosheroes, iluminado (¿a quién se le ocurriría que esa mole de ladrillos era candidata para lucirse?), tomar avenida Chapultepec sin complicaciones a 30 km/hr, cuidando la distancia con el carrito de adelante, haciéndome chiquita cuando paso junto al rugir de los camiones furiosos que van peleando llegar antes, tomar más pasaje, detenerse menos en las bajadas, paso La Paz, me siento más cerca, semáforo en rojo en Avenida Vallarta.
Es la primera vez que me detengo desde que di vuelta en Las Rosas. Sonrío, el limpiaparabrizas me devuelve la sonrisa y se apura sobre el cristal, lo detengo a una seña de mi mano, deja de sonreír, pasa junto a mi puerta y recuerdo que no he puesto el seguro. Muevo mi brazo, con el codo acciono la "seguridad" que me da el no poder abrir la puerta, aunque podría ser un cristalazo, un balazo... me estremesco. Busco distracción, la pantalla en la esquina noroeste con publicidad cintilante; me gusta la vista, casi cosmopolita, dejo de sentirme en un pueblototote de 4 avenidas y decido que mi ciudad es grande, moderna, bonita y estoy en el recuento de bondades y gracias cuando me siento observada, volteo sobre mi hombro derecho y me encuentro con lo que podrían ser sus ojos detrás de una barba de muchos años y una chamarra de color indescriptible. Es un indigente. ¿Hace cuánto me observa?, ¿por qué no lo ví antes?, ¿la belleza oculta la fealdad o es lo feo lo que hace que lo bello brille con más fuerza?, El indigente no puede saber lo que pienso, tal vez no le interesa. Él está ahí, sentado en primera fila, viendo pasar la vida, viendo la publicidad de artículos que tal vez nunca comprará, escuchando el ruido de los motores calentándose, ruido como de tripas con hambre, incómodos, como mi incomodidad mal disimulada al sentirme observada por una realidad a la que continuamente le saco la vuelta.
Por fin la luz verde, encender la direccional. En la siguiente esquina doy vuelta. Me gusta Pedro Moreno que tampoco tiene líneas, pero ahí sólo tienes que cuidarte de la 629 que vaya por su carril. Vuelve el pensamiento reconfortante. Guadalajara bonita, tranquila, voy camino a la presentación de un libro fantástico. Me siento un personaje y luego me corrijo, no soy tanto. Mis cuentos son eróticos y este no es un cuento erótico, aunque de momento recuerdo a la mujer de fuego en Mariano Otero y sus ojos de araña capulina tendiendo su red-trampa invisible y mortal sobre mis sentidos y quiero sucumbir, hacerle un cuento, desarrollarla, compartirme con ella, convertirme en una mujer con dedos de fuego, hipnotizarte, mírame bien, soy la misma en otro cuerpo, mis dedos de fuego calentarán tu vientre, la cara oculta de tus muslos, tus ideas... Pero esto no es un cuento. Tampoco es un cuento erótico...
(1) BRYCE-ECHENIQUE, Alfredo. Guía triste de París. Alfaguara, 2000.
Camino por la ciudad. Hace mucho que no recorro sus calles como ahora, con tiempo. He estado en-ce-rra-da. Viviendo en la burbúja del bienestar y la seguridad emocional y mental, esa que se traduce en crimen de la vida, un crimen perfecto, lento, disfrazado de sonrisas y complacencias que en apariencia no lastiman, no destrozan, no hieren... pero que matan el instinto de la sobrevivencia, el serjungla que no debería de abandonarnos para seguir cazándonos a nosotros mismos. Que es tan vil o tan dulce, com todo o casi todo. Circulo por la ciudad. Algunos personajes asfaltados me descubren. Son casi fantásticos, como la mujer de fuego en la esquina de Avenida de las Rosas y Mariano Otero. Pequeña, con las puntas del cabello quemadas, los ojos como capulines y la ropa queriendo ser tan negra como sus ojos. De sus manos como queriendo alcanzar mis ojos o el cielo, dos extensiones con fuego. Baile sin música de las llamas. Ahora pasan sobre su cabeza para perderse tras su espalda por un segundo y retomar la circunferencia no trazada bajo sus pies. Me siento, me reconozco hipnotizada, transportada. Pienso en aquella guía tristísima de París (1), cuando me encontré tras un cristal observando a un pareja haciendo el amor, ella gimiendo, el mosqueado por el espejo tan grande, ella convenciéndolo que así era más excitante, que podía ver todo su cuerpo arquearse, pegarse al de él que se debatía en besarla entre los senos y ver la línea de su cuerpo (el de él) en el espejo. Mujer manos de fuego transportada (o tal vez yo) a esa antigua imagen de papel y sueños, en donde dos fueron tres. Frente a mis ojos, detrás del espejo, sobre el asfalto, la mujer manos de fuego en su artilugio. Besar la llama, apagarla y sonriendo ir pidiendo por el sueño/espectáculo. Sacar la moneda por la ventanilla, sonreír de regreso y el rojo se hace verde. Soltar el freno, acelerar un poco y tomar Mariano Otero rumbo al norte.
Conducir imaginando la línea que divide el carril que viene, el otro que va, concentrarme. Conectarme con el lugar a donde voy, visualizar Avenida Chapultepec a las 7 de la tarde, lucecitas, cafeterías, tráfico, mucho tráfico... pero no importa, llegaré a Pedro Moreno para dar vuelta a la derecha y empezaré a relajarme, pero mientras... Mientras está bajar el paso a desnivel, un tren pasa más arriba, con su ruido lento, cansado, pienso en Iliana, en Jorge gritando "chuchu-train", sonrío por los dos. Sigo sin ver las líneas que dividen los carriles, mentada de madre silenciosa a la Secretaría de Vialidad, al gobierno municipal, adivinar, tanteando que casi en el extremo derecho podré agarrar sin problemas Chapultepec, el monumentoalosniñosheroes, iluminado (¿a quién se le ocurriría que esa mole de ladrillos era candidata para lucirse?), tomar avenida Chapultepec sin complicaciones a 30 km/hr, cuidando la distancia con el carrito de adelante, haciéndome chiquita cuando paso junto al rugir de los camiones furiosos que van peleando llegar antes, tomar más pasaje, detenerse menos en las bajadas, paso La Paz, me siento más cerca, semáforo en rojo en Avenida Vallarta.
Es la primera vez que me detengo desde que di vuelta en Las Rosas. Sonrío, el limpiaparabrizas me devuelve la sonrisa y se apura sobre el cristal, lo detengo a una seña de mi mano, deja de sonreír, pasa junto a mi puerta y recuerdo que no he puesto el seguro. Muevo mi brazo, con el codo acciono la "seguridad" que me da el no poder abrir la puerta, aunque podría ser un cristalazo, un balazo... me estremesco. Busco distracción, la pantalla en la esquina noroeste con publicidad cintilante; me gusta la vista, casi cosmopolita, dejo de sentirme en un pueblototote de 4 avenidas y decido que mi ciudad es grande, moderna, bonita y estoy en el recuento de bondades y gracias cuando me siento observada, volteo sobre mi hombro derecho y me encuentro con lo que podrían ser sus ojos detrás de una barba de muchos años y una chamarra de color indescriptible. Es un indigente. ¿Hace cuánto me observa?, ¿por qué no lo ví antes?, ¿la belleza oculta la fealdad o es lo feo lo que hace que lo bello brille con más fuerza?, El indigente no puede saber lo que pienso, tal vez no le interesa. Él está ahí, sentado en primera fila, viendo pasar la vida, viendo la publicidad de artículos que tal vez nunca comprará, escuchando el ruido de los motores calentándose, ruido como de tripas con hambre, incómodos, como mi incomodidad mal disimulada al sentirme observada por una realidad a la que continuamente le saco la vuelta.
Por fin la luz verde, encender la direccional. En la siguiente esquina doy vuelta. Me gusta Pedro Moreno que tampoco tiene líneas, pero ahí sólo tienes que cuidarte de la 629 que vaya por su carril. Vuelve el pensamiento reconfortante. Guadalajara bonita, tranquila, voy camino a la presentación de un libro fantástico. Me siento un personaje y luego me corrijo, no soy tanto. Mis cuentos son eróticos y este no es un cuento erótico, aunque de momento recuerdo a la mujer de fuego en Mariano Otero y sus ojos de araña capulina tendiendo su red-trampa invisible y mortal sobre mis sentidos y quiero sucumbir, hacerle un cuento, desarrollarla, compartirme con ella, convertirme en una mujer con dedos de fuego, hipnotizarte, mírame bien, soy la misma en otro cuerpo, mis dedos de fuego calentarán tu vientre, la cara oculta de tus muslos, tus ideas... Pero esto no es un cuento. Tampoco es un cuento erótico...
(1) BRYCE-ECHENIQUE, Alfredo. Guía triste de París. Alfaguara, 2000.
jueves, diciembre 04, 2008
Ironías
Antier en la Feria Internacional del Libro, más de mil jóvenes homenajearon a Carlos Fuentes. El homenaje se llamó "mil jóvenes leyendo a Aura". Le cantaron las mañanitas al escritor y aparentemente éste lo disfrutó mucho.
Antier, también, murió el que hasta hace una semana o algo así fungía como Secretario del Trabajo, el Señor Carlos Abascal.
¿No les parece irónico que el inquisidor que ordenara en algún momento la quema de "Aura" muriese el mismo día en que los jóvenes lectores de la misma novela, homenajearan al escritor?
Antier, también, murió el que hasta hace una semana o algo así fungía como Secretario del Trabajo, el Señor Carlos Abascal.
¿No les parece irónico que el inquisidor que ordenara en algún momento la quema de "Aura" muriese el mismo día en que los jóvenes lectores de la misma novela, homenajearan al escritor?
Ocupada, muy ocupada...
Más de diez días sin postear. Mea culpa. Me disculpo argumentando que he estado muy ocupada viviendo, con todo lo que eso implica: soltar, retener, sortear, provocar, actuar, pensar, desechar, conservar, rescatar, olvidar, confirmar, extrañar, negar, afirmar, imaginar, leer, releer, replantear, organizar, improvisar, atraer, rechazar. No he dicho esperar. Por primera vez en muchos años no estoy esperando nada. Ya me di cuenta que eso no deja nada bueno más que kilos mentales y físicos. No tengo nada o casi nada en contra de los kilos físicos, al contrario, creo que mientras más pachoncita a algunas personas les dan más ganas de abrazar, de tocarnos, de sentirnos... somos más amigables, dicen. Al menos mi hija dice que le gusto de almohada que estoy "bullidita".
En los últimos 10 días la vida y yo nos hemos hecho cómplices y parece que de momento funcionamos más o menos bien. El pánico que me provocaba romper el muégano madre-hija, está casi superado, pienso positivo: Lavinia enviaje, divirtiéndose, jugando todo el día vs Georgina en casa, divirtiéndose, leyendo, saliendo, conociendo; y todo está funcionando.
Estoy reconociéndome en un momento que pensé que no volvería a vivir. Estoy siendo irresponsablemente feliz. No tengo horarios. Ayer pude leer de continuo durante 3 horas. No hubo que salir corriendo, interrumpir la lectura, retomarla horas después. Salí de la FIL a las 7 de la noche para ir a una presentación de un libro en el Primer Piso, me encontré y disfruté a mis amigos, me divertí tanto...
No digo que no extraño el continuo "mamáaa", el acostarme junto a mi niña cada noche hasta sentir que su respiración toma el ritmo del que duerme y me resisto a levantarme para irme a mi cama. La extraño, sí. Pero ella está feliz, disfrutando sus vacaciones prematuras, gozando a sus primos, viviendo una navidad diferente, excéntrica, divertida...
Si no escribo dentro de poco tiempo, es porque sigo ocupada con la vida, disfrutándola, desmenuzándola, aprovechándola...
En los últimos 10 días la vida y yo nos hemos hecho cómplices y parece que de momento funcionamos más o menos bien. El pánico que me provocaba romper el muégano madre-hija, está casi superado, pienso positivo: Lavinia enviaje, divirtiéndose, jugando todo el día vs Georgina en casa, divirtiéndose, leyendo, saliendo, conociendo; y todo está funcionando.
Estoy reconociéndome en un momento que pensé que no volvería a vivir. Estoy siendo irresponsablemente feliz. No tengo horarios. Ayer pude leer de continuo durante 3 horas. No hubo que salir corriendo, interrumpir la lectura, retomarla horas después. Salí de la FIL a las 7 de la noche para ir a una presentación de un libro en el Primer Piso, me encontré y disfruté a mis amigos, me divertí tanto...
No digo que no extraño el continuo "mamáaa", el acostarme junto a mi niña cada noche hasta sentir que su respiración toma el ritmo del que duerme y me resisto a levantarme para irme a mi cama. La extraño, sí. Pero ella está feliz, disfrutando sus vacaciones prematuras, gozando a sus primos, viviendo una navidad diferente, excéntrica, divertida...
Si no escribo dentro de poco tiempo, es porque sigo ocupada con la vida, disfrutándola, desmenuzándola, aprovechándola...
jueves, noviembre 20, 2008
En el filo de la puerta...
Realmente son dos puertas. Una que se cierra y otra que se abre. La que se cierra deja tras de sí la formación, los sueños niños, las risas y los llantos de adolescente, los descubrimientos, los primeros amores, la sangre nueva. La que se abre me ofrece aire fresco, renovado, opciones múltiples. Hace muchos años guardé en un cajón todos mis sueños. De vez en cuando desempolvo ese cajón, lo abro y saco alguno de esos sueños, lo contemplo... cada vez se hace más difícil volverlo a cerrar, pero hasta hace muy poco tiempo no había más opciones. Tenía que hacer que aquellas ilusiones volvieran a su estado de coma para seguir resolviendo la vida un día a la vez.
Ese cajón me acompañó el sábado pasado cuando cerré mi casa "absurdamente naranja" de José María Vigil. En la exitación por la mudanza, la tensión de ver cómo maltrataban mis muebles y el cansancio de todo el día de ir y venir, nunca dejé de pensar en qué pasará ahora que la caja cambia de casa y más que miedo, hay expectativas, muchas, muy altas.
La semana pasada fue fotográfica. Procuré captar los momentos más especiales de mi última semana en la casa naranja. Lavinia me sorprendió. El lunes me invitó a cenar en la terraza que da a la calle. Ahí estuvimos las dos, cenando, platicando, disfrutándonos en un espacio que a las dos nos sirvió para olvidar los berrinches, las frustraciones, los agobios. Contamos aviones de ida y vuelta y platicamos de niños guapos y posibles novios. El martes, jugamos con Brandy en el jardín. Lavinia corrió, gritó, rió con verdaderas ganas, disfrutando cada momento en lo que fue su última tarde de jardín. El miércoles llegó de visita una ardilla a la palmera que está en el jardín en dirección a la recámara de Lavinia. Estuvo cerca de dos horas comiendo coquitos de la palmera sin importarle los ruidos de la casa, la risa de Lavinia, gente entrando y saliendo de la recámara de Lavinia. El jueves Lavinia se metió a bañar en la tina del baño de sus nonos, con todas sus barbies menos Ken porque es niño y los niños no se bañan con las niñas... El viernes recogimos y guardamos en cajas la ropa, los juguetes, todo...
El sábado después de que cayó el sol sobre el horizonte, volví a recorrer mi casa, escuché por primera vez el eco de mis pasos sobre el mármol negro. Cerré las llaves de paso del gas y del agua. Lloré sentada en "mi escalón", me despedí. En algún punto de la sala desierta me esforcé por escuchar las risas de Mónica y mías cuando intentábamos copiar las coreografías de Flans o Timbiriche; en el recibidor, volví a verme sentada en la salita negra, viendo a mi papá cambiar el acetato, escuchando a Les Luthier's... Respiré profundo e intenté percibir el olor a canela hirviendo, a vainilla, al pastel de manzana que mi mamá preparaba cada que había algo que festejar o que llorar. Intenté recordar a mis abuelas, a mi tía Carmelina, a Gorky corriendo detrás del armadillo amarillo que alguna vez soñé... Al final no hubo más que decir "Gracias, casa, por todo y por tanto, por tenernos a salvo incluso de nosotros mismos; por abrazarnos, por resistirte a que nos fuéramos, gracias..."
Estoy al borde del paso siguiente. No puedo ir para atrás, la puerta está cerrada y ya no tengo llaves que la abran. Estoy en transit, todavía no me acostumbro a bajar escaleras en lugar de subirlas, el nuevo espacio es pequeñito, casi todo el tiempo estamos chocando... será cuestión de adaptarnos, de dejar de ser patosos y controlar los movimientos para no interferir con el otro... o quizá dejar de tenerle rollo al contacto físico y no fijarnos si chocamos o no chocamos, tomarlo como una caricia, como una llamada de atención a los demás.
A todos quienes compartieron conmigo o con mi familia un pedacito de la "casa absurdamente naranja", sepan que son una parte importante de quienes somos. Esta memoria en letras de mi casa es compartir con ustedes un poquito de lo que soy ahora y lo que estoy por ser.
Ese cajón me acompañó el sábado pasado cuando cerré mi casa "absurdamente naranja" de José María Vigil. En la exitación por la mudanza, la tensión de ver cómo maltrataban mis muebles y el cansancio de todo el día de ir y venir, nunca dejé de pensar en qué pasará ahora que la caja cambia de casa y más que miedo, hay expectativas, muchas, muy altas.
La semana pasada fue fotográfica. Procuré captar los momentos más especiales de mi última semana en la casa naranja. Lavinia me sorprendió. El lunes me invitó a cenar en la terraza que da a la calle. Ahí estuvimos las dos, cenando, platicando, disfrutándonos en un espacio que a las dos nos sirvió para olvidar los berrinches, las frustraciones, los agobios. Contamos aviones de ida y vuelta y platicamos de niños guapos y posibles novios. El martes, jugamos con Brandy en el jardín. Lavinia corrió, gritó, rió con verdaderas ganas, disfrutando cada momento en lo que fue su última tarde de jardín. El miércoles llegó de visita una ardilla a la palmera que está en el jardín en dirección a la recámara de Lavinia. Estuvo cerca de dos horas comiendo coquitos de la palmera sin importarle los ruidos de la casa, la risa de Lavinia, gente entrando y saliendo de la recámara de Lavinia. El jueves Lavinia se metió a bañar en la tina del baño de sus nonos, con todas sus barbies menos Ken porque es niño y los niños no se bañan con las niñas... El viernes recogimos y guardamos en cajas la ropa, los juguetes, todo...
El sábado después de que cayó el sol sobre el horizonte, volví a recorrer mi casa, escuché por primera vez el eco de mis pasos sobre el mármol negro. Cerré las llaves de paso del gas y del agua. Lloré sentada en "mi escalón", me despedí. En algún punto de la sala desierta me esforcé por escuchar las risas de Mónica y mías cuando intentábamos copiar las coreografías de Flans o Timbiriche; en el recibidor, volví a verme sentada en la salita negra, viendo a mi papá cambiar el acetato, escuchando a Les Luthier's... Respiré profundo e intenté percibir el olor a canela hirviendo, a vainilla, al pastel de manzana que mi mamá preparaba cada que había algo que festejar o que llorar. Intenté recordar a mis abuelas, a mi tía Carmelina, a Gorky corriendo detrás del armadillo amarillo que alguna vez soñé... Al final no hubo más que decir "Gracias, casa, por todo y por tanto, por tenernos a salvo incluso de nosotros mismos; por abrazarnos, por resistirte a que nos fuéramos, gracias..."
Estoy al borde del paso siguiente. No puedo ir para atrás, la puerta está cerrada y ya no tengo llaves que la abran. Estoy en transit, todavía no me acostumbro a bajar escaleras en lugar de subirlas, el nuevo espacio es pequeñito, casi todo el tiempo estamos chocando... será cuestión de adaptarnos, de dejar de ser patosos y controlar los movimientos para no interferir con el otro... o quizá dejar de tenerle rollo al contacto físico y no fijarnos si chocamos o no chocamos, tomarlo como una caricia, como una llamada de atención a los demás.
A todos quienes compartieron conmigo o con mi familia un pedacito de la "casa absurdamente naranja", sepan que son una parte importante de quienes somos. Esta memoria en letras de mi casa es compartir con ustedes un poquito de lo que soy ahora y lo que estoy por ser.
miércoles, noviembre 05, 2008

This is not an Exit
Adolorido. No puedo describir de otra manera mi estado anímico. Cuando creo que ya no puedo ver nada peor en mi país: pum!, sucede. Después del avionazo de anoche, traigo varias dudas brincándome de los ojos al cerebro y de regreso:
1. ¿Se cayó o lo tumbaron?
2. Si fue un accidente, ¿Cómo la segunda persona más importante del gobierno de México es suceptible a accidentes aéreos?
3. Al estar a escaso kilómetro y medio de distancia de la Residencia Oficial, ¿no será una "llamada a la puerta" de quien habita esa casa?
4. ¿Quién está dirigiendo El Estado en este momento?
5. A Mouriño un minuto de silencio y funerales de honor, y ¿para México, qué?, ¿una hora de silencio?
6. y si fue un atentado ¿se reconocerá que el país está viviendo la peor crisis política y social de los últimos 80 años?
Me duele mucho mi país. Me duele no saber si es bueno que me duela en vez de sentir temor. Me duele el miedo. Me duele el sentirme personaje de Bret Easton-Ellis encontrando en cada puerta un letrero que dice: "Esta no es una salida". Me duele la certeza de que las cosas no mejorarán, tal vez al contrario... Me duele ver a un presidente-ratoncito empequeñecido por la tragedia y no al tigre lastimado que sale a desquitarse por la herida que le provocaron.
Mi tabla de salvación, como en otros casos: el cinismo. Me receto Nervocalm, una visita el próximo viernes al psicólogo, la mudanza y muchas pero muchas ganas de sentirme mejor... aunque sé que no será fácil...
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